Dió su voz á tus aguas despeñadas,
Y ornó con su arco tu terrible frente.
¡Ciego, profundo, infatigable corres,
Como el torrente obscuro de los siglos
En insondable eternidad!... ¡Al hombre
Huyen así las ilusiones gratas,
Los florecientes días,
Y despierta al dolor!... ¡Ay! agostada
Yace mi juventud; mi faz, marchita;
Y la profunda pena que me agita