Alonso del Castillo Solórzano, escritor muy fecundo, que en el reinado de Felipe III, y en los primeros años de Felipe IV, vivió al servicio del marqués de los Vélez, virrey de Valencia, escribió, además de muchas novelas, algunas comedias, y entre ellas La victoria de Norlingen. Entre los poetas dramáticos españoles, merece también mencion especial el célebre conde de Lemos, virrey de Nápoles. Sábese que compuso una comedia titulada La casa confusa, que se representó en el palacio del duque de Lerma, con asistencia de Felipe III.
La afición de escribir para el teatro fué tan general, que algunos autores que habían mostrado su talento en otros géneros literarios, quisieron ensayarse también en el de la poesía dramática. Así, por ejemplo, el conocido Don Francisco de Quevedo y Villegas, juntamente con D. Antonio de Mendoza (poeta que floreció en el reinado de Felipe IV), compuso una comedia, que se representó en una fiesta en el palacio del conde de Olivares. Desgraciadamente, según todas las probabilidades, esta comedia, titulada Quien más miente medra más, se ha perdido para nosotros, aunque se conserven en la colección de las obras de Quevedo una serie de entremeses suyos muy entretenidos.
D. Luis de Góngora, muchas veces mencionado antes, aunque sin vocación especial para el drama, quiso también probar sus fuerzas en este terreno, arrastrado por las corrientes de la moda; pero sus tentativas tuvieron mal éxito, y no llevando su nombre las dos comedias tituladas Las firmezas de Isabela y El doctor Carlino, hay motivos para dudar que hayan sido escritas por tan ingenioso poeta.
Los imitadores de Góngora no quisieron ser menos que su maestro. Así, el culterano Félix de Arteaga compuso una comedia, Gridonia, que revela ya en su calificativo (invención real) el estilo culto. Hállase inserta en las Obras póstumas divinas y humanas, de D. Félix de Arteaga: Madrid, 1641.
También las mujeres pagaron su tributo á la predilección con que se cultivaba la poesía dramática, contándose entre ellas á Doña Bernarda Ferreira de la Cerda, portuguesa instruída, llamada á Madrid por Felipe III para enseñar latín á las Infantas. Hay un tomo de comedias españolas[22] de esta señora, y la tragicomedia Los jardines y campos Sabeos, Lisboa, 1627, de Doña Feliciana Enríquez de Guzmán.
Ya en tiempo de Lope de Vega no era raro que se reuniesen varios poetas para componer una comedia; sin embargo, la mayor extensión de esta costumbre cae juntamente en la época, á que consagramos el tomo siguiente de esta historia del teatro español, por cuyo motivo reservamos para ese lugar el examen de la significación de las palabras impresas en algunas comedias, expresando que han sido escritas por uno, por dos ó por tres ingenios de esta corte. También trataremos entonces, por creerlo así más oportuno, de las grandes colecciones de las obras dramáticas españolas, cuya mayor parte fué dada á luz á mediados del siglo XVII.