Seguramente no es grande el valor poético de esta composición; falta el arte en el conjunto de la acción, y su desarrollo es duro y grosero; pero, sin embargo, respira toda ella cierta frescura y grata sencillez. Las temerarias hazañas del negro, que milita bajo las banderas del duque de Alba, y que, á fuerza de osadía, consigue la investidura de caballero de la Orden de Santiago (entre otras empresas, por haber penetrado solo en el campamento enemigo y haber hecho prisionero en su tienda al príncipe de Orange), excitan un vivo interés á causa de las animadas descripciones, que llenan á esta comedia. La rudeza de su exposición se harmoniza admirablemente con el colorido popular, que la distingue[48].

Si juzgamos ahora en general á todos los poetas, que hemos mencionado desde Guevara (en cuanto es lícito, atendido el escaso número de sus obras existentes), no merecerán, por cierto, grandes alabanzas. Las comedias de que hablamos, nos recuerdan en demasía la infancia del teatro; muéstrannos el arte dramático, que alcanzó tanta perfección en tiempo de Lope de Vega, notablemente degenerado, careciendo, sin duda, de crítica los literatos, que las comparan con las de aquel gran maestro. Aun las peores obras de Lope aventajan á las mejores de éstos en la dignidad del estilo y en la elegancia de la dicción poética. Raros vestigios se observan en ellas de traza sensata del plan, y aún menos de sello artístico en los sucesos; al contrario, siguen los unos á los otros grosera é inmediatamente, y parecen diseñados con toscas pinceladas. Falta en ellas por completo la delicada veladura de sus detalles, y las transiciones poéticas; su diálogo es poco flexible y nos ofrecen en confuso desorden lo ordinario, común y trivial, al lado de lo patético, y rasgos de mal gusto envueltos en hinchadas estrofas. Verdad es, que, á pesar de tales defectos, se encuentran á veces aisladas bellezas, aunque por lo general pertenecen más bien al asunto, manejado con anterioridad por otros, que al poeta que los expone, cuando es lo cierto que el verdadero genio les hubiese dado mucho mayor realce. Así se explica que estos dramáticos no pudieran rivalizar con Lope de Vega, ni merecer largo tiempo el favor del público; ya en el segundo cuarto del siglo XVIII apenas se mencionan sus nombres, siendo escaso el interés que excitaban, aun para imprimir sus obras, no encontrándose ninguna de ellas en las grandes colecciones de comedias españolas, hechas posteriormente[49].

Otros muchos poetas contemporáneos son aún menos importantes para que su memoria se perpetuara en la literatura. Los nombres de estos escritores dramáticos, que indicaremos á continuación sin más comentarios, puesto que, al parecer, no existen obras suyas impresas, ó no han llegado á nuestra noticia, son los siguientes:

El licenciado Justiniano. Atribúyensele en los catálogos de Medel del Castillo (Madrid, 1735) y de la Huerta dos comedias, tituladas Los ojos del cielo y Santa Lucía.

Juan de Quirós, jurado de Toledo, que no debe confundirse con Francisco de Quirós, posterior á él.

Navarro, licenciado en Salamanca.

El licenciado Martín Chacón, familiar de la Inquisición.

D. Gonzalo de Monroy, regidor de Salamanca, distinto del más famoso Cristóbal de Monroy.

El Dr. Angulo, regidor de Toledo.

El Dr. Vaca, sacerdote y beneficiado en Toledo.