El lugar de la escena es en la corte del rey de Navarra. Don Juan de Zúñiga tiene relaciones amorosas con Doña Sol, emparentada con la familia real, y es pretendida al mismo tiempo por Don Carlos, Príncipe heredero de la Corona. Una noche se encuentran los dos rivales en la puerta de la casa de Doña Sol; suscítase entre ellos un altercado, y el Príncipe, usando de su autoridad soberana, le manda renunciar á su amor. Pero Don Juan, para asegurar por completo la posesión de su amada, forma el proyecto de casarse con ella en secreto. El Príncipe, que continúa tratando á la dama, aunque ignora todavía si se ha celebrado ó no el casamiento, lleno de ira al saber que no se han cumplido sus órdenes, encarga á Don Jaime, amigo de Don Juan, que lo mate. Don Jaime, mientras finge obedecer las órdenes del Príncipe, advierte á su amigo el peligro que le amenaza, obligándole á huir para salvarse, y prometiéndole que, durante su ausencia, él será el protector de Doña Sol. Don Juan accede á las súplicas unidas de su amigo y de su esposa, cuyo tierno afecto describe el poeta de un modo muy agradable, y se encamina á una aldea próxima, en donde se mantiene oculto. Doña Constanza, mientras tanto, otra dama enamorada de Don Juan, cuya suerte le sigue interesando, forma el proyecto de explotar la cólera del Príncipe, escribiéndole billetes amorosos y dándole citas nocturnas bajo el nombre de Doña Sol. El Príncipe, por equivocación, llega una noche al aposento de la verdadera Doña Sol, la cual lo rechaza enérgicamente, como exigía su deber; pero esta conversación llega á oídos de Don Juan, que había venido á hacer una visita secreta á su esposa, y como desconoce el conjunto de circunstancias, causa de esta entrevista, tiene por infiel á su esposa, á la cual acusan las apariencias. Preséntase luego movido de rabiosos celos; prorrumpe en dicterios contra Doña Sol, y es encerrado en la cárcel por orden del Príncipe. El Rey, que, mientras tanto, ha prometido la mano de su hijo á la Princesa heredera de la Corona de Aragón, se muestra muy descontento de la pasión que lo extravía y distrae, por cuyo motivo pone en libertad á Don Juan, y le manda que dé muerte á Doña Sol. Don Juan, excitado por los celos, y en la inteligencia de que su honor ha sido manchado, sin pensar más que en su venganza, se dispone á ejecutar las órdenes del Rey, penetra de noche en la casa de Doña Sol, no da crédito á sus protestas de inocencia, y se prepara á herir su pecho, cuando oye cerca de la casa un coloquio amoroso, conociendo la voz del Príncipe, que habla con otra dama, que no es su esposa Doña Sol. Desengañado entonces de su error, y convencido de la fidelidad de su mujer, se precipita al punto en sus brazos; en este momento aparece el Rey con servidores, que traen antorchas, y en vez de encontrar el cadáver que esperaba, encuentra á los dos esposos estrechamente abrazados, y también al Príncipe su hijo en brazos de Doña Constanza. Don Juan declara que se ha casado en secreto con Doña Sol, y el Príncipe conoce, averiguado su engaño, que tan largo tiempo le ha dominado, lo insensato y fantástico de su amor, manifestándose, en su consecuencia, dispuesto á ofrecer su mano á la Infanta.
Entre todas las comedias de Godínez que han llegado á nuestra noticia, nos parece ésta la mejor. El drama heróico Cautelas son amistades, es defectuoso por el argumento alambicado que constituye su acción; los disfraces, las equivocaciones y las asechanzas y tretas de unos personajes con otros se acumulan de tal modo, que es ímprobo trabajo seguir el hilo de la intriga en este enredo obscuro. El drama religioso, titulado La Virgen de Guadalupe, contiene, á la verdad, algunos rasgos bellos y poéticos, pero desaparecen ante las innumerables faltas de regularidad y de buen gusto que lo llenan. De todas maneras, no es tan grande la importancia de este autor que exija el análisis crítico de otras comedias suyas, como Los trabajos de Job, Celos son bien y ventura, Acertar de tres la una, Adquirir para reinar, Amán y Mardoqueo, ni tampoco de sus autos, como, por ejemplo, el titulado El segundo Isaac.
Carecemos también de datos biográficos acerca de Luis de Belmonte[11], sabiéndose únicamente que floreció en tiempo de Lope de Vega. Sus comedias son poco más que medianas, y no brillan por su originalidad. En El príncipe villano observamos una fábula novelesca, ya común y conocida, por lo menos, en cuanto al modo de presentarla en el teatro, muy vulgar en España, no siendo preciso atormentar mucho la imaginación para imprimirle algunas modificaciones y llevarla á la escena. Un Príncipe de Dinamarca, que con nombre supuesto se dirige á la corte del Rey de Polonia para enamorar á su hija; la pasión de esta Princesa por un mancebo particular, que penetra en palacio disfrazado de caballero y mata á cierto Príncipe en un torneo, persiguiéndole el Rey por esta causa, y ocultándole la Princesa en su gabinete; encuentros nocturnos y desafíos; por último, el descubrimiento de que el presunto galán labrador es también un Príncipe, son los elementos manejados para el teatro, con molesta repetición por los autores anteriores, y que por lo mismo no ofrecen aliciente ni interés alguno, tan conocidos y tan gastados.
La renegada de Valladolid es una amalgama extraña de intrigas profanas amorosas y de tendencias místicas. Doña Isabel, joven dama de Valladolid, ha hecho voto de ser monja, y está á punto de entrar en el convento, cuando se enamora de repente de un caballero que sirve bajo las banderas de Carlos V, y se perjura de manera, que quebranta locamente sus votos y se escapa con su amante. Los dos, después de diversas aventuras, son cautivados por los moros de África. Pero el amor de Isabel á su acompañante se ha transformado poco á poco en verdadero odio; lo abandona, por tanto, y accede á los ruegos del Rey de los moros, que la pretende, llegando á ser la sultana favorita y á renegar de la fe cristiana. El destino hace entonces que el hermano de Isabel sea también cautivo en África, pero éste es un modelo de virtud y de piedad, como la hermana de lo contrario; primero sufre todos los males de la esclavitud con incansable paciencia, y persevera con tal constancia en su fe, que está dispuesto á sufrir por ella el martirio. La hermana lo atormenta con todo linaje de males, pero él logra al cabo convertir á la apóstata, que vuelve arrepentida al gremio de la Iglesia, y que utiliza su elevada posición social para libertar á todos los cautivos cristianos.
En algunas ediciones antiguas aparece la célebre comedia, titulada El diablo predicador, como obra de Belmonte, aunque otras lo atribuyan á Antonio Coello, y algunas se limiten á llamar á su autor un ingenio de esta corte[12]. Por lo que hace á su estilo, se asemeja, sin duda, al de las demás obras de Belmonte, y si es suya, en efecto, es seguramente la mejor. El diablo Lucifer ha conseguido con sus artificios exasperar sobremanera á los habitantes de Luca contra los frailes franciscos; nadie les da limosnas, se ven en la mayor necesidad, casi á punto de morir de hambre, y por último, les ordenan los magistrados de la ciudad que abandonen su convento y que se repartan por el mundo como puedan. Pero cuando el demonio triunfa de este modo de los pobres frailes, baja del cielo el Niño Jesús y lo condena, para castigar su maldad, á transformarse á su vez en fraile francisco, y á predicar en público y recoger limosnas, hasta que se edifique otro convento mayor para la misma orden, por la piedad que despierte en los habitantes de Luca, y con los dones y riquezas que se granjee. Lucifer se desespera al verse forzado á trabajar contra sí mismo, si ha de obedecer este mandato, pero no le es posible evitar su cumplimiento; se viste el hábito franciscano y se presenta de repente en medio de los frailes en el instante en que se disponían á abandonar su convento:
LUZBEL.
Deo gratias,
Hermanos... (Ap. ¡Fiero castigo!)
GUARDIÁN.
¡Válgame Dios! ¿Quién es, padre?
Que de verle aquí me admiro.
FRAY ANTOLÍN.
¿Por dónde ha entrado este fraile?
FRAY NICOLÁS.
Por la puerta no ha podido,
Que yo la cerré.
LUZBEL.
No hay puerta
Cerrada al poder divino.
Él es quien (sin que pudiera
Excusarme) me ha traído
Desde tan ignoto clima,
Que el puesto donde yo asisto
En mi vocación constante,
El sol, general registro,
Ó le perdonó por pobre
Ó dejó por escondido.
GUARDIÁN.
Dígame, ¿qué nombre tiene?
LUZBEL.
Mi nombre es, y mi apellido,
Fray Obediente Forzado;
De antes Querub...
FRAY ANTOLÍN.
Vizcaino
Debe ser el tal fraile.
GUARDIÁN.
Parece varón divino.
FRAY ANTOLÍN.
Bien su palidez lo muestra.
LUZBEL.
Pues jamás tan encendido
Tuve el espíritu.
GUARDIÁN.
Padre,
Díganos, pues, á qué vino;
Que nos tienen recelosos
Sus palabras y el prodigio
De entrar cerradas las puertas.
Algún engaño imagino
De nuestro común contrario;
¡Temblando estoy!
FRAY ANTOLÍN.
Yo apercibo
Hisopo y agua bendita,
Por si acaso es el maligno.
LUZBEL.
No teman y estenme atentos.
Orden traigo de Dios mismo
Á boca de reprenderles
La poca fe que han tenido.
Los que siguen la bandera
Del gran alférez de Cristo,
¿La plaza que les entrega
Desamparan fugitivos?
No há dos días naturales
Que puso el contrario el sitio:
¿Cómo desmaya tan presto
De vuestra esperanza el brío?
Los que debieran ser rocas
De corazones impíos
Á los embates, ¿qué oponen,
Siendo culpa lo indeciso,
Á riesgos amenazados
Temores ejecutivos?
Sabiendo que á nuestro padre
Prometió Dios que á sus hijos
No faltaría el sustento,
¿Incurren en un delito
Tan grande como el pensar
Que pueda lo que Dios dijo
Faltar? (Ap. ¡Que yo tal pronuncie!)
Crean (Ap. ¡Volcanes respiro!)
Que cuando de todo el orbe
Cerraron, á un tiempo mismo,
Los vivientes racionales
Á la piedad los oídos,
Los ángeles les trajeron
El sustento prometido
De su Criador, ó el demonio
Porque fuese más prodigio.
FRAY ANTOLÍN.
Con el fervor echa llama
Por los ojos.
GUARDIÁN.
Padre mío,
Bien se ve que es enviado
De Dios..............
Lucifer comienza entonces á desempeñar su comisión, y pronto toman el aspecto más favorable los negocios de los franciscanos. Las limosnas llueven de todas partes, y al poco tiempo reunen la suma necesaria para edificar con tan piadosos dones un convento nuevo mayor. El pretendido monje muestra una actividad sobrehumana: predica en todas las calles, y al parecer en muchas á la vez; ayuda á la construcción del convento, pero es tan singular en todas sus acciones, que los pobres hermanos no saben cómo explicarlo, y sólo el Padre Guardián, por revelación divina, conoce con certeza su diabólico carácter.
FRAY PEDRO.
Él es varón prodigioso,
Padre Guardián: sus portentos
El sér humano desmienten.
GUARDIÁN.
De muchos santos leemos,
Padre, portentos tan grandes,
Y eran humanos.
FRAY NICOLÁS.
Es cierto,
Y que podía Dios en éste
Obrar lo que en aquéllos,
Y más, si fuere servido.
FRAY PEDRO.
Claro está; pero no es eso
Lo que nos tiene confusos,
Sino ignorar en qué reino
Ó en qué provincia este santo
Tomó el hábito; porque esto
Ni él ha querido decirlo,
Ni hemos podido saberlo;
Con que juzgo que no es fraile.
GUARDIÁN (aparte).
Ni aun quisiera parecerlo.
FRAY NICOLÁS.
Yo he pensado que es Elías,
Porque manda con imperio
Notable y con aspereza.
GUARDIÁN (aparte).
No asistía en tan ameno
País.
FRAY PEDRO.
Yo creo que es ángel.
GUARDIÁN (aparte).
Puede ser; pero no bueno.
FRAY PEDRO.
Porque sufrir cada día
Un trabajo tan inmenso
Como andar la ciudad toda
Y asistir en el convento,
Que labra con tanta priesa
Trabajando y disponiendo,
Y hallarse presente en casa
Cuando importa, siendo cuerpo
Humano, fuera imposible,
Sin que tal vez por lo menos
El cansancio le rindiera.
GUARDIÁN.
Sólo asegurarle puedo,
Padre, que Dios lo ha enviado;
No examinen sus misterios.
A Fray Forzado obedezcan
En todo, pues cuanto ha hecho
Y cuanto ha mandado es justo;
Que yo también lo obedezco,
Y soy su guardián.
(Sale Fray Antolín.)
FRAY ANTOLÍN.
No hay parte
Segura de este hechicero;
Dos gazapos me ha sacado
Que escondí en un agujero,
Con una vara de hondo;
Por mi mal vino al convento;
Él ha dado en perseguirme.
GUARDIÁN.
Fray Antolín, pues ¿tan presto
Se vuelve á casa?
FRAY ANTOLÍN.
Sí, padre;
Que dos veces el jumento
Y yo venimos cargados,
Y es fuerza volverme luego,
Que quedan muchas limosnas
Por traer.
GUARDIÁN.
Gracias al cielo;
¿Dónde queda Fray Forzado?
FRAY ANTOLÍN.
No sé; que sólo le veo
Cuando él quiere que le vea.
En la obra del convento
Que labra está todo el día;
Pero no deja por eso
De entrar en más de mil casas.
Él camina más que el viento,
Y trabaja por cien hombres;
En la fábrica, un madero
No le pudieron subir
Veinte hombres; llegó á este tiempo,
Y asiéndole por el cabo,
Á no agacharse tan presto
Los que arriba le esperaban,
Los birla y vienen al suelo.
GUARDIÁN.
Esa bien se ve que es fuerza
Sobrenatural.
FRAY ANTOLÍN.
Á tiempos
Está que parece un ángel,
Y otras veces en el cielo
Pone los ojos, y brama
Como un toro, y yo sospecho
Que, aunque él disimula, tiene
Muchos males encubiertos,
Y sin duda que son llagas;
Que huele muy mal el siervo
De Dios......................
Lo expuesto da sólo una idea general del argumento de esta comedia; pero es imposible comprender en un extracto de ella las numerosas y divertidas escenas, que desenvuelve el poeta con gracia, y ateniéndose al principio fundamental que le sirve de base. La descripción que se hace de la conducta del demonio, por una parte, predicando el amor de Dios y haciendo milagros para terminar cuanto antes la misión fatal que se le ha ordenado; las frases obscuras é incomprensibles, con que expresa su repugnancia á llenarla, y el éxito extraordinario de sus obras, contrarias á su propio interés; los medios de que se vale para mitigar algún tanto su dolor, atormentando á los demás monjes, y asustándolos con sus apariciones repentinas cuando creen que está más lejos de ellos; y por último, su regreso á los infiernos después de ejecutar en todo los mandatos divinos, todo esto, repetimos, es de una gracia y de un ingenio incomparable.