¡Nieve perpetua..., soledad doquiera!...
¿Quién sino el hombre, en su soberbia insana,
Á hollar estos desiertos se atreviera?
Aquí enmudece hasta la voz del viento...;
Profundo mar parece el horizonte...,
Única playa el alto firmamento...,
Anclada nave el solitario monte.
¡Nada en torno de mí!... ¡Todo á mis plantas!
Obscuros bosques, relucientes ríos,
Lagos, campiñas, páramos, gargantas...