Toda la Gente de esta Tierra anda desnuda, solas las Mugeres traen de sus cuerpos algo cubierto con vna Lana que en los Arboles se cria. Las Moças se cubren con vnos Cueros de Venados. Es Gente mui partida de lo que tienen vnos con otros. No ai entre ellos Señor. Todos los que son de vn Linage andan juntos. Habitan en ella dos maneras de Lenguas, à los vnos llaman de Capoques, i à los otros de Han: tienen por costumbre, quando se conoscen, i de tiempo à tiempo se vèn, primero que se hablen, estàr media hora llorando; i acabado esto, aquel que es visitado, se levanta primero, i dà al otro todo quanto posee, i el otro lo rescibe: i de aì à vn poco se và con ello, i aun algunas veces, despues de rescebido, se vàn sin que hablen palabra. Otras estrañas costumbres tienen, mas Yo he contado las mas principales, i mas señaladas por pasar adelante, i contar lo que mas nos suscedio.
CAP. XVI. Como se partieron los Christianos de la Isla de Malhado.
Despues que Dorantes, i Castillo bolvieron à la Isla, recogieron consigo todos los Christianos, que estaban algo esparcidos, i hallaronse por todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la otra parte en Tierra-firme, donde mis Indios me havian llevado, i donde me havia dado tan gran enfermedad, que ià que alguna otra cosa me diera esperança de vida, aquella bastaba para del todo quitarmela. Y como los Christianos esto supieron, dieron à vn Indio la Manta de Martas, que del Cacique haviamos tomado, como arriba diximos, porque los pasase donde Yo estaba para verme; i asi, vinieron doce, porque los dos quedaron tan flacos, que no se atrevieron à traerlos consigo: los nombres de los que entonces vinieron, son: Alonso del Castillo, Andrès Dorantes, i Diego Dorantes, Valdivieso, Estrada, Tostado, Chaves, Gutierrez, Asturiano Clerigo, Diego de Huelva, Estevanico el Negro, Benitez: i como fueron venidos à Tierra-firme, hallaron otro, que era de los nuestros, que se llamaba Francisco de Leon; i todos trece por luengo de Costa. Y luego que fueron pasados los Indios, que me tenian, me avisaron de ello, i como quedaban en la Isla Hieronimo de Alaniz, i Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorvò que no les pude seguir, ni los vì. Yo huve de quedar con estos mismos Indios de la Isla mas de vn Año, i por el mucho trabajo que me daban, i mal tratamiento que me hacian, determinè de huir de ellos, i irme à los que moran en los Montes, i Tierra-firme, que se llaman los de Charruco, porque Yo no podia sufrir la vida, que con estos otros tenia; porque entre otros trabajos muchos, havia de sacar las Raìces para comer debaxo del Agua, i entre las Cañas, donde estaban metidas en la Tierra; i de esto traìa Yo los dedos tan gastados, que vna Paja que me tocase, me hacia sangre de ellos, i las Cañas me rompian por muchas partes, porque muchas de ellas estaban quebradas, i havia de entrar por medio de ellas, con la Ropa que he dicho que traìa. Y por esto Yo puse en obra de pasarme à los otros, i con ellos me suscediò algo mejor: i porque Yo me hice Mercader, procurè de vsar el Oficio lo mejor que supe; i por esto ellos me daban de comer, i me hacian buen tratamiento, i rogabanme, que me fuese de vnas partes à otras, por cosas que ellos havian menester; porque por raçon de la Guerra, que contino traen, la Tierra no se anda, ni se contrata tanto. E ià con mis Tratos, i Mercaderias entraba la Tierra adentro todo lo que queria, i por luengo de Costa me alargaba quarenta, ò cinquenta leguas. Lo principal de mi trato, era pedaços de Caracoles de la Mar, i Coraçones de ellos, i Conchas, con que ellos cortan vna fruta, que es como Frisoles, con que se curan, i hacen sus Bailes, i Fiestas; i esta es la cosa de maior prescio que entre ellos ai, i Cuentas de la Mar, i otras cosas. Asi esto era lo que io llevaba la Tierra adentro; i en cambio, i trueco de ello traìa Cueros, i Almagra con que ellos se vntan, i tiñen las Caras, i Cabellos; Pedernales para puntas de Flechas, Engrudo, i Cañas duras para hacerlas, i vnas Borlas, que se hacen de Pelos de Venados, que las tiñen, i paran coloradas: i este Oficio me estaba à mi bien, porque andando en èl tenia libertad para ir donde queria, i no era obligado à cosa alguna, i no era Esclavo, i donde quiera que iba me hacian buen tratamiento, i me daban de comer por respeto de mis Mercaderias; i lo mas principal, porque andando en ello, Yo buscaba por donde me havia de ir adelante, i entre ellos era mui conoscido: holgaban mucho quando me vian, i les traìa lo que havian menester; i los que no me conoscian, me procuraban, i deseaban vèr por mi fama. Los trabajos que en esto pasè, serìa largo contarlos, asi de peligros, i hambres, como de tempestades, i frios, que muchos de ellos me tomaron en el Campo. i solo, donde por gran misericordia de Dios Nuestro Señor escapè; i por esta causa Yo no trataba el Oficio en Invierno, por ser tiempo, que ellos mismos en sus Choças, i Ranchos metidos, no podian valerse, ni ampararse. Fueron casi seis Años el tiempo que Yo estuve en esta Tierra solo entre ellos, i desnudo, como todos andaban. La raçon por què tanto me detuve, fue por llevar conmigo vn Christiano, que estaba en la Isla, llamado Lope de Oviedo. El otro Compañero de Alaniz, que con èl havia quedado, quando Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, con todos los otros, se fueron, muriò luego; i por sacarlo de alli, Yo pasaba à la Isla cada Año, i le rogaba, que nos fuesemos à la mejor maña que pudiesemos en busca de Christianos, i cada Año me detenia, diciendo, que el otro siguiente nos iriamos. En fin, al cabo lo saquè, i le pasè el Ancon, i quatro Rios, que ai por la Costa, porque èl no sabia nadar, i ansi fuimos con algunos Indios adelante, hasta que llegamos à vn Ancon, que tiene vna legua de travès, i es por todas partes hondo: i por lo que de èl nos paresciò, i vimos, es, el que llaman del Espiritu Santo, i de la otra parte dèl vimos vnos Indios, que vinieron à vèr los nuestros, i nos dixeron, como mas adelante havia tres Hombres como nosotros, i nos dixeron los nombres de ellos; i preguntandoles por los demàs, nos respondieron, que todos eran muertos de frio, i de hambre: i que aquellos Indios de adelante, ellos mismos por su pasatiempo havian muerto à Diego Dorantes, i à Valdivieso, i à Diego de Huelva, porque se havian pasado de vna casa à otra; i, que los otros Indios sus vecinos, con quien agora estaba el Capitan Dorantes, por raçon de vn sueño que havian soñado, havian muerto à Esquivèl, i à Mendez. Preguntamosles, què tales estaban los vivos? dixeron nos, que mui maltratados, porque los Mochachos, i otros Indios, que entre ellos son mui holgaçanes, i de mal trato, les daban muchas coces, i bofetones, i palos, i que esta era la vida que con ellos tenian. Quesimonos informar de la Tierra adelante, i de los mantenimientos que en ella havia, respondieron, que era mui pobre de Gente, i que en ella no havia que comer, i que morian de frio, porque no tenian Cueros, ni con que cubrirse. Dixeron nos tambien, si queriamos vèr aquellos tres Christianos, que de aì à dos dias los Indios que los tenian venian à comer Nueces vna legua de alli à la Vera de aquel Rio: i porque viesemos, que lo que nos havian dicho del mal tratamiento de los otros era verdad, estando con ellos dieron al Compañero mio de bofetones, i palos, i Yo no quedè sin mi parte, i de muchos pellaços de lodo que nos tiraban, i nos ponian cada dia las Flechas al coraçon, diciendo, que nos querian matar como à los otros nuestros Compañeros. Y temiendo esto Lope de Oviedo, mi Compañero, dixo, que queria bolverse con vnas Mugeres de aquellos Indios, con quien haviamos pasado el Ancon, que quedaban algo atràs. Yo porfiè mucho con èl que no lo hiciese, i pasè muchas cosas, i por ninguna via lo pude detener; i asi se bolviò, i Yo quedè solo con aquellos Indios, los quales se llamaban Quevenes, i los otros con quien èl se fue, llaman Deaguanes.
CAP. XVII. Como vinieron los Indios i truxeron à Andrès Dorantes, i à Castillo, i à Estevanico.
Desde à dos dias que Lope de Oviedo se havia ido, los Indios que tenian à Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, vinieron al mesmo Lugar, que nos havian dicho, à comer de aquellas Nueces, de que se mantienen, moliendo vnos granillos con ellas, dos Meses del Año, sin comer otra cosa, i aun esto no lo tienen todos los Años, porque acuden vno, i otro no: son del tamaño de las de Galicia, i los Arboles son mui grandes, i ai gran numero de ellos. Vn Indio me avisò como los Christianos eran llegados, i que si Yo queria verlos, me hurtase, i huiese à vn Canto de vn Monte, que èl me senalò; porque èl, i otros Parientes suios havian de venir à vèr aquellos Indios, i que me llevarian consigo adonde los Christianos estaban. Yo me confiè de ellos, i determinè de hacerlo, porque tenian otra Lengua distinta de la de mis Indios: i puesto por obra, otro dia fueron, i me hallaron en el lugar que estaba señalado: i asi me llevaron consigo. Yà que lleguè cerca de donde tenian su Aposento, Andrès Dorantes saliò à vèr quien era, porque los Indios le havian tambien dicho como venia vn Christiano; i quando me viò, fue mui espantado, porque havia muchos dias que me tenian por muerto, i los Indios asi lo havian dicho. Dimos muchas gracias à Dios de vernos juntos: i este dia fue vno de los de maior placer, que en nuestros dias havemos tenido: i llegado donde Castillo estaba, me preguntaron, què donde iba? Yo le dixe, que mi proposito era de pasar à Tierra de Christianos, i que en este rastro, i busca iba. Andrès Dorantes respondiò, que muchos dias havia que èl rogaba à Castillo, i à Estevanico, que se fuesen adelante, i que no lo osaban hacer, porque no sabian nadar, i que temian mucho los Rios, i Ancones por donde havian de pasar, que en aquella Tierra ai muchos. Y pues Dios Nuestro Señor havia sido servido de guardarme entre tantos trabajos, i enfermedades, i al cabo traerme en su compañia, que ellos determinaban de huir, que Yo los pasaria de los Rios, i Ancones que topasemos; i avisaronme, que en ninguna manera diese à entender à los Indios, ni conosciesen de mì, que Yo queria pasar adelante, porque luego me matarian; i que para esto era menester que Yo me detuviese con ellos seis Meses, que era tiempo en que aquellos Indios iban à otra Tierra à comer Tunas. Esta es vna Fruta, que es del tamaño de Huevos, i son bermejas, i negras, i de mui buen gusto. Comenlas tres Meses del Año, en los quales no comen otra cosa alguna; porque al tiempo que ellos las cogian, venian à ellos otros Indios de adelante, que traìan Arcos para contratar, i cambiar con ellos: i que quando aquellos se bolviesen, nos huìriamos de los nuestros, i nos bolveriamos con ellos. Con este concierto Yo quedè alli, i me dieron por Esclavo à vn Indio, con quien Dorantes estaba; el qual era tuerto, i su Muger, i vn Hijo que tenia, i otro que estaba en su compañia; de manera, que todos eran tuertos. Estos se llaman Marianes: i Castillo estaba con otros sus vecinos, llamados Iguases. Y estando aqui ellos me contaron, que despues que salieron de la Isla de Malhado, en la Costa de la Mar hallaron la Barca en que iba el Contador, i los Frailes al travès; i que iendo pasando aquellos Rios, que son quatro mui grandes, i de muchas corrientes, les llevò las Barcas en que pasaban à la Mar, donde se ahogaron quatro de ellos, i que asi fueron adelante hasta que pasaron el Ancon, i lo pasaron con mucho trabajo: i à quince leguas adelante hallaron otro: i que quando alli llegaron, ià se les havian muerto dos Compañeros, en sesenta leguas que havian andado, i que todos los que quedaban estaban para lo mismo, i que en todo el camino no havian comido sino Cangrejos, i Yerva Pedrera: i llegados à este vltimo Ancon, decian, que hallaron en èl Indios, que estaban comiendo Moras; i como vieron à los Christianos, se fueron de alli à otro cabo: i que estando procurando, i buscando manera para pasar el Ancon, pasaron à ellos vn Indio, i vn Christiano, i que llegado, conoscieron que era Figueroa, vno de los quatro que haviamos embiado adelante en la Isla de Malhado, i alli les contò, como èl, i sus Compañeros havian llegado hasta aquel Lugar, donde se havian muerto dos de ellos, i vn Indio, todos tres de frio, i de hambre, porque havian venido, i estado en el mas recio tiempo del mundo, i que à èl, i á Mendez havian tomado los Indios, i que estando con ellos, Mendez havia huìdo, iendo la via lo mejor que pudo de Panuco, i que los Indios havian ido tras èl; i que lo havian muerto: i que estando èl con estos Indios, supo de ellos, como con los Mariames estaba vn Christiano, que havia pasado de la otra parte, i lo havia hallado con los que llamaban Quevenes: i que este Christiano era Hernando de Esquivèl, natural de Badajoz, el qual venia en compañia del Comisario, i que èl supo de Esquivèl el fin en que havian parado el Governador, i Contador, i los demàs, i le dixo, que el Contador, i los Frailes havian echado al travès su Barca entre los Rios; i viniendose por luengo de Costa, llegò la Barca del Governador con su Gente en tierra, i èl se fue con su Barca, hasta que llegaron à aquel Ancon grande, i que alli tornò à tomar la Gente, i la pasò del otro cabo, i bolviò por el Contador, i los Frailes, i todos los otros; i contò, como estando desembarcados, el Governador havia revocado el Poder que el Contador tenia de Lugar-Teniente suio; i diò el cargo à vn Capitan, que traìa consigo, que se decia Pantoja, i que el Governador se quedò en su Barca, i no quiso aquella noche salir à tierra, i quedaron con èl vn Maestre, i vn Page, que estaba malo, i en la Barca no tenian Agua, ni cosa ninguna que comer; i que à media noche el Norte vino tan recio, que sacò la Barca à la Mar, sin que ninguno la viese, porque no tenia por reson sino vna Piedra, i que nunca mas supieron dèl; i que visto esto, la Gente que en tierra quedaron, se fueron por luengo de Costa, i que como hallaron tanto estorvo de Agua, hicieron Balsas con mucho trabajo, en que pasaron de la otra parte; i que iendo adelante llegaron à vna punta de vn Monte, orilla del Agua, i que hallaron Indios, que como los vieron venir, metieron sus Casas en sus canoas, i se pasaron de la otra parte à la Costa; i los Christianos viendo el tiempo que era, porque era por el Mes de Noviembre, pararon en este Monte porque hallaron Agua, i Leña, i algunos Cangrejos, i Mariscos, donde de frio, i de hambre se començaron poco à poco à morir. Allende de esto, Pantoja, que por Teniente havia quedado, les hacia mal tratamiento, i no lo pudiendo sufrir Soto-Maior, Hermano de Vasco Porcallo, el de la Isla de Cuba, que en el Armada havia venido por Maestre de Campo, se rebolviò con èl, i le diò vn palo, de que Pantoja quedò muerto, i asi se fueron acabando; i los que morian, los otros los hacian tasajos, i el vltimo que muriò fue Soto-Maior i Esquivèl, lo hiço tasajos, i comiendo dèl, se mantuvo hasta primero de Março, que vn Indio de los que alli havian huìdo, vino à vèr si eran muertos, i llevò à Esquivèl consigo; i estando en poder de este Indio, el Figueroa lo hablò, i supo de èl todo lo que havemos contado; i le rogò que se viniese con èl, para irse ambos la via del Panuco; lo qual Esquivèl no quiso hacer, diciendo, que èl havia sabido de los Frailes, que Panuco havia quedado atràs, i asi se quedò alli, i Figueroa se fue à la Costa adonde solia estàr.
CAP. XVIII. De la Relacion que diò de Esquivèl.
Esta cuenta toda diò Figueroa por la relacion que de Esquivèl havia sabido, i asi de mano en mano llegò à mi, por donde se puede vèr, i saber el fin que toda aquella Armada hovo, i los particulares casos, que à cada vno de los demàs acontescieron. Y dixo mas, que si los Christianos algun tiempo andaban por alli, podria ser que viesen à Esquivèl, porque sabia que se havia huìdo de aquel Indio con quien estaba, à otros que se decian los Mareames, que eran alli vecinos. Y como acabo de decir, èl, i el Asturiano se quisieran ir à otros Indios, que adelante estaban: mas como los Indios que lo tenian lo sintieron, salieron à ellos, i dieronles muchos palos, i desnudaron al Asturiano, i pasaronle vn braço con vna Flecha; i en fin se escaparon huiendo, i los Christianos se quedaron con aquellos Indios, i acabaron con ellos, que los tomasen por Esclavos, aunque estando sirviendoles fueron tan mal tratados de ellos, como nunca Esclavos, ni Hombres de ninguna suerte lo fueron; porque de seis que eran, no contentos con darles muchas bofetadas, i apalearlos, i pelarles las barbas por su pasatiempo, por solo pasar de vna casa, ò otra, mataron tres, que son los que arriba dixe: Diego Dorantes, i Valdivieso, i Diego de Huelva, i los otros tres que quedaban, esperaban parar en esto mismo: i por no sufrir esta vida, Andrès Dorantes se huyò, i se pasò à los Mareames, que eran aquellos adonde Esquivèl havia parado, i ellos le contaron como havian tenido alli à Esquivèl, i como estando alli se quiso huir, porque vna Muger havia soñado, que le havia de matar vn Hijo, i los Indios fueron tras èl, i lo mataron, i mostraron à Andrès Dorantes su Espada, i sus Cuentas, i Libro, i otras cosas que tenia. Esto hacen estos por vna costumbre que tienen, i es, que matan sus mismos Hijos por sueños, i à las Hijas en nasciendo las dexan comer à Perros, i las echan por aì. La razon porque ellos lo hacen es, segun ellos dicen, porque todos los de la Tierra son sus enemigos, i con ellos tienen continua guerra: i que si acaso casasen sus Hijas, multiplicarian tanto sus enemigos, que los sujetarian, i tomarian por Esclavos: i por esta causa querian mas matallas, que no que de ellas mismas nasciese quien fuese su enemigo. Nosotros les diximos, que por què no las casaban con ellos mismos? Y tambien entre ellos dixeron, que era fea cosa casarlas con sus Parientes, i que era mui mejor matarlas, que darlas à sus Parientes, ni à sus enemigos: i esta costumbre vsan estos, i otros sus vecinos, que se llaman los Iguaces solamente, sin que ningunos otros de la Tierra la guarden. Y quando estos se han de casar, compran las Mugeres à sus Enemigos, i el precio que cada vno dà por la suia, es vn Arco, el mejor que puede haver, con dos Flechas; i si acaso no tiene Arco, vna Red, hasta vna braça en ancho, i otra en largo: matan sus Hijos, i mercan los agenos: no dura el casamiento mas de quanto estàn contentos, i con vna Higa deshacen el casamiento. Dorantes estuvo con estos, i desde à pocos dias se huiò. Castillo, i Estevanico se vinieron dentro à la Tierra-firme à los Yeguaces. Toda esta Gente son Flecheros, i bien dispuestos, aunque no tan grandes como los que atràs dexamos; i traen la Teta, i el Labio horadados. Su mantenimiento principalmente es Raìces de dos, ò tres maneras, i buscanlas por toda la Tierra: son mui malas, i hinchan los Hombres que las comen. Tardan dos dias en asarse, i muchas de ellas son mui amargas, i con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la hambre, que aquellas Gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, i andan dos, ò tres Leguas buscandolas. Algunas veces matan algunos Venados, i à tiempos toman algun Pescado: mas esto es tan poco, i su hambre tan grande, que comen Arañas, i huevos de Hormigas, i Gusanos, i Lagartijas, i Salamanquesas, i Culebras, i Vivoras, que matan los Hombres, que muerden, i comen Tierra, i Madera, i todo lo que pueden haver, i estiercol de Venados, i otras cosas, que dexo de contar; i creo averiguadamente, que si en aquella Tierra huviese piedras, las comerian. Guardan las espinas del Pescado, que comen, i de las Culebras, i otras cosas, para molerlo despues todo, i comer el polvo de ello. Entre estos no se cargan los Hombres, ni llevan cosa de peso, mas llevanlo las Mugeres, i los Viejos, que es la Gente que ellos en menos tienen. No tienen tanto amor à sus Hijos, como los que arriba diximos. Ai algunos entre ellos, que vsan pecado contra natura. Las Mugeres son mui trabajadas, i para mucho: porque de veinte i quatro horas que ai entre dia, i noche, no tienen sino seis horas de descanso: i todo lo mas de la noche pasan en atiçar sus Hornos, para secar aquellas Raìces, que comen; i desque amanesce comiençan à cabar, i à traer Leña, i Agua à sus Casas, i dàr orden en las otras cosas, de que tienen necesidad. Los mas de estos son grandes Ladrones, porque aunque entre sì son bien partidos, en bolviendo vno la cabeça, su Hijo mismo, ò su Padre, le toma lo que puede. Mienten mui mucho, i son grandes borrachos, i para esto beben ellos vna cierta cosa. Estan tan vsados à correr, que sin descansar, ni cansar, corren desde la mañana hasta la noche, i siguen vn Venado; i de esta manera matan muchos de ellos, porque los siguen, hasta que los cansan; i algunas veces los toman vivos. Las Casas de ellos son de Esteras, puestas sobre quatro Arcos, llevanlas acuestas, i mudanse cada dos, ò tres dias, para buscar de comer: ninguna cosa siembran, que se puedan aprovechar: es Gente mui alegre: por mucha hambre que tengan, por eso no dexan de bailar, ni de hacer sus Fiestas, i Areytos. Para ellos el mejor tiempo que estos tienen, es quando comen las Tunas, porque entonces no tienen hambre, i todo el tiempo se les pasa en bailar, i comen de ellas de noche, i de dia: todo el tiempo que les duran, exprimenlas, i abrenlas, i ponenlas à secar; i despues de secas, ponenlas en vnas Seras, como Higos, i guardanlas para comer por el camino, quando se buelven, i las cascaras de ellas muelenlas, i hacenlas polvo. Muchas veces, estando con estos, nos acontesciò tres, ò quatro dias estàr sin comer, porque no lo havia: ellos, por alegrarnos, nos decian, que no estuviesemos tristes, que presto havria Tunas, i comeriamos muchas, i beberiamos del çumo de ellas, i terniamos las barrigas mui grandes, i estariamos mui contentos, i alegres, i sin hambre alguna: i desde el tiempo que esto nos decian, hasta que las Tunas se huviesen de comer, havia cinco, ò seis Meses: i en fin, huvimos de esperar aquestos seis Meses; i quando fue tiempo, fuimos à comer las Tunas: hallamos por la Tierra mui gran cantidad de Mosquitos, de tres maneras, que son mui malos, i enojosos, i todo lo mas del Verano nos daban mucha fatiga: i para defendernos de ellos, haciamos al derredor de la Gente muchos fuegos de Leña podrida, i mojada, para que no ardiesen, i hiciesen humo; i esta defension nos daba otro trabajo, porque en toda la noche no haciamos sino llorar, del humo que en los ojos nos daba, i sobre eso gran calor, que nos causaban los muchos fuegos, i saliamos à dormir à la Costa; i si alguna vez podiamos dormir, recordabannos à palos, para que tornasemos à encender los fuegos. Los de la Tierra adentro, para esto vsan otro remedio, tan incomportable, i mas que este que he dicho; i es, andar con tiçones en las manos, quemando los Campos, i Montes, que topan, para que los Mosquitos huian, i tambien para sacar debaxo de Tierra Lagartijas, i otras semejantes cosas, para comerlas: i tambien suelen matar Venados, cercandolos con muchos fuegos, i vsan tambien esto, por quitar à los Animales el pasto, que la necesidad les haga ir à buscarlo adonde ellos quieren, porque nunca hacen asiento con sus Casas, sino donde ai Agua, i Leña, i alguna vez se cargan todos de esta provision, i vàn à buscar los Venados, que mui ordinariamente estan donde no ai Agua, ni Leña: i el dia que llegan matan Venados, i algunas otras cosas que pueden, i gastan todo el Agua, i Leña en guisar de comer, i en los fuegos que hacen para defenderse de los Mosquitos, i esperan otro dia para tomar algo que lleven para el camino; i quando parten, tales vàn de los Mosquitos, que paresce que tienen enfermedad de Sant Laçaro: i de esta manera satisfacen su hambre dos, ò tres veces en el año, à tan grande costa como he dicho; i por haver pasado por ello, puedo afirmar, que ningun trabajo que se sufra en el Mundo, iguala con este. Por la Tierra ai muchos Venados, i otras Aves, i Animales, de las que atràs he contado. Alcançan aqui Vacas, i Yo las he visto tres veces, i comido de ellas: i paresceme, que seran del tamaño de las de España: tienen los cuernos pequeños, como Moriscas, i el pelo mui largo, merino, como vna bernia, vnas son pardillas, i otras negras; i à mi parescer tienen mejor, i mas gruesa carne, que de las de acà. De las que no son grandes, hacen los Indios Mantas para cubrirse, i de las maiores hacen Çapatos, i Rodelas: estas vienen de àcia el Norte, por la Tierra adelante, hasta la Costa de la Florida, i tiendense por toda la Tierra mas de quatrocientas Leguas: i en todo este camino, por los Valles por donde ellas vienen, baxan las Gentes, que por alli habitan, i se mantienen de ellas, i meten en la Tierra grande cantidad de Cueros.
CAP. XIX. De como nos apartaron los Indios.
Quando fueron cumplidos los seis Meses, que Yo estuve con los Christianos, esperando à poner en efecto el concierto que teniamos hecho, los Indios se fueron à las Tunas, que havia de alli à donde las havian de coger, hasta treinta Leguas: i ià que estabamos para huirnos, los Indios con quien estabamos, vnos con otros riñeron sobre vna Muger, i se apuñearon, i apalearon, i descalabraron vnos à otros; i con el grande enojo que huvieron, cada vno tomò su Casa, i se fue à su parte: de donde fue necesario, que todos los Christianos que alli eramos, tambien nos apartasemos, i en ninguna manera nos podimos juntar hasta otro Año: i en este tiempo Yo pasè mui mala vida, ansi por la mucha hambre, como por el mal tratamiento, que de los Indios rescibia, que fue tal, que Yo me huve de huir tres veces de los Amos que tenia, i todos me anduvieron à buscar, i poniendo diligencia para matarme; i Dios Nuestro Señor, por su misericordia, me quiso guardar, i amparar de ellos, i quando el tiempo de las Tunas tornò, en aquel mismo lugar nos tornamos à juntar. Yà que teniamos concertado de huirnos, i señalado el dia, aquel mismo dia los Indios nos apartaron, i fuimos cada vno por su parte: i Yo dixe à los otros Compañeros, que Yo los esperaria en las Tunas; hasta que la Luna fuese llena: i este dia era primero de Septiembre, i primero dia de Luna; i aviselos, que si en este tiempo no viniesen al concierto, Yo me iria solo, i los dexaria: i ansi nos apartamos, i cada vno se fue con sus Indios, i Yo estuve con los mios, hasta trece de Luna: i Yo tenia acordado de me huir à otros Indios, en siendo la Luna llena; i à trece dias del Mes llegaron adonde Yo estaba Andrès Dorantes, i Estevanico, i dixeronme como dexaban à Castillo con otros Indios, que se llamaban Anagados, i que estaban cerca de alli, i que havian pasado mucho trabajo, i que havian andado perdidos, i que otro dia adelante nuestros Indios se mudaron àcia donde Castillo estaba, i iban à juntarse con los que lo tenian, i hacerse Amigos vnos de otros, porque hasta alli havian tenido Guerra: i de esta manera cobramos à Castillo. En todo el tiempo que comiamos las Tunas, teniamos sed, i para remedio de esto bebiamos el çumo de las Tunas, i sacabamoslo en vn hoio, que en la Tierra haciamos, i desque estaba lleno, bebiamos de èl, hasta que nos hartabamos. Es dulce, i de color de Arrope: esto hacen, por falta de otras Vasijas. Ai muchas maneras de Tunas, i entre ellas ai algunas mui buenas, aunque à mi todas me parescian asi, i nunca la hambre me diò espacio para escogerlas, ni parar mientes en quales eran mejores. Todas las mas de Gentes beben Agua llovediça, i recogida en algunas partes, porque aunque ai Rios, como nunca estan de asiento, nunca tienen Agua conoscida, ni señalada. Por toda la Tierra ai mui grandes, i hermosas Dehesas, i de mui buenos pastos para Ganados; i paresceme, que seria Tierra mui fructifera, si fuese labrada, i habitada de Gente de raçon. No vimos Sierra en toda ella, en tanto que en ella estuvimos. Aquellos Indios nos dixeron, que otros estaban mas adelante, llamados Camones, que viven àcia la Costa, i havian muerto toda la Gente, que venia en la Barca de Peñalosa, i Tellez, i que venian tan flacos, que aunque los mataban no se defendian: i asi los acabaron todos, i nos mostraron Ropas, i Armas de ellos, i dixeron, que la Barca estaba alli al travès. Esta es la quinta Barca, que faltaba, porque la del Governador ià diximos como la Mar la llevò: i la del Contador, i los Frailes la havian visto echada al travès en la Costa, i Esquivèl contò el fin de ellos. Las dos, en que Castillo, i Yo, i Dorantes ibamos, ià hemos contado, como junto à la Isla de Malhado se hundieron.
CAP. XX. De como nos huimos.