¡Nada le falta ya! lleva en el seno
El insondable afán del infinito,
¡Y el infinito por doquier lo llama
De las montañas con el hondo grito
Y de los mares con la voz de trueno!
Tiene el altar que Roma
Quiso en vano construir con los escombros
Del templo egipcio y la pagoda indiana,
¡Altar en que profese eternamente
Un culto solo la conciencia humana!