D. Forcico.

En el potrero, tatita.

Güegüence.

Eso merece por ralirse del potrero á otro potrero. Y la vaticola de este macho, ya está sana, muchacho?

D. Forcico.

Ya está, tatita.

Güegüence.

Que sana ha de estar, muchacho, si le ha bajado la flucion por de bajo de las piernas y la tiene muy hinchada? Reviéntalo, muchacho.

D. Forcico.

Reviéntelo Vd, tatita.