Loz. Señores, ¿cuándo dexé yo de ser presta para servir esas caras honradas? que agora y en todo tiempo tuvieron merecimiento para ser de mí muy honrados, y no solamente agora que estoy en mi libertad, mas siendo sujeta no me faltaba inclinacion para serles muy aficionada, bien que yo y mi casa seamos pobres, al ménos aparejada siempre para lo que sus mercedes me quisieren mandar.

Gir. Señora, servir.

Loz. Señores, beso las manos de vuestras mercedes mill veces, y suplícoles que se sirvan de mi pobreza, pues saben que soy toda suya. Por vida del Rey, que no me la vayan penar al otro mundo los puercos, que les he hecho mill honras cuando estábamos en Damiata y en Túnez de Berbería, y agora con palabras prestadas me han pagado, Dios les dé el mal año, quisiera yo, pese al diablo, que metieran la mano á la bolsa por cualque docena de ducados, como hacia yo en aquel tiempo, y si no los tenía se los hacia dar á mi señor Diomedes, y á sus criados los hacia vestir, y agora á mala pena me conocen, porque sembré en porcuna, bien me decia Diomedes, guárdate, que éstos á quien tú haces bien te han de hacer mal. Mirá qué canes reñegados, villanos secretos, capotes de terciopelo, por estos tales se debia decir, si te ví no me acuerdo, quien sirve á munchos no sirve á ninguno.


MAMOTRETO XLI.

Aquí comienza la tercera parte del retrato, y serán más graciosas cosas que lo pasado. Cómo tornó á casa y afeitó con lo que traia las sobredichas, y cómo se fueron, y su criado con ellas, y quedó sola, y contaba todo lo que habia menester para su trato, que queria comenzar, y de aquí adelante le darémos fin.

Loz. Agora que me arremangué á poner trato en mi casa, vale todo caro, andar, pase por agora por contentar estas putas, que despues yo sabré lo que tengo de hacer.

Griega. Mirámela cuál viene que le nazcan barbas, narices de medalla.

Loz. Parece mi casa atalaya de putas; más puse del mio que no me distes.

Julia. Sus, á mí primero, señora Lozana.