Loz. Díxeles: Hermanos, no hay cebada para tantos asnos; y perdonáme, que luégo torno, que me meo toda.

Beat. Hermana, ¿vistes tal hermosura de cara y tez? Si tuviese asiento para los antojos; más creo que si se cura, que sanará.

Teresa Hernandez. Andá ya por vuestra vida, no digais, súbele más de mitad de la frente quedará señalada para cuanto viviere; ¿sabeis qué podia ella hacer? que aquí hay en Campo de Flor munchos daquellos charlatanes, que sabrian medicarla por abaxo de la vanda izquierda.

Cam. Por vida de vuestros hijos, que bien decis; mas ¿quién se lo osará decir?

Ter. ¿Eso de quién? yo hablando hablando se lo diré.

Beat. ¡Ay prima Hernandez, no lo hagais que nos deshonrará como á mal pan! ¿No veis qué labia y qué osadía que tiene, y qué decir? Ella se hará á la usanza de la tierra, que verá lo que le cumple; no queria sino saber della si es confesa, porque hablaríamos sin miedo.

Ter. Y eso me decis aunque lo sea se hará cristiana linda.

Beat. Dexemos hablar á Teresa de Córdoba; que ella es burlona y se lo sacará.

Ter. Mirá en que estáis; digamos que queremos torcer hormigos ó hacer alcuzcuzu, y si los sabe torcer, ahí verémos si es de nobis y si los tuerce con agua ó con aceite.

Beat. Vivais vos, que más sabeis que todas. No hay peor cosa que confesa necia.