Fig. 46. Detalle
del interior
de un puco.
Fig. 47. Urna de Santa María
Col. Museo Nacional.

Fig. 48. Detalle
de una urna
de Amaicha.
Col. Zavaleta.

En la parte ventral del nuevo tipo de urna de la [Fig. 47], vése un suri muy particular, cuyo cuerpo está formado por cuatro círculos concéntricos, curiosísima manera, sin duda, de representar ese ojo Imaymana del que reiteradamente nos hemos ocupado, y el que parece indicar que el suri que lo porta lleva en su seno todos los gérmenes de la vida. Tan curioso como el anterior, es el suri de cuerpo triangular de la [Fig. 48], pintado de rojo, sobre fondo bayo.

Ahora bien: ¿esta figura general, al parecer de rostro humano, de vientre abultado, de largos brazos, y cuyas manos portan el vaso, es en realidad una figura ó representación antropomorfa?

Contestaremos negativamente.

La figura ó representación en cuestión tiene á la vez caracteres humanos y animales.

Si bien su cara ó rostro es más humano que animal, y sus brazos y manos lo son igualmente, estudiadas sus facciones en detalle, resulta que se trata de un ser monstruoso deforme, humano y animal á la vez, lo que prueba que la figura en cuestión pertenece á la época de transición del fetiquismo al politeismo ó antropomorfismo, no habiendo llegado á alcanzar la primitiva figura animal todo su desarrollo humano, como sucede también con el dios del Aire de Squier de la [Fig. 28], cuyo cuerpo aparece humano, pero cuya cara es excepcionalmente animal, arrastrando larga cola de serpiente. Tan extraña representación, nos hace sospechar que puede ser la misma reproducida en nuestras urnas.

Que las facciones del rostro de la figura de las urnas son humanas y animales, pruébanlo los ejemplares antes reproducidos. Humanos son el corte de la cara, los arcos de sus cejas, su boca dentada, aunque de forma rectangular; animales, sus ojos, cabezas de suris ó de serpientes; la nariz es la facción más curiosa, muy corta unas veces, y desmesuradamente alargada, otras; esta nariz, con las cejas arqueadas que convergen á formarla, dan al rostro un aspecto de ave, de lechuza, de halcón ó de loro, correspondiendo entonces á la nariz un pico de ave. Nosotros, adviértase, poseemos un ídolo muy interesante de Tinogasta, el que es un cuerpo humano, pero con cabeza redonda de loro, con cejas arqueadas en relieve, las que forman perfectamente el pico del ave, y con ojos grandes, vivos y salientes, exagerados con el relieve; y el hecho de carecer de boca, es una prueba más de que lo que se ha querido reproducir es un pájaro simplemente provisto de pico.