Quedó en silencio la sala,

Y á poco en el corredor

Se oyó de botas y espuelas

El acompasado son.

Un portero, levantando

El tapiz, en alta voz

Dijo:—El capitán Don Diego.—

Y entró luego en el salón

Diego Martínez, los ojos

Llenos de orgullo y furor.