Desde mediados del siglo XVIII, y aún antes, comenzó á abrirse camino la idea de que la Cruz no era pura y exclusivamente el signo del cristiano. Cruces de distintos tamaños y de diversas formas, ó más bien dicho signos cruciformes, aparecían en los monumentos y en los objetos de arte de la más remota antigüedad.

Mucho costó desarraigar la creencia de que la Cruz v el signo del Redentor eran una cosa inseparables. La arqueología misma tenía por un axioma que la Cruz servía de criterium para reconocer lo que era posterior á Cristo y pertenecía á la era actual. Este criterio, aún á fines del siglo pasado, fué empleado por algunos americanistas para resolver el problema de nuestra Cruz continental; pues si bien admitieron la universalidad del símbolo, negaron obstinadamente su veneración de parte de las naciones que lo emplearon; y así el Abate Schmitz decía en pleno Congreso de Bruselas que no se podría citar un solo ejemplo en toda la antigüedad de los pueblos salvages, fuera de América, en donde la Cruz fuese venerada; que no era sinó por la muerte del Cristo que la Cruz se hizo un signo de salud; y que si, por consiguiente, se la encuentra adorada entre los pueblos salvages de la América, es un indicio cierto de que el cristianismo fué conocido y predicado[94].

El Abate no tenía en cuenta que San Jerónimo mismo recordaba el alto valor simbólico de aquella entre los antiguos samaritanos; y olvidaba que en los geroglíficos egipcios el Tau y la Cruz empleáronse como el símbolo de la vida futura, no existiendo nada tan sagrado como la Cruz hermética ó Isiaca, cuya invención se atribuye á Mercurio Trismegistro. Como símbolo sagrado de la religión, la Cruz desempeñó un papel importantísimo en los misterios de Isis, como lo hizo notar un eminente teólogo[95]. También ha tenido gran figuración como letra gerática ó sacerdotal, tanto que el Tau, filológicamente hablando, es la radical del nombre primitivo de Dios: del Thaut egipcio, del Théos griego, del Theut ó Theutates celta y del Thon escandinavo. Cruces llevaron los monumentos egipcios de ahora seis mil años. Cruces veíanse igualmente en manos de Horo; al cuello de Apis, de Amom y de las Vestales; y en los timbales de los Coribantes, y en los vasos sagrados con que se ofrendaba á los dioses. Lo propio sucedía en Asiria y Babilonia. En Europa misma, en las cercanías de Parma, de Reggio y de Módena, ó sea en las terramares de la Emilia, se han encontrado cruces simbólicas en el fondo de las vasijas, trabajadas en la alfarería muchos siglos antes de los romanos y del cristianismo; lo mismo que en los cementerios de Villanova y en las tumbas de Golasecca, en las cuales su culto se ha revelado de la manera más completa[96].

Entre tanto, un hecho arqueológico se comprobaba: la universalidad del símbolo cruciforme, como la del círculo, del triángulo, del cuadrilátero, del gancho ó segmento del cuadrado y del meandro. Y es que la Cruz es una combinación geométrica natural; de manera que el encontrarse en América no fué motivo para establecer conclusiones de otro orden.

No debe perderse de vista el hecho matemático de que la combinación cruciforme suele ser el signo general de toda la geometría celeste y terrestre. Los conocimientos astronómicos desempeñaban en América un gran papel político y social. La Cruz del Sud, visible en toda la zona tórrida, debió desde el primer momento impresionar los sentidos del indio. La perfecta orientación de las fundaciones que precedieron á los pueblos aztecas y quichuas, puede haberle vuelto un signo geométrico relacionado con aquella, por la influencia del ángulo recto; y el gusto por este ángulo, sin duda determinó la forma de las aberturas de las construcciones de Palenque, en forma de Cruz griega, cuando no de Tau egipcio. No olvidemos que los pueblos aztecas y quichuas eran esencialmente geómetras; que trazaban ángulos rectos perfectos, y que casi seguramente, como hemos podido comprobarlo en las ruinas de nuestro Calchaquí, conocieron y usaron la escuadra y la plomada. Además, la Cruz, mayormente si se ha trazado dentro de un círculo, divide las figuras ó cosas en cuatro porciones iguales, lo que pudo muy bien haber ocasionado su empleo como reguladora de cantidades. Las marchas del sol, de los astros y la dirección geográfica de los rumbos, indudablemente que han influido, así mismo, en su trazado.

Es por algunos de estos motivos que Rialle, escribiendo sobre la Cruz en Cundinamarca[97], no dá trascendental importancia al hallazgo del signo, manifestando que, como la costumbre de trazar líneas cortándose en ángulos rectos se encuentra en todos los pueblos y remonta á todas partes, á todas las épocas prehistóricas, esta coincidencia no es digna de llamar la atención.

Es de observar que Waldeck, en 1792, explicaba con la geometría la existencia de cruces en ese sistema de los fondos reticulados de los monumentos de Palenque, que tanto han dado qué decir, primero á los creyentes, y después á los arqueólogos.

En nuestra América la profusión con que se encuentra el símbolo es tal, que dificilmente habrá existido un pueblo que no lo haya usado como signo sagrado, ó figurativo por lo menos.

Los Pieles Rojas y demás naciones del Norte valiéronse de la Cruz como uno de sus símbolos hieráticos. Aparece en formas griegas en variados objetos[98], especialmente en su alfarería ceremonial, destinada á propiciar á sus Wind Spirit y demás divinidades que ejercen influencia sobre la atmósfera, los vientos y las lluvias; y testimonio de ello son las ricas alfarerías depositadas en el Museo de Washington. Así mismo la Cruz fué empleada como figura totémica por algunas tribus ó familias.

En Méjico, ya sabemos como llamó desde el primer momento la atención del conquistador, encontrándose venerada de parte de los aztecas y demás naciones del imperio, cuyos dioses portaban la Cruz en la mano, siendo ella honrada con víctimas.