Sin que más voz ni gemido

Volviera en tierra á exhalar.

Frunciendo ambas á dos cejas

Encomendóla á su gente,

Diciendo:—¡Malditas viejas

Que á las mozas malamente

Enloquecen con consejas!—

Y aplicando el capitán

Á su potro las espuelas

El rostro á Toledo dan,