Tia. Norabuena vengais, reina mia, toda venis sudada y fresca como una rosa. ¿Qué buscais, sobrino? todo está aparejado, sino el vino; id por ello y vení, cenarémos, que vuestro tio está volviendo el asador.
Ramp. Pues, alcanzáme esa calabaza en que lo traiga, que en dos saltos vengo.
Tia. ¿Qué os parece, señora, deste mi sobrino, que ansí fué siempre servicial?
Loz. Señora, que querria que fuese venido mi marido, para que lo tomase y le hiciese bien.
Tia. ¡Ay señora mia! qué merced ganaréis, que son pobres.
Loz. No cureis, señora; mi marido les dará en qué ganen.
Tia. Por mi vida, y á mi marido tambien, que bien sabe de todo y es persona sabida, aunque todos le tienen por un asno, y es porque no es malicioso; y por su bondad no es él agora cambiador, que está esperando unas recetas y un estuche para ser médico, no se cura de honras demasiadas, que aquí se está ayudando á repulgar y echar caireles á lo que yo coso. ¿Venis, sobrino? asentáos aquí cabe mí, comed, señora.
Loz. Sí haré, que hambre tengo.
Tia. ¿Oislo? vení á sentáos junto á esa señora, que os tiene amor, y quiere que os asenteis cabe ella.
Viejo. Sí haré de buen grado.