Doblones de oro y de plata! Pues hableme recio, que como soi viejo y sordo, no oigo lo que me dicen; y por esas tierras adentro no se entiende de redes de platos, ni de pescados salados, ni de quesos duros, ni de dobles, sino onzas de oro y moneda de plata. Y, vamos, ¿cuanto quiere?
Alguacil.
Todo lo que hubiere en la bodega, Güegüence.
Güegüence.
¿Todo, todo?—¿No me dejas nada?
Alguacil.
Nada, nada, Güegüence.
Güegüence.
Ni batuchito?
Alguacil.