Del maternal amor rasgué los velos
Que me ocultaban la primera lumbre.
¡En marcha, en marcha, postillón; agita
El látigo inclemente!
Y á más andar el coche diligente
Por la orilla del mar se precipita.
No hay peña ni ensenada que en mi mente
No venga á despertar una memoria;
Ni hay ola que en la arena humedecida
No escriba con espuma alguna historia