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It were indeed an arduous task for me to describe to your Majesty the joy which pervaded every countenance when this truly inspiring account was received. To be near the termination of a journey so beset with hardships and labor as ours had been, was an event that could not but be hailed with rapture. Our last four days’ march subjected us to innumerable trials; as, besides being without any certainty of our proceeding in the right direction, we were ever in the heart of mountains abounding with precipices on every side. Many horses dropped on the way; and a cousin of mine, Juan Davilos by name, fell down a precipice and broke an arm. Had it not been for the suit of armor which he wore, he would have been infallibly dashed to pieces. As it was, besides having his arm broken, he was dreadfully lacerated. His horse, upon which he was mounted, having no protection, was so wounded by the fall that we were obliged to leave him behind. With much difficulty we succeeded in extricating my cousin from his perilous situation. It would be an endless task to relate to your Majesty the many sufferings which we endured; amongst which the chief was from hunger; for, although we had some swine which we had brought from Mexico, upwards of eight days had elapsed without our having tasted bread. The fruit of the palm-tree boiled with hogs’ flesh, and without any salt, which we had exhausted some time previous, formed our only sustenance. They were alike destitute of provisions at the place at which we had now arrived, where they lived in constant dread of an attack from the adjoining Spanish settlement. They needed not to fear such an event; as, from the situation in which I found the Spaniards, they were incapable of doing the slightest mischief. So elated were we all with our neighborhood to Nico that all our past troubles were soon forgotten, as are the dangers of the sea by the weather-beaten sailor, who on his arrival in port thinks no more of the perils he has encountered. We still suffered greatly from hunger; for even the unsavory roots were procured with the greatest difficulty; and, after we had been occupied many hours in collecting them, they were devoured with the greatest eagerness, in the shortest space of time imaginable.
No. XV.—See vol. iv. p. 241
LAST LETTER OF CORTÉS TO THE EMPEROR
[I give this Letter of Cortés entire, Ultima y sentidisima Carta, his “Last and most touching Letter,” as it is styled by Vargas Ponçe, who has embraced it in his important collection from the archives of Seville.{*} It may be called touching, when we consider the tone of it, as compared with the former correspondence of its author, and the gloomy circumstances under which it was written. Yet we are not to take the complaints contained in it of his poverty too literally; since at his death, but three years after, he left immense estates. But these estates were so much embarrassed by his expensive and disastrous expeditions in the South Sea that his income during the rest of his life seems to have been scarcely sufficient to meet his ordinary expenditure. The last days of Cortés, wasted in ineffectual attempts to obtain redress from the court whom he had so signally served, remind us of the similar fate of Columbus. The history of both may teach us that the most brilliant career too often leads only to sorrow and disappointment, as the clouds gather round the sun at his setting.]
{*} [It has since been printed in the Col. de Doc. inéd. para la Hist, de España, tom. i., affording an opportunity for correcting the almost innumerable errors which disfigure the transcription of Vargas Ponçe and render it scarcely intelligible.—Ed.]
Pensé que haber trabajado en la juventud me aprovechara para que en la vejez tubiera descanso, y así ha quarenta años que me he ocupado en no dormir, mal comer, y á las veces ni bien ni mal, traer las armas á cuestas, poner la persona en peligro, gastar mi hacienda y edad, todo en servicio de Dios, trayendo obejas en su corral muy remotas de nuestro hemisferio, ignotas, y no escriptas en nuestras Escrituras, y acrecentando y dilatando el nombre y patrimonio de mi Rey, ganándole y trayéndole á su yugo y Real cetro muchos y muy grandes reynos y señoríos de muchas bárvaras naciones y gentes, ganados por mi propia persona y espensas, sin ser ayudado de cosa alguna, hantes muy estorvado por muchos émulos y invidiosos, que como sanguijuelas han reventado de artos de mi sangre. De la parte que á Dios cupo de mis trabajos y vigilias asaz estoy pagado, porque seyendo la obra suya, quiso tomarme por medio, y que las gentes me atribuyesen alguna parte, aunque quien conociere de mí lo que yo, beré claro que no sin causa la divina providencia quiso que una hobra tan grande se acavase por el mas flaco é inútil medio que se pudo hallar, porque á solo dios fuese el atributo. De lo que á mi rey quedó, la remuneracion siempre estuve satisfecho, que ceteris paribus no fuera menor por ser en tiempo de V. M., que nunca estos reynos de España, donde yo soy natural y á quien cupo este beneficio, fuéron poseydos de tan grande y Católico príncipe, magnánimo y poderoso Rey; y así V. M., la primera vez que vesé las manos y entregué los frutos de mis servicios, mostró reconocimiento dellos y comenzó á mostrar voluntad de me hacer gratificacion, honrrando mi persona con palabras y hobras, que pareciéndome á mí que no se equiparaban á mis méritos, V. M. sabe que rehusé yo de recibir. V. M. me dijo y mandó que las aceptase, porque pareciese que me comenzaba á hacer alguna merced, y que no las reciviese por pago de mis servicios; porque V. M. se queria haber con migo, como se han los que se muestran á tirar la ballesta, que los primeros tiros dan fuera del terrero, y enmendando dan en él y en el blanco y fiel; que la merced que V. M. me hacia hera dar fuera del terrero, y que iria enmendando hasta dar en el fiel de lo que yo merecia; y pues que no se me quitava nada de lo que tenia, ni se me habia de quitar, que reciviese lo que me dava; y ansí vesé las manos á V. M. por ello, y enbolviendo las espaldas quitóseme lo que tenia todo, y no se me cumplió la merced que V. M. me hizo. Y demas destas palabras que V. M. me dijo, y obras que me prometió, que, pues tiene tan buena memoria, no se le habrán olvidado, por cartas de V. M. firmadas de su real nombre tengo otras muy mayores. Y pues mis servicios hechos hasta allí son beneméritos de las obras y promesas que V. M. me hizo, y despues acá no lo han desmerecido; antes nunca he cesado de servir y acrecentar el Patrimonio de estos reynos, con mil estorvos, que si no obiera tenido no fuera menos lo acrecentado, despues que la merced se me hizo, que lo hecho porque la merecí, no sé porque no se me cumple la promesa de las merecedes ofrecidas, y se me quitan las hechas. Y si quisieren decir que no se me quitan, pues poseo algo; cierto es que nada é inútil son una mesma cosa, y lo que tengo es tan sin fruto, que me fuera arto mejor no tenerlo, porque obiera entendido en mis grangerías, y no gastado el fruto de ellas por defenderme del fiscal de V. M., que a sido y es mas dificultoso que ganar la tierra de los enemigos; así que mi trabajo aprovechó para mi contentamiento de haber hecho el dever, y no para conseguir el efecto dél, pues no solo no se me siguió reposa á la vejez, mas trabajo hasta la muerte; y pluguiese á Dios que no pasase adelante, sino que con la corporal se acabase, y no se estendiese á la perpetua, porque quien tanto trabajo tiene en defender el cuerpo no puede dejar de ofender al ánima. Suplico á V. M. no permita que á tan notorios servicios haya tan poco mi ramiento, y pues es de creer que no es á culpa de V. M. que las gentes lo sepan; porque como esta obra que Dios hizo por mi medio es tan grande y maravillosa, y se ha estendido la fama de ella por todos los reynos de V. M. y de los otros reyes cristianos y aun por algunos infieles, en estos donde hay noticia del pleito de entre el fiscal y mí, no se trata de cosa mas; y unos atribuyen la culpa al fiscal, otros á culpas mias; y estas no las hallan tan grandes, que si bastasen para por ellas negárseme el premio, no bastasen tambien para quitarme la vida, honrra, y hacienda; y que pues esto no se hace que no deve ser mia la culpa. A V. M. ninguna se atribuye; porque si V. M. quisiese quitarme lo que me dió, poder tiene para ejecutarlo, pues al que quiere y puede nada hay imposible; decir que se vuscan formas para colorar la obra, y que no se sienta el intento, ni caven ni pueden caber en los reyes unjidos por Dios tales medios, porque para con él no hay color que no sea transparente, para con el mundo no hay para que colorarlo, por que así lo quiero, así lo mando, es el descargo de lo que los reyes hacen. Yo supliqué á V. M. en Madrid fuese servido de aclarar la boluntad que tubo de hacerme merced en pago de mis servicios, y le traje á la memoria algunos de ellos; díjome V. M. que mandaria á los del su consejo que me despachasen; pensé que se les dejava mandado lo que abian de hacer, porque V. M. me dijo que no queria que trajese pleyto con el fiscal: cuando quise saberlo, dijéronme que me defendiese de la demanda del fiscal, porque havia de ir por tela de justicia, y por ella se habia de sentenciar: sentílo por grave, y escrebí á V. M. á Barcelona, suplicándole que pues era servido de entrar en juicio de su siervo, lo fuese en que obiese Juezes sin sospecha y V. M. mandase que con los del Consejo de las Indias se juntasen algunos de los otros, pues todos son criados de V. M., y que juntos lo determinasen; no fué V. M. servido, que no puedo alcanzar la causa, pues quantos mas lo viesen mejor alcanzarian lo que se devia hacer. Véome viejo y pobre y empeñado en este reyno en mas de veinte mil ducados, sin mas de ciento otros, que he gastado de los que traje é me han enviado, que algunos de ellos debo tambien que los an tomado prestados para enviarme, y todos corren cambios; y en cinco años poco menos que ha que salí de mi casa, no es mucho lo que he gastado, pues nunca ha salido de la Corte, con tres hijos que traygo en ella, con letrados, procuradores, y solicitadores; que todo fuera mejor empleado que V. M. se sirviera de ello y de lo que yo mas hoviera adquirido en esta tiempo; ha ayudado tambien la ida de argel. Pareceme que al cojer del fruto de mis trabajos no devia hecharlo en basijas rotas, y dejarlo en juicio de pocos, sino tornar á suplicar á V. M. sea servido que todos quantos jueces V. M. tiene en sus Consejos conozcan de esta causa, y conforme á justicia la sentenciase.—Yo he sentido del obispo de Cuenca que desea que obiese para esto otros jueces demas de los que hay; porque él y el licenciado Salmeron, nuebo Oidor en este Consejo de Indias, son los que me despojáron sin hoyrme de hecho, siendo jueces en la nueva España, como lo tengo provado, y con quien yo traigo pleito sobre el dicho despojo, y les pido cantidad de dineros de los intereses y rentas de lo que me despojáron; y está claro que no han de sentenciar contra si. No les he querido recusar en este caso, porque siempre crey que V. M. fuera servido que no llegara á estos términos; y no seyendo V. M. servido que hayan mas jueces que determinen esta causa, serme ha forzado recusar al Obispo de Cuenca y á Salmeron, y pesar mehía en el ánima porque no podrá ser sin alguna dilacion; que para mí no puede ser cosa mas dañosa, porque he sesenta años, y anda en cinco que salí de mi casa, y no tengo mas de un hijo Varon que me suceda; y aunque tengo la muger moza para poder tener mas, mi hedad no sufre esperar mucho; y si no tubiera otro, y dios dispusiera de este sin dejar sucesion, ¿que me habria aprovechado lo adquirido? pues subcediendo hijas se pirede la memoria. Otra y otra vez torno á suplicar á V. M. sea servido que con los Jueces del Consejo de Indias se junten otros jueces de estos otros Consejos; pues todos son criados de V. M., y les fia la governacion de sus reynos y su real conciencia no es inconveniente fiarles que determinen sobre una escriptura de merced, que V. M. hizo á un su vasallo de una partecica de un gran todo con que el servió á V. M., sin costar trabajo ni peligro en su real persona, ni cuidado de espíritu de proveer como se hiciese, ni costa de dineros para pagar la gente que lo hizo, y que tan limpia y lealmente servió, no solo en la tierra que ganó, pero con mucha cantidad de oro y plata y piedra de los despojos que en ella ubo; y que V. M. mande á los jueces que fuere servido que entiendan en ello, que en un cierto tiempo, que V. M. les señale, lo determinen y sentencien sin que haya esta dilacion; y esta será para mí muy gran merced; porque á dilatarse, dejarlo hé perder y volvermehé á mi casa: porque no tengo ya edad para andar por mesones, sino para recogerme á aclarar mi cuenta con Dios, pues la tengo larga, y poca vida para dar los descargos, y será mejor dejar perder la acienda que el ánima. Sacra Magestad: Dios Nuestro Señor guarde la muy Real persona de V. M. con el acrecentamiento de Reynos y estados que V. M. desea. De Valladolid á tres de Febrero de quinientos quarenta y quatro años. De V. C. M. muy humilde siervo y vasallo, que sus muy reales pies y manos besa.—El Marques de Valle.
Cuvierta á la S. C. C. M., El Emperador y Rey de las Españas.
Tiene este decreto:—A su Mag. del Marques del Valle, 3 de Febrero de 44:—Nay que responder: parece letra de Covos.