Vuestra raza inmortal, nunca domada,
Que lleva por celeste distintivo
La chispa de la audacia en la mirada
Y anhelos infinitos en el alma;
¡En cuya frente altiva
Se confunden y enlazan
El laurel rumoroso de la gloria
Y del dolor la mustia siempre-viva!
¡Arriba, pensadores!
¡Que el espíritu humano sale ileso