CAPÍTULO XV.
Comedias caballerescas.—Castelvines y Monteses.—El nuevo Pitágoras.—La octava maravilla, é indicación de los argumentos de otras.
los dramas fundados en las fábulas antiguas sigue otra serie, cuyos argumentos provienen de leyendas ó romances del gran ciclo tradicional de la Edad Media. Algunas se asemejan singularmente á las mitológicas en su propensión á representarnos encantamientos y maravillas sensibles: tal es Los palacios de Galiana, ó la narración dramática correspondiente al ciclo de tradiciones relativas á Carlomagno (cons. á Turpín, cap. 20, y los Reali di Francia, lib. VI, capítulos 18-51). Esta composición encierra en sí todas las bellezas de los mejores libros fantásticos de caballería. La mocedad de Roldán (según indica el prólogo escrito en la juventud de Lope), es la bella historia, popular entre nosotros por la balada de Uhland titulada der klein Roland. La fuente de donde la tomó el poeta español, es La historia del nacimiento y primeras empresas del conde Orlando, por Pedro López Enríquez de Calatayud: Valladolid, 1585. La pobreza de Reynaldos trata de los sufrimientos y hechos de Reynaldos de Montalbán, hijo de Haimón, durante su destierro, con arreglo al Libro del noble y esforzado caballero Reynaldos de Montalbán, por L. Domínguez: Sevilla, 1525. En El marqués de Mantua, la leyenda de Baldovinos y Carloto, muy conocida en España por los romances populares, y fundada en las tradiciones pertenecientes al ciclo de Carlomagno y sus paladines, aunque modificada ya por el sello nacional; en El nacimiento de Ursón y Valentín, un arreglo dramático del libro de las aventuras de los sobrinos de Pipino, muy parecida en su argumento á la leyenda más popular del emperador Octaviano (Histoire de deux nobles et vaillants chevaliers Valentin et Orson: Lyon, 1495; la italiana en Venecia en 1558: no sabemos si existe alguna versión española). La patética historia de la bella Magalona, repetida en todas las lenguas europeas (en español La historia de la linda Magalona, hija del rey de Nápoles y del muy esforzado caballero Pierres de Provenza: Toledo, 1526; Sevilla, 1533), es el asunto de Los tres diamantes, drama excelente por su argumento, aunque en la traza del plan se observen algunos lunares, comunes á las primeras obras de Lope; pero anima al conjunto tanto vigor, reina en todo él tal encanto romántico, que nos arrebata y nos hace olvidar sus defectos.
Otros, fundados en los mismos ciclos tradicionales, como El jardín de Falerina (de Boyardo, lib. II, cap. 3.º, págs. 66 y siguientes), Los celos de Rodamonte y La Circe Angélica (del Ariosto), Angélica en el Catay (continuación de Ariosto, por Lope), Roncesvalles, La venganza de Gayferos, etc., no los hemos leído, y, según todas las probabilidades, no existen ya en nuestros tiempos.
Llegamos ahora á los dramas basados en novelas italianas ó españolas. El mayordomo de la duquesa de Amalfi (del Bandello, parte 1.ª Nov. 26), es importante, porque podemos compararlo con la antigua tragedia inglesa de Webster, cuyo argumento se funda en el mismo suceso (The Duchess of Malfy, en las Works of John Webster, ed. Alexander Dyce, London, 1830, vol. I); pero la ventaja es aquí del autor inglés sin género alguno de duda, porque su obra, excéntrica á la verdad, pero original hasta lo sumo, y de notabilísima pintura de afectos, es de lo más notable que escribieron los coetáneos de Shakespeare, mientras que el drama español, trazado con ligereza, sólo nos ofrece un tejido de ordinarias y vulgares intrigas.
Los Castelvines y Monteses, de Lope, está fundado en la misma versión italiana (Novelle di Bandello, tomo II, Nov. 9), que el Romeo y Julieta, de Shakespeare. Parécenos interesante exponer la serie de sus escenas, para compararlo con la célebre tragedia inglesa.
Jornada primera. Roselo (el Romeo de Shakespeare) y Anselmo, dos caballeros del partido de los Monteses, discurren sobre una fiesta, que se ha celebrado en el palacio de los Castelvines. Se oye á lo lejos la música de esta fiesta; Roselo desea vivamente asistir á ella; su amigo intenta disuadirlo de esta locura, porque los Castelvines son implacables enemigos de los Monteses; pero al fin acuerdan enmascararse y entrar así con los invitados. La escena segunda representa el alegre bullicio de la fiesta. Antonio, caudillo de los Castelvines, conversa con otros de su partido, y manifiesta su ardiente deseo de casar á su hija Julia con el joven Octavio, aunque sienta que el corazón de ella no parezca muy inclinado en su favor. Mientras tanto aparecen enmascarados Roselo y Anselmo. Roselo, al ver á Julia, experimenta tal emoción, que casi pierde el sentido, y en este desorden se quita la máscara. Antonio lo conoce al punto, sale de sí de rabia é intenta matarlo, aunque no lo ejecuta merced á los ruegos de los demás caballeros, que invocan en favor de su enemigo los derechos de la hospitalidad. Roselo se acerca á Julia mientras tanto; ella exclama:
Si el Amor se disfrazara
Para dar envidia á Febo,
Pienso que de este mancebo
El talle y rostro buscara;
Y yo pienso que Amor es,
Que, para quitar la paz,
Viene con este disfraz.