Loz. Por mi vida, no le deis nada, que él buscará, desa manera no le faltará á él qué jugar, caminá pues, vení presto; sabeis, señor, que he pensado, que quizá Dios os ha traido hoy por aquí, á mí me ha venido mi camisa, y quiero ir esta tarde al estufa, y como venga, que peguemos con ello, y yo soy desta complision, que como yo quiero, luégo encaxo, y mirá, llegar y pegar todo será uno, y bástame á mí que lo hagais criar vos, que no quiero otro depósito, y sea mañana, y veníos acá, y comerémos un medio cabrito, que sé yo hacer apedreado.

Auctor. Hi, hi; veis, viene el vino in quo est luxuria.

Loz. Dame á beber, y da el resto del ducado á su dueño.

Ramp. ¿Qué resto? veislo ahí, todo es guarnacha y malvasía de Candía, que cuesta dos julios el bocal, ¿y quereis resto?

Loz. Mirá el borracho, y por fuerza habeis vos de traer guarnacha, traxerades corso ó griego, y no expendieras tanto.

Auctor. Andá, hermano, qué bien hicistes traer siempre de lo mejor, toma, tráeme un poco de papel y tinta, que quiero notar aquí una cosa que se me recordó agora.

Loz. Mirá, mancebo, sea ese julio como el ducado, hacé de las vuestras; señor, si él mete á jugar no torna acá hoy, que yo lo conozco.

Auctor. ¿En qué pasais tiempo, mi señora?

Loz. Cuando vino vuestra merced estaba diciendo el modo que tengo de tener para vivir, que quien veza á los papagayos á hablar, me vezará á mí á ganar. Yo sé ensalmar, y encomendar y santiguar, cuando alguno está ahojado, que una vieja me vezó, que era saludadera y buena como yo, sé quitar ahitos, sé para lombrices, sé encantar la terciana, sé remedio para las cuartanas y para el mal de la madre, sé cortar frenillos de bobos y no bobos, sé hacer que no duelan los riñones y sanar las renes, y sé medicar la natura de la mujer y la del hombre, sé sanar la sordera y sé ensolver sueños, sé conocer en la frente la phisionomía, y la chiromancía en la mano, y prenosticar.

Auctor. Señora Lozana, á todo quiero callar, mas á esto de los sueños ni mirar en abusiones no lo quiero comportar, y pues sois mujer de ingenio, notá que el hombre cuando duerme sin cuidado, y bien cubierto y harto el estómago, nunca sueña, y al contrario, asimismo, cuando duerme el hombre sobre el lado del corazon, sueña cosas de gran tormento, y cuando despierta y se halla que no cayó de tan alto como soñaba, está muy contento, y si mirais en ello, veréis que sea verdad; y otras veces sueña el hombre que comia ó dormia con la tal persona, que há gran tiempo que no la vido, y otro dia verála ó hablarán de ella, y piensa que aquello sea lo que soñó, y son los humos del estómago, que fueron á la cabeza, y por eso conforman los otros sentidos con la memoria; ansí que, como dicen los maestros que vezan los niños en las materias, muchas veces acaece quel muchacho sueña dineros, y á la mañana se le ensuelven en azotes; tambien decís que hay aojados, esto quiero que os quiteis de la fantasía, porque no hay ojo malo, y si me decis cómo yo ví una mujer que dixo á un niño que su madre criaba muy lindo, y dixo la otra, ¡ay qué lindo hijo y qué gordico! y al hora el niño no alzó cabeza, esto no era mal ojo, mas mala lengua, y dañada intencion y venenosa malicia, como sierpe que trae el veneno en los dientes, que si dixera, ¡Dios sea loado que lo crió! no le pudiera empecer; y si me decís cómo aquella mujer lo pudo empecer con tan dulce palabra, digo que la culebra con la lengua hace caricias, y da el veneno con la cola y con los dientes, y notá, habeis de saber que todas vosotras, por la mayor parte, sois más prestas al mal y á la envidia que no al bien, y si la malicia no reinase más en unas que en otras, no conoceriamos nosotros el remedio que es signarnos con el signo de la † contra la malicia y dañada intencion de aquéllas, digo, que lícitamente se podrian decir miembros del diablo; á lo que de los agüeros y de las suertes decís, digo que si tal vos mirais, que haceis mal, vos y quien tal cree, y para esto notá que munchos de los agüeros en que miran, por la mayor parte son alimañas ó aves que vuelan, á esto digo que es suciedad creer que una criatura criada tenga poder de hacer lo que puede hacer su Criador, que tú que viste aquel animal que se desperezó, y has miedo, mira que si quieres, en virtud de su Criador, le mandarás que reviente y reventará, y por esto tú debes creer en el tu Criador, que es Omnipotente, y da la potencia y la virtud, y no á su criatura; ansí que, señora, la † sana con el romero, no el romero sin la †, que ninguna criatura os puede empecer, tanto cuanto la † os puede defender y ayudar, por tanto os ruego me digais vuestra intencion.