The countenance thus afforded to Fernandez from the highest quarter opened to him the best fountains of intelligence, - at least, on the government side of the quarrel. Besides personal communication with the royalist leaders, he had access to their correspondence, diaries, and official documents. He industriously profited by his opportunities; and his narrative, taking up the story of the rebellion from its birth, continues it to its final extinction, and the end of Gasca's administration. Thus the First Part of his work, as it was now called, was brought down to the commencement of the Second, and the whole presented a complete picture of the distractions of the nation, till a new order of things was introduced, and tranquillity was permanently established throughout the country.
The diction is sufficiently plain, not aspiring to rhetorical beauties beyond the reach of its author, and out of keeping with the simple character of a chronicle. The sentences are arranged with more art than in most of the unwieldy compositions of the time; and, while there is no attempt at erudition or philosophic speculation, the current of events flows on in an orderly manner, tolerably prolix, it is true, but leaving a clear and intelligible impression on the mind of the reader. No history of that period compares with it in the copiousness of its details; and it has accordingly been resorted to by later compilers, as an inexhaustible reservoir for the supply of their own pages; a circumstance that may be thought of itself to bear no slight testimony to the general fidelity, as well as fulness, of the narrative. - The Chronicle of Fernandez, thus arranged in two parts, under the general title of Historia del Peru, was given to the world in the author's lifetime, at Seville, in 1571, in one volume, folio, being the edition used in the preparation of this work.
Appendix
No. I
Description Of The Royal Progresses Of The Incas; Extracted From
Sarmiento's Relacion, Ms.
[The original manuscript, which was copied for Lord
Kingsborough's valuable collection, is in the Library of the
Escurial.]
Quando en tiempo de paz salian los Yngas a visitar su Reyno, cuen tan que iban por el con gran majestad, sentados en ricas andas armadas sobre unos palos lisos largos, de manera escelente, engastadas en oro y argenteria, y de las andas salian dos arcos altos hechos de oro, engastados en piedras preciosas: caian unas mantas algo largas por todas las andas, de tal manera que las cubrian todas, y sino era queriendo el que iba dentro, no podia ser visto, ni alzaban las mantas si no era cuando entraba y salia, tanta era su estimacion; y para que le entrase aire, y el pudiese ver el camino, havia en las mantas hechos algunos agujeros hechos por todas partes. En estas andas habia riqueza, y en algunas estaba esculpido el Sol y la luna, y en otras unas culebras grandes ondadas y unos como bastones que las atravesaban. Esto trahian por encima por armas, y estas andas las llevaban en ombros de los Senores, los mayores y mas principales del Reyno, y aquel que mas con ellas andaba, aquel se tenia por mas onrado y por mas faborecido. En rededor de las andas, a la ila, iba la guardia del Rey con los arqueros y alabarderos, y delante iban cinco mil honderos, y detras venian otros tantos Lanceros con sus Capitanes, y por los lados del camino y por el mesmo camino iban corredores fides, descubriendo lo que habia, y avisando la ida del Senor; y acudia tanta gente por lo ver, que parecia que todos los cerros y laderas estaba lleno de ella, y todos le davan las vendiciones alzando alaridos, y grita grande a su usanza, llamandole, Ancha atunapa indichiri campa capalla apatuco pacha camba bolla Yulley, que en nuestra lengua dira "Muy grande y poderoso Senor, hijo del Sol, tu solo eres Senor, todo el mundo te oya en verdad," y sin esto le decian otras cosas mas altas, tanto que poco faltaba para le adorar por Dios. Todo el camino iban Yndios llimpiandolo, de tal manera que ni yerba ni piedra no parecia, sino todo limpio y barrido. Andaba cada dia cuatro leguas, o lo que el queria, paraba lo que era servido, para entender el estado de su Reyno, oia alegremente a los que con quejas le venian, remediando, y castigando a quien hacia injusticias; los que con ellos iban no se desmandaban a nada ni salian un paso del camino. Los naturales proveian a lo necesario, sin lo cual lo havia tan cumplido en los depositos, que sobraba, y ninguna cosa faltaba. Por donde iba, salian muchos hombres y mujeres y muchachos a servir personalmente en lo que les era mandalo, y para llebar las cargas, los de un pueblo las llebaban hasta otro, de donde los unos las tomaban y los otros las dejaban, y como era un dia, y cuando mucho dos, no lo sentian, ni de ello recivian agravio ninguno. Pues yendo el Senor de esta manera, caminaba por su tierra el tiempo que le placia, viendo por sus ojos lo que pasaba, y proveyendo lo que entendia que convenia, que todo era cosas grandes e importantes; lo cual hecho, daba la buelta al Cuzco, principal Ciudad de todo su imperio.
No. II.
Account Of The Great Road Made By The Incas Over The Plateau,
From Quito To Cuzco; Extracted From Sarmiento's Relacion, Ms.
Una de las cosas de que yo mas me admire, contemplando y notando las cosas de estos Reynos, fue pensar como y de que manera se pudieron hacer caminos tan grandes y sovervios como por el vemos, y que fuerzas de hombres bastaran a lo hacer, y con que herramientas y instrumentos pudieron allanar los montes y quebrantar las penas para hacerlos tan anchos y buenos como estan; por que me parece que si el Emperador quisiese mandar hacer otro camino Real como el que ba del Quito al Cuzco o sale del Cuzco para ir a Chile, ciertamte creo, con todo su poder, para ello no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres lo pudiesen hacer, sino fuese con la orden tan grande que para ello los Yngas mandaron que hubiese: por que si fuera Camino de cinquenta leguas, o de ciento, o de doscientas, es de creer que aunque la tierra fuera mas aspera, no se tu biera en mucho con buena diligencia hacerlo; mas estos eran tan largos que havia alguno que tenia mas de mil y cien leguas, todo hechado por sierras tan grandes y espantosas que por algunas partes mirando abajo se quitaba la vista, y algunas de estas Sierras derechas y llenas de pie dras, tanto que era menester cavar por las laderas en pena viva para hacer el camino ancho y llano, todo lo qual hacian con fuego y con sus picos; por otras lugares havia subidas tan altas y asperas, que hacian desde lo bajo escalones para poder subir por ellos a lo mas alto, haciendo entre medias de ellos algunos descansos anchos para el reposo de la gente; en otros lugares havia montones de nieve que eran mas de temer, y estos no en un lugar sino en muchas partes, y no asi como quiera sino que no ba ponderado ni encarecido como ello es, ni como lo bemos, y por estas nieves y por donde havia montanas, de arboles y cespedes lo hacian llano y empedrado si menester fuese. Los que leyeren este Libro y hubieren estado en el Peru, miren el Camino que ba desde Lima a Xauxa por las Sierras tan asperas de Guayacoire y por las montanas nevadas de Pavacaca, y entenderan los que a ellos lo oyeren si es mas lo que ellos vieron que no lo que yo escrivo. No. III.