Esta es la mas presta Gente para vn Arma, de quantas Yo he visto en el Mundo, porque si se temen de sus Enemigos, toda la noche estàn despiertos, con sus Arcos à par de sì, i vna docena de Flechas: i el que duerme, tienta su Arco, i si no le halla en cuerda, le dà la buelta que ha menester. Salen muchas veces fuera de las Casas, baxados por el suelo, de arte que no pueden ser vistos, i miran, i atalaian por todas partes para sentir lo que ai: i si algo sienten, en vn punto son todos en el Campo con sus Arcos, i Flechas, i asi estan hasta el dia, corriendo à vnas partes, i otras, donde vèn que es menester, ò piensan que pueden estàr sus Enemigos. Quando viene el dia, tornan à afloxar sus Arcos, hasta que salen à Caça. Las cuerdas de los Arcos son niervos de Venados. La manera que tienen de pelear es, abaxados por el suelo, i mientras se flechan, andan hablando, i saltando siempre de vn cabo para otro, guardandose de las Flechas de sus Enemigos: tanto, que en semejantes partes pueden rescibir mui poco daño de Ballestas, i Arcabuces, antes los Indios burlan de ellos, porque estas Armas no aprovechan para ellos en Campos llanos, adonde ellos andan sueltos: son buenas para estrechos, i lugares de Agua: en todo lo demàs los Caballos son los que han de sojuzgar, i lo que los Indios vniversalmente temen. Quien contra ellos hoviere de pelear, ha de estàr mui avisado, que no le sientan flaqueça, ni codicia de lo que tienen, i mientras durare la Guerra, hanlos de tratar mui mal: porque si temor les conocen, ò alguna codicia, ella es Gente, que sabe conoscer tiempos en que vengarse, i toman esfuerço del temor de los contrarios. Quando se han flechado en la Guerra, i gastado su municion, buelvense cada vno su camino, sin que los vnos sigan à los otros, aunque los vnos sean muchos, i los otros pocos: i esta es costumbre suia. Muchas veces se pasan de parte à parte con las Flechas, i no mueren de las heridas, sino toca en las tripas, ò en el corazon, antes sanan presto. Vèn, i oien mas, i tienen mas agudo sentido, que quantos Hombres Yo creo que ai en el Mundo. Son grandes sufridores de hambre, i de sed, i de frio, como aquellos que estàn mas acostumbrados, i hechos à ello, que otros. Esto he querido contar aqui, porque allende que todos los Hombres desean saber las costumbres, i exercicios de los otros, los que algunas veces se vinieren à vèr con ellos, estèn avisados de sus costumbres, i ardides, que suelen no poco aprovechar en semejantes casos.

CAP. XXVI. De las Naciones, i Lenguas.

Tambien quiero contar sus Naciones, i Lenguas, que desde la Isla de Malhado, hasta los vltimos ai. En la Isla de Malhado ai dos Lenguas: à los vnos llaman de Caoques, i à los otros llaman de Han. En la Tierra-firme, enfrente de la Isla, ai otros, que se llaman de Chorruco, i toman el nombre de los Montes donde viven. Adelante, en la Costa de la Mar, habitan otros, que se llaman Doguenes; i enfrente de ellos otros, que tienen por nombre los de Mendica. Mas adelante, en la Costa, estàn los Quevenes; i enfrente de ellos, dentro en la Tierra-firme, los Mariames: i iendo por la Costa adelante, estàn otros, que se llaman Guaycones; i enfrente de estos, dentro en la Tierra-firme, los Yguaces. Cabo de estos estàn otros, que se llaman Atayos; i detràs de estos, otros Acubadaos, i de estos ai muchos por esta vereda adelante. En la Costa viven otros, llamados Quitoles; i enfrente de estos, dentro en la Tierra-firme, los Avavares. Con estos se juntan los Maliacones, i otros Cutalchiches, i otros, que se llaman Susolas, i otros, que se llaman Comos; i adelante, en la Costa, estàn los Camoles; i en la misma Costa adelante otros, à quien nosotros llamamos los de los Higos. Todas estas Gentes tienen Habitaciones, i Pueblos, i Lenguas diversas. Entre estos ai vna Lengua, en que llaman à los Hombres, por mira acà, arre acà, à los Perros xò: en toda la Tierra se emborrachan con vn humo, i dàn quanto tienen por èl. Beben tambien otra cosa, que sacan de las hojas de los Arboles, como de Encina, i tuestanla en vnos botes al fuego, i despues que la tienen tostada, hinchen el bote de Agua, i asi lo tienen sobre el fuego, i quando ha hervido dos veces, echanlo en vna Vasija, i estàn enfriandola con media Calabaça; i quando està con mucha espuma, bebenla tan caliente, quanto pueden sufrir; i desde que la sacan del Bote, hasta que la beben, estàn dando voces, diciendo: Que quien quiere beber. Y quando las Mugeres oyen estas voces, luego se paran sin osarse mudar; i aunque estèn mucho cargadas, no osan hacer otra cosa: i si acaso alguna de ellas se mueve, la deshonran, i la dàn de palos, i con mui gran enojo derraman el Agua que tienen para beber, i la que han bebido la tornan à lançar, lo qual ellos hacen mui ligeramente, i sin pena alguna. La raçon de la costumbre dàn ellos, i dicen: Que si quando ellos quieren beber aquella Agua, las Mugeres se mueven de donde les toma la voz, que en aquella Agua se les mete en el cuerpo vna cosa mala, i que dende à poco les hace morir; i todo el tiempo que el Agua està cociendo, ha de estàr el Bote atapado; i si acaso està desatapado, i alguna Muger pasa, lo derraman, i no beben mas de aquella Agua: es amarilla, i estàn bebiendola tres dias, sin comer, i cada dia bebe cada vno arroba i media de ella; i quando las Mugeres estàn con su costumbre, no buscan de comer mas de para sì solas, porque ninguna otra persona come de lo que ellas traen. En el tiempo que asi estaba, entre estos vi vna diablura, i es, que vì vn Hombre casado con otro, i estos son vnos Hombres amarionados impotentes, i andan tapados como Mugeres, i hacen oficio de Mugeres, i tiran Arco, i llevan mui gran carga, i entre estos vimos muchos de ellos, asi amarionados como digo, i son mas membrudos que los otros Hombres, i mas altos: sufren mui grandes cargas.

CAP. XXVII. De como nos mudamos, i fuimos bien rescibidos.

Despues que nos partimos de los que dexamos llorando, fuimonos con los otros à sus Casas, i de los que en ellas estaban fuimos bien rescebidos, i truxeron sus Hijos para que les tocasemos las manos, i dabannos mucha Harina de Mezquiquez. Este Mezquiquez es vna Fruta, que quando està en el Arbol es mui amarga, i es de la manera de Algárrovas, i comese con Tierra, i con ella està dulce, i bueno de comer. La manera que tienen con ella es esta: que hacen vn hoio en el suelo, de la hondura que cada vno quiere; i despues de echada la Fruta en este hoio, con vn palo tan gordo como la pierna, i de braça i media en largo, la muelen hasta mui molida; i demàs que se le pega de la Tierra del hoio, traen otros puños, i echanla en el hoio, i tornan otro rato à moler, i despues echanla en vna Vasija, de manera de vna Espuerta, i echanle tanta Agua, que basta à cubrirla, de suerte que quede Agua por cima, i el que la ha molido pruebala, i si le paresce que no està dulce, pide Tierra, i rebuelvela con ella, i esto hace hasta que la halla dulce, i asientanse todos al rededor, i cada vno mete la mano, i saca lo que puede, i las Pepitas de ella tornan à echar sobre vnos Cueros, i las Cascaras; i el que lo ha molido las coge, i las torna à echar en aquella Espuerta, i echa Agua como de primero, i tornan à espremir el Çumo, i Agua que de ello sale, i las Pepitas, i Cascaras tornan à poner en el Cuero, i de esta manera hacen tres, ò quatro veces cada moledura: i los que en este Banquete, que para ellos es mui grande, se hallan, quedan las Barrigas mui grandes de la Tierra, i Agua que han bebido, i de esto nos hicieron los Indios mui gran Fiesta, i hovo entre ellos mui grandes Bailes, i Areitos, en tanto que alli estuvimos. Y quando de noche durmiamos à la puerta del Rancho donde estabamos, nos velaban à cada vno de nosotros seis Hombres, con gran cuidado, sin que nadie nos osase entrar dentro, hasta que el Sol era salido. Quando nosotros nos quisimos partir de ellos, llegaron alli vnas Mugeres de otros, que vivian adelante: i informados de ellas donde estaban aquellas Casas, nos partimos para allà, aunque ellos nos rogaron mucho, que por aquel dia nos detuviesemos, porque las Casas adonde ibamos estaban lexos, i no havia camino para ellas, i que aquellas Mugeres venian cansadas, i descansando, otro dia se irian con nosotros, i nos guiarian, i ansi nos despedimos; i dende à poco las Mugeres que havian venido, con otras del mismo Pueblo, se fueron tras nosotros: mas como por la Tierra no havia caminos, luego nos perdimos, i ansi anduvimos quatro leguas, i al cabo de ellas llegamos à beber à vn Agua adonde hallamos las Mugeres que nos seguian, i nos dixeron el trabajo que havian pasado por alcançarnos. Partimos de alli llevandolas por Guia, i pasamos vn Rio, quando ià vino la tarde, que nos daba el Agua à los pechos: serìa tan ancho como el de Sevilla, i corria mui mucho, i à puesta del Sol llegamos à cien Casas de Indios; i antes que llegasemos, saliò toda la Gente que en ellas havia à rescebirnos, con tanta grita, que era espanto, i dando en los muslos grandes palmadas: traìan las Calabaças horadadas, con Piedras dentro, que es la cosa de maior fiesta, i no las sacan sino à bailar, ò para curar, ni las osa nadie tomar sino ellos; i dicen, que aquellas Calabaças tiene virtud, i que vienen del Cielo, porque por aquella Tierra no las ai, ni saben donde las aia, sino que las traen los Rios, quando vienen de avenida. Era tanto el miedo, i tubacion que estos tenian, que por llegar mas presto los vnos que los otros à tocarnos, nos apretaron tanto, que por poco nos hovieran de matar; i sin dexarnos poner los pies en el suelo nos llevaron à sus Casas, i tanto cargaban sobre nosotros, i de tal manera nos apretaban, que nos metimos en las Casas, que nos tenian hechas, i nosotros no consentimos en ninguna manera que aquella noche hiciesen mas Fiesta con nosotros. Toda aquella noche pasaron entre sì en Areitos, i Bailes: i otra dia de mañana nos traxeron toda la Gente de aquel Pueblo, para que los tocasemos, i santiguasemos, como haviamos hecho à los otros con quien haviamos estado. Y despues de esto hecho, dieron muchas Flechas à las Mugeres del otro Pueblo, que havian venido con las suias. Otro dia partimos de alli, i toda la Gente del Pueblo fue con nosotros; i como llegamos à otros Indios, fuimos bien rescebidos, como de los pasados, i ansi nos dieron de lo que tenian, i los Venados que aquel dia havian muerto; i entre estos vimos vna nueva costumbre, i es, que los que venian à curarse, los que con nosotros estaban les tomaban el Arco, i las Flechas, i Çapatos, i Cuentas, si las traìan, i despues de haverlas tomado, nos las traìan delante de nosotros para que los curasemos; i curados se iban mui contentos, diciendo, que estaban sanos. Asi nos partimos de aquellos, i nos fuimos à otros, de quien fuimos mui bien rescebidos, i nos traxeron sus enfermos, que santiguandolos decian, que estaban sanos, i el que no sanaba, creìa que podiamos sanarle; i con lo que los otros que curabamos les decian, hacian tantas Alegrias, i Bailes, que no nos dexaban dormir.

CAP. XXVIII. De otra nueva costumbre.

Partidos de estos, fuimos à otras muchas Casas, i desde aqui començò otra nueva costumbre, i es, que rescibiendonos mui bien, que los que iban con nosotros los començaron à hacer tanto mal, que les tomaban las haciendas, i les saqueaban las Casas, sin que otra cosa ninguna les dexasen: de esto nos pesò mucho, por vèr el mal tratamiento que à aquellos, que tan bien nos rescebian, se hacia; i tambien porque temiamos, que aquello serìa, ò causarìa alguna alteracion, i escandalo entre ellos; mas como no eramos parte para remediarlo, ni para osar castigar los que esto hacian, hovimos por entonces de sufrir, hasta que mas autoridad entre ellos tuviesemos; i tambien los Indios mismos, que perdian la hacienda, conosciendo nuestra tristeça, nos consolaron, diciendo, que de aquello no rescibiesemos pena, que ellos estaban tan contentos de havernos visto, que daban por bien empleadas sus haciendas; i que adelante serian pagados de otros que estaban mui ricos. Por todo este camino teniamos mui gran trabajo, por la mucha Gente que nos seguia; i no podiamos huir de ella, aunque lo procurabamos, porque era mui grande la priesa que tenian por llegar à tocarnos; i era tanta la importunidad de ellos sobre esto, que pasaban tres horas que no podiamos acabar con ellos que nos dexasen. Otro dia nos traxeron toda la Gente del Pueblo, i la maior parte de ellos sin Tuertos de Nubes, i otros de ellos son Ciegos de ellas mismas, de que estabamos espantados. Son mui bien dispuestos, i de mui buenos gestos, mas blancos que otros ningunos de quantos hasta alli haviamos visto. Aqui empeçamos à vèr Sierras, i parescia que venian seguidas de àcia el Mar del Norte; i asi, por la relacion que los Indios de esto nos dieron, creemos, que estàn quince leguas de la Mar. De aqui nos partimos con estos Indios àcia estas Sierras que decimos, i llevaronnos por donde estaban vnos parientes suios, porque ellos no nos querian llevar sino por do habitaban sus Parientes, i no querian que sus enemigos alcançasen tanto bien, como les parescia, que era vernos. Y quando fuimos llegados los que con nosotros iban, saquearon à los otros; i como sabian la costumbre, primero que llegasemos, escondieron algunas cosas; i despues que nos hovieron rescebido con mucha fiesta, i alegria sacaron lo que havian escondido, i vinieronnoslo à presentar, i esto era Cuentas, i Almagra, i algunas Taleguillas de Plata. Nosotros, segun la costumbre, dimoslo luego à los Indios, que con nos venian; i quando nos lo hovieron dado, començaron sus Bailes, i Fiestas, i embiaron à llamar otros de otro Pueblo, que estaba cerca de alli, para que nos viniesen à vèr, i à la tarde vinieron todos, i nos traxeron Cuentas, i Arcos, i otras cosillas, que tambien repartimos; i otro dia, queriendonos partir, toda la Gente nos queria llevar à otros Amigos suios, que estaban à la punta de las Sierras, i decian, que alli havia muchas Casas, i Gente, i que nos darian muchas cosas, mas por ser fuera de nuestro camino no quesimos ir à ellos, i tomamos por lo llano, cerca de las Sierras, las quales creìamos que no estaban lexos de la Costa. Toda la Gente de ella es muy mala, i teniamos por mejor de atravesar la Tierra, porque la Gente que està mas metida adentro, es mas bien acondicionada, i tratabannos mejor, i teniamos por cierto, que hallariamos la Tierra mas poblada, i de mejores mantenimientos. Lo vltimo haciamos esto, porque atravesando la Tierra, viamos muchas particularidades de ella; porque si Dios Nuestro Señor fuese servido de sacar alguno de nosotros, i traerlo à Tierra de Christianos, pudiese dàr nuevas, i relacion de ella. Y como los Indios vieron, que estabamos determinados de no ir por donde ellos nos encaminaban, dixeronnos, que por donde nos queriamos ir, no havia Gente, ni Tunas, ni otra cosa alguna que comer: i rogaronnos que estuviesemos alli aquel dia, i ansi lo hicimos. Luego ellos embiaron dos Indios para que buscasen Gente por aquel camino que queriamos ir: i otro dia nos partimos, llevando con nosotros muchos de ellos, i las Mugeres iban cargadas de Agua, i era tan grande entre ellos nuestra autoridad, que ninguno osaba beber sin nuestra licencia. Dos leguas de alli topamos los Indios que havian ido à buscar la Gente, i dixeron, que no la hallaban, de lo que los Indios mostraron pesar, i tornaronnos à rogar que nos fuesemos por la Sierra. No lo quisimos hacer, i ellos como vieron nuestra voluntad, aunque con mucha tristeça, se despidieron de nosotros, i se bolvieron el Rio abaxo à sus Casas, i nosotros caminamos por el Rio arriba, i desde à vn poco topamos dos Mugeres cargadas, que como nos vieron, pararon, i descargaronse, i traxeron nos de lo que llevaban, que era Harina de Maìz, i nos dixeron, que adelante en aquel Rio hallariamos Casas, i muchas Tunas, i de aquella Harina, i ansi nos despedimos de ellas, porque iban à los otros, donde haviamos partido, i anduvimos hasta puesta del Sol, i llegamos à vn Pueblo de hasta veinte Casas, adonde nos rescibieron llorando, i con grande tristeça, porque sabian ià, que adonde quiera que llegabamos eran todos saqueados, i robados de los que nos acompañaban, i como nos vieron solos, perdieron el miedo, i dieronnos Tunas, i no otra cosa ninguna. Estuvimos alli aquella noche, i al Alva los Indios que nos havian dexado el dia pasado, dieron en sus Casas; i como los tomaron descuidados, i seguros, tomaronles quanto tenian, sin que tuviesen lugar donde asconder ninguna cosa, de que ellos lloraron mucho: i los robadores para consolarles los decian, que eramos Hijos del Sol, i que teniamos poder para sanar los enfermos, i para matarlos, i otras mentiras, aun maiores que estas, como ellos las saben mejor hacer quando sienten que les conviene: i dixeronles, que nos llevasen con mucho acatamiento, i tuviesen cuidado de no enojarnos en ninguna cosa, i que nos diesen todo quanto tenian, i procurasen de llevarnos donde havia mucha Gente, i que donde llegasemos robasen ellos, i saqueasen lo que los otros tenian, porque asi era costumbre.

CAP. XXIX. De como se robaban los unos à los otros.

Despues de haverlos informado, i señalado bien lo que havian de hacer, se bolvieron, i nos dexaron con aquellos; los quales teniendo en la memoria lo que los otros les havian dicho, nos començaron à tratar con aquel mismo temor, i reverencia que los otros, i fuimos con ellos tres jornadas, i llevaronnos adonde havia mucha Gente; i antes que llegasemos à ellos avisaron como ibamos, i dixeron de nosotros todo lo que los otros les havian enseñado, i añadieron mucho mas, porque toda esta Gente de Indios, son grandes amigos de Novelas, i mui mentirosos, maiormente donde pretenden algun interese. Y quando llegamos cerca de las Casas, saliò toda la Gente à rescebirnos con mucho placer, i fiesta: i entre otras cosas, dos Fisicos de ellos nos dieron dos Calabaças, i de aqui començamos à llevar Calabaças con nosotros, i añadimos à nuestra autoridad esta cerimonia, que para con ellos es mui grande. Los que nos havian acompañado saquearon las Casas, mas como eran muchas, i ellos pocos, no pudieron llevar todo quanto tomaron, i mas de la mitad dexaron perdido; i de aqui por la Halda de la Sierra nos fuimos metiendo por la Tierra adentro mas de cinquenta leguas, i al cabo de ellas hallamos quarenta Casas, i entre otras cosas que nos dieron, hovo Andrès Dorantes vn Cascavel gordo, grande, de Cobre, i en èl figurado vn rostro, i esto mostraban ellos, que lo tenian en mucho, i les dixeron, que lo havian havido de otros sus Vecinos: i preguntandoles, què donde havian havido aquello? dixeronles, que lo havian traìdo de àcia el Norte, i que alli havia mucho, i era tenido en grande estima; i entendimos, que do quiera que aquello havia venido, havia fundicion, i se labraba de Vaciado, i con esto nos partimos otro dia, i atravesamos vna Sierra de siete Leguas, i las Piedras de ella eran de Escorias de Hierro; i à la noche llegamos à muchas Casas, que estaban asentadas à la Ribera de vn mui hermoso Rio, i los Señores de ellas salieron à medio camino à rescebirnos con sus Hijos acuestas, i nos dieron muchas Taleguillas de Margagita, i de Alcohol molido, con esto se vntan ellos la cara, i dieron muchas Cuentas, i muchas Mantas de Vacas, i cargaron à todos los que venian con nosotros de todo quanto ellos tenian. Comian Tunas, i Piñones: ai por aquella Tierra Pinos chicos, i las Piñas de ellas son como Huevos pequeños, mas los Piñones son mejores que los de Castilla, porque tienen las cascaras mui delgadas; i quando estàn verdes, muelenlos, i hacenlos Pellas, i ansi los comen; i si estàn secos, los muelen con cascaras, i los comen hechos polvos. Y los que por alli nos rescebian, desque nos havian tocado, bolvian corriendo hasta sus Casas, i luego daban buelta à nosotros, i no cesaban de correr, iendo, i viniendo. De esta manera traiannos muchas cosas para el camino. Aqui me traxeron vn Hombre, i me dixeron, que havia mucho tiempo que le havian herido con vna Flecha por el espalda derecha, i tenia la punta de la Flecha sobre el coraçon, decia que le daba mucha pena, i que por aquella causa siempre estaba enfermo. Yo le toquè, i sentì la punta de la Flecha, i vì, que la tenia atravesada por la ternilla, i con vn Cuchillo que tenia le abri el pecho hasta aquel lugar, i vì que tenia la punta atravesada, i estaba mui mala de sacar; tornè à cortar mas, i metì la punta del Cuchillo, i con gran trabajo en fin la saquè. Era mui larga, i con vn Hueso de Venado, vsando de mi Oficio de Medicina, le dì dos puntos; i dados, se me desangraba, i con raspa de vn Cuero le estanquè la sangre; i quando huve sacado la punta, pidieronmela, i Yo se la dì, i el Pueblo todo vino à verla, i la embiaron por la Tierra adentro, para que la viesen los que allà estaban, i por esto hicieron muchos Bailes, i Fiestas, como ellos suelen hacer; i otro dia le cortè los dos puntos al Indio, i estaba sano; i no parescia la herida que le havia hecho sino como vna raia de la palma de la mano, i dixo, que no sentia dolor, ni pena alguna: i esta cura nos diò entre ellos tanto credito por toda la Tierra, quanto ellos podian, i sabian estimar, i encarescer. Mostramosles aquel Cascavel que traìamos, i dixeronnos, que en aquel Lugar de donde aquel havia venido, havia muchas Planchas de aquello enterradas, i que aquello era cosa que ellos tenian en mucho; i havia Casas de asiento, i esto creemos nosotros que es la Mar del Sur, que siempre tuvimos noticia, que aquella Mar es mas rica que la del Norte. De estos nos partimos, i anduvimos por tantas suertes de Gentes, i de tan diversas Lenguas, que no basta memoria à poderlas contar, i siempre saqueaban los vnos à los otros; i asi los que perdian, como los que ganaban, quedaban mui contentos. Llevabamos tanta compañia, que en ninguna manera podiamos valernos con ellos. Por aquellos Valles donde ibamos, cada vno de ellos llevaba vn Garrote, tan largo como tres palmos, i todos iban en ala; i en saltando alguna Liebre (que por alli havia hartas) cercabanla luego, i caìan tantos Garrotes sobre ella, que era cosa de maravilla, i de esta manera la hacian andar de vnos para otros, que à mi vèr era la mas hermosa caça que se podia pensar, porque muchas veces ellas se venian hasta las manos; i quando à la noche parabamos, eran tantas las que nos havian dado, que traìa cada vno de nosotros ocho, ò diez cargas de ellas; i los que traìan Arcos no parescian delante de nosotros, antes se apartaban por la Sierra à buscar Venados; i à la noche quando venian, traìan para cada vno de nosotros cinco, ò seis Venados, i Paxaros, i Codornices, i otras caças: finalmente, todo quanto aquella Gente hallaban, i mataban, nos lo ponian delante, fin que ellos osasen tomar ninguna cosa, aunque muriesen de hambre, que asi lo tenian ià por costumbre, despues que andaban con nosotros, i sin que primero lo santiguasemos; i las Mugeres traìan muchas Esteras, de que ellos nos hacian Casas, para cada vno la suia à parte, i con toda su Gente conoscida: i quando esto era hecho, mandabamos que asasen aquellos Venados, i Liebres, i todo lo que havian tomado; i esto tambien se hacia mui presto en vnos Hornos, que para esto ellos hacian; i de todo ello nosotros tomabamos vn poco, i lo otro dabamos al Principal de la Gente, que con nosotros venia, mandandole, que lo repattiese entre todos. Cada vno con la parte que le cabia, venian à nosotros para que la soplasemos, i santiguasemos, que de otra manera no osaran comer de ella; i muchas veces traìamos con nosotros tres, ò quatro mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que à cada vno haviamos de soplar, i santiguar lo que havian de comer, i beber, i para otras muchas cosas que querian hacer, nos venian à pedir licencia, de que se puede vèr, que tanta importunidad rescebiamos. Las Mugeres nos traìan las Tunas, i Arañas, i Gusanos, i lo que podian haver, porque aunque se muriesen de hambre, ninguna cosa havian de comer, sin que nosotros la diesemos. E iendo con estos, pasamos vn gran Rio, que venia del Norte: i pasados vnos Llanos de treinta leguas, hallamos mucha Gente, que de lexos de alli venia à rescebirnos, i salian al Camino por donde haviamos de ir, i nos rescibieron de la manera de los pasados.

CAP. XXX. De como se mudò la costumbre de rescebirnos.