Paj. Señora, mándeme vuestra merced, que mucho há que os deseo servir.

Loz. Mirá, señor, esta pobreta de Madalena es más buena, que no os lo puedo decir, y su ama le dió un ducado á guardar, y unos guantes nuevos con dos granos de almizcle, y todo lo ha perdido, y yo no puedo estar de las cosas que hace la mezquina, queríaos rogar que me empeñásedes esta caparela en cualque amigo vuestro, que yo la quitaré presto.

Paj. Señora, el ducado veislo aquí, y esotras cosas yo las traeré ántes que sea una hora, y vuestra merced le ruegue á Madalena de mi parte que no me olvide, que la deseo mucho servir.

Loz. Hi, hi, hi, ¿y con qué la deseais servir? que sois muy mochacho y todo lo echais en crecer.

Paj. Señora, pues deso reniego yo, que me crece tanto, que se me sale de la bragueta.

Loz. Si no lo pruebo, no diré bien dello.

Paj. Como vuestra merced mandáre, que mercedes son que recibo, aunque sea sobre mi capa.

Loz. ¡Ay, ay, que me burlaba! parece píldora de torre sanguina que así labora; ¿es lagartixa? andar, ¿por dó pasa moja? Ésta es tierra que no son salidos del caxcaron y pian; dámelo barbi-poniente, si quieres que me aproveche; entraos allá, deslavado, y callá vuestra boca. Madalena, vén abaxo, que yo me quiero ir; el paje del señor caballero está allí dentro, que se pasea por el jardin, es cari-deslavado, si algo te dixere, súbete arriba, y dile que si yo no te lo mando, que no lo tienes de hacer, y dexa hacer á mí, que mayores secretos sé yo tener que este tuyo.

Paj. Señora Madalena, ¡cuerpo de mí! siempre me echas unos encuentros como broquel de Barcelona. Mirá bien que esta puta güelfa no os engañe, que es de aquellas que dicen: Marica, cuécelo con malvas.

Mad. Estad quedo, así me ayude Dios, mas me sobajais vos que un hombre grande, por eso los páxaros no viven mucho; ¿que hacés? ¿todo ha de ser eso? tomá, bebeos estos tres huevos, y sacaré del vino; esperá, os lavaré todo con este vino griego, que es sabroso como vos.