Lo vendido y el valor.
Una mujer en tal punto,
En faz de grande aflicción,
Rojos de llorar los ojos,
Ronca de gemir la voz,
Suelto el cabello y el manto,
Tomó plaza en el salón
Diciendo á gritos: «¡Justicia,
Jueces; justicia, señor!»
Y á los pies se arroja humilde