Loz. Mirá, dolorido, que de aquí adelante que sé cómo se baten las calderas, no quiero de noche que ninguno duerma conmigo sino vos, y de dia comer de todo, y desta manera engordaré, y vos procurá de arcarme la lana si quereis que texa cintas de cuero; andá, entrá y empleá vuestra garrocha, entrá en coso, que yo os veo que venís como estudiante que durmió en duro, que contaba las estrellas.
Ramp. ¿Y vos qué pareceis?
Loz. Dilo tú por mi vida.
Ramp. Pareceis barqueta sobre las ondas con mal tiempo.
Loz. A la par á la par lleguemos á Xodar, duérmete y callemos, que sendas nos tenemos. Parece que siento la puerta, ¿quién será?
Ramp. Trigo es, por vida del Dio.
Loz. Andá, abrilde.
Trig. ¿Cómo os va, señora? que yo mi parte tengo del trabajo.
Ramp. No cureis, que de aquí á poco no os habrémos menester, que ya sabe ella más que todos.
Trig. Por el Dio, que un fraile me prometió de venilla á ver, y es procurador del convento, y sale de noche con cabellera, y mirá que os proveerá á la mañana de pan é vino y á la noche de carne y de las otras cosas; todo lo toma á tarja, y no le cuesta sino que vos vais al horno y al regaton y al carnicero, y así de las otras cosas, salvo de la fruta.