Ramp. Eché la capa, y él estuvo quedo.
Loz. Pues hacé vos ansí siempre, que hinchirémos la casa á tuerto y á derecho, eso me place, que sois hombre de la vida, y no venis vacío á casa; mirá quién llama, y si es el de la balija, que éntre, y vos dormiréis arriba, sobre el axuar de la frontera.
Ramp. No cureis, que á todo me hallaréis, salvo á poco pan.
Loz. Vuestra merced sea el bien venido, como agua por mayo.
Balij. Señora, ¿habeis cenado?
Loz. Señor, sí; todas dos empanadas que me envió vuestra merced comí.
Balij. Pues yo me querria entrar, si vuestra merced manda.
Loz. Señor, y áun salir cuando quisiere; daca el agua-piés, muda aquellas sábanas, toma esa cabellera, dale el escofia, descalza á su merced, sírvelo, que lo merece, porque te dé la bienandada.
Ramp. Sí, sí, dexá hacer á mí.