Escribo esta historia sin pasion, ni artificio, como de cosas que nada me tocan. Ni soi judío, ni vengo de judaizantes. Solo es mi propósito sustentar la verdad: lei á que debe caminar ajustado todo historiador; i ella no puede peligrar en mi pluma, porque no acostumbro ver con ojos apasionados lo que está lejano de mis opiniones.

Algunos escritores han hecho mencion de los sucesos prósperos i adversos de los judíos españoles, i no han faltado escelentes ingenios para tratar de los tiempos de su espulsion; pero casi todos no han cortado sus relaciones á la medida de la verdad, asi por el miedo á los Reyes Católicos, mientras vivian, como, despues de muertos, por el odio que bebieron en los pechos de sus madres contra todo lo perteneciente á la nación judáica.

De esta suerte hombres en sangre ilustres, i tenidos en la prudencia por cuerdos, en la virtud por únicos, i en las ciencias por maestros, se dejaban arrebatar de la corriente de mil locuras i desvarios, i llegaban á un punto de estremada ceguedad, causando un daño irremediable á la historia i á las letras. Por donde se ve que no son bastantes los estudios, no el claro ingenio, no las ciencias para formar la sabiduría en el hombre, sino sacar el entendimiento de las cárceles en que está aprisionado desde la niñez, limpio de la corrupcion i del veneno que bebió en las doctrinas del vulgo, i en la ignorancia de sus padres i maestros.

Las noticias que tenemos del establecimiento de los judíos en España están inficionadas de muchos i grandes errores; puesto que hombres doctisimos i tenidos en la historia por veraces, dieron fe á consejas de la ruda i baja plebe, i á documentos fingidos ó por el interés, ó por un vano deseo de ver acreditados con ellos sus patrañas.

Cuentan algunos escritores que Nabucodonosor, rei de Babilonia, despues de haber allanado los muros de la soberbia Jerusalen i puesto en cautividad al pueblo israelita, prosiguió sus victoriosas empresas, destruyendo á Tiro i Egipto, i los lugares situados en las riberas africanas. Despues para tomar venganza i satisfaccion de los fenicios por haber dado socorro á los de Tiro, cuando él los apretaba con un porfiado cerco, entró en las tierras de España, sujetó á sus habitadores i dejó en ellas gran número de judíos que caminaban con su ejército: los cuales echaron los fundamentos de Toledo, Sevilla i otras antiquisimas ciudades. Tertuliano, Eusebio Cesariense, San Clemente Alejandrino i algunos autores mas, tratan á la larga de las conquistas i navegaciones hechas por Nabuco, así en la Libia, como en toda Asia hasta Armenia, i ninguno habla de la venida i toma á sangre i fuego de la península hispánica. I, aunque pudieran traerse razones i argumentos tan verosímiles, que fueran parte para mostrar claramente que ganó á fuerza de armas i brazos estas tierras, hai mayores para creer que con su ejército no vinieron judíos. Sabido es el odio i perpétua desconformidad que habia entre estos i los asirios, especialmente por la religion, segun el testimonio del grave i auténtico historiador Flavio Josefo. Entre ellos andaban enajenados los ánimos con ciego rencor i enemiga: los unos por verse puestos en esclavitud i miseria: los otros por recibir continuamente i á la sorda daños de los mismos que tenian oprimidos en pesado cautiverio. Es caso, por tanto, imposible de creer que Nabucodonosor para la jornada atrevidisima de Africa i España trajese en compañía de su ejército, á tan temibles i molestos enemigos; í aun mas, que dejase en manos de ellos las tierras que con la sangre, sudor i trabajos de sus vasallos habia adquirido.

Otros historiadores afirman que vinieron judíos á España con su capitan Pirro en este tiempo, i que poblaron en dos partes: una llamada Toledo i otra Lucina ó Lucena. Pero todas estas noticias van separadas de la verdad muchas leguas de camino. La cierta i mas acreditada es que los que escaparon de la muerte en la toma de Jerusalen fueron llevados en cadenas á Babilonia. Así se lee en el libro de los Reyes i en el Paralipomenon.

Los que han querido dar por cierto el establecimiento de los judíos en España, despues de su conquista por las armas de Nabucodonosor, afirman que estos tenian en las mas principales ciudades de la península hispánica sinagogas, de quienes era cabeza i primada la de Toledo. Cuentan además, que cuando empezaba Jesucristo su predicacion en Jerusalen, como determinasen los escribas i fariseos perderlo i tuviesen siempre la costumbre de consultar con todas las sinagogas del universo en los asuntos mas dificultosos, para pedirles su parecer i consentimiento, enviaron á la archisinagoga de Toledo cartas de los príncipes i sacerdotes con un tal Samuel, su mensajero. Juntáronse los judíos de Toledo en concilio, i en nombre de las demás sinagogas de España, de las cuales tenian poderes, respondieron, despues de haber dado oidos tambien á la lectura de las cartas de un tal Eleázaro sacerdote suyo i varón de santa vida, que llamado de sus negocios habia tomado el camino de Jerusalen, i era testigo i aficionado á la vida i hechos milagrosos de Jesus. La respuesta era una contradiccion de los judíos españoles para que los de Jerusalen no quitasen la vida á Jesucristo. Dicen que fué hallada despues en Toledo, cuando don Alonso VI sacó del poder de moros esta ciudad; que estaba escrita en lengua hebrea, i traducida luego en la arábiga, de órden de un sabio rei moro que tenia por nombre Galifre: que mandó aquel monarca volverla en la castellana de aquel tiempo; i que hasta el año de 1494 se conservaba en los archivos toledanos: de los cuales fué arrebatada por los judíos espulsos de España.

Esta patraña, que yo la tengo por tal, está acreditada por muchos i mui buenos escritores, engañados por el forjador de semejante documento, tales como don Frai Prudencio Sandoval[1], Arias Montano[2], el doctor Juan de Vergara[3], el doctor Francisco Pisa[4], Frai Juan de Pineda[5], Quintana Dueñas[6], Rodrigo Caro[7], Tamayo de Vargas[8], Francisco de Padilla[9], don José de Pellicer[10], don Diego de Castejon[11], Rodrigo Mendez de Silva[12] i otros muchos que por no caer en prolijidad remite al silencio mi pluma. Para honra de las letras españolas no callaré que la han reputado por apócrifa varios autores insignes, tales como el marqués de Mondejar, el sapientisimo Nicolás Antonio i otros escelentes críticos. Dice la carta así, traducida, segun quieren hacernos creer, en la lengua i en los tiempos de don Alonso VI.

«Leví, archisinagogo, et Samuel, et Josef, homes bonos de el Aljama de Toledo, á Eleazar, muid gran Sacerdote, é á Samuel Canut y Anás, y Caiphás, homes bonos del Aljama de la tierra Santa, salud en el Dios de Israel.

Azarias voso home, maeso en ley, nos adujo las cartas que vos nos embiabades, por las cuales nos faciades saber como pasaba la facienda de el profeta Nazaret, que diz que facie muchas señas. Coló por esta vila[13], non ha mucho, un cierto Samuel, fil de Amasias et fabló nusco[14], et recontó muchas bondades deste home, que dizque es home humildoso é manso é fabla con los laceriados: que faz á todos bien, é que faciendo á él mal, él non fas mal á ninguen; é que es home fuerte con superbos é homes malos, é que vos malamente teniades enemiga con ele, por cuanto en faz él descubria vosos pecados: ca por cuanto facia esto, le aviades mala voluntad, é perquirimos[15] de este home, en que año ó mes ó dia avia nascido, é que nos dijese, fallamos que el dia de sua natividade fueron vistos en estas partes tres soles, que muelle á muelle[16] se ficieron soldemente[17] un sol; é cuemo[18] nosos padres cataron esta seña, armados dijeron que cedo[19] el Mesías nasceria, é que por ventura era ya nascido. Catad, hermanos, si ha ya venido é non lo hayais acatado. Rellataba tambien el susodicho home que el suo pai[20] le recontaba que ciertos magos, homes de mucha sapiencia, en la sua natividade legaron á tierra santa, perquiriendo el logar donde el niño santo era nascido, é que Herodes voso rei, se asmó[21] é depositó junto á homes sabios de sua vila, et perquirió donde nasceria el infante, por quien perquirian magos é le respondieron: En Betlem de Judá, segun que Micheas de Pergino profetó, é que dijeron aqueles magos que una estrella de gran claridad de lueñe[22] adujo á tierra santa. Catad non sea esta la profecía: Cantaran reyes é andaran en claridad de la sua natividade. Otro sí catad non persigades al que forades tenudos[23] mucho honrar é recibir de bon talante, mais facer lo que tuviereis por bien aguisado[24]. Nos vos decimos que nin por consejo, nin por noso alvedrío venirémos en consentimiento de la sua morte; cá si nos esto ficiésemos, logo seria nusco la profecía que diz: Congregaranse de consuno contra el Señor é contra su Mesías. E damos vos este consejo, magüera sodes homes de muta sapenza, que tengades grande afincamiento[25] sobre tamaña facienda; porque el Dios de Israel, enojado con vusco[26] nos destruirá casa segunda de voso segundo templo, cá sepades cierto cedo ha de ser destruido, é por esta razon nosos antepasados que salieron de captiverio de Babilonia, siendo suo capitane Pirro, que envió rey Ciro, é adujo nusco muitas riquezas que tolló de Babilonia el año de sesenta y nueve de captividade, é fueron recuidos[27] en Toledo de gentiles que y[28] moraban, é edificaron una grande Aljama, é non quisieron volver á Jerusalen otra vegada[29]. De Toledo, catorce dias de el mes Nizan, era del César diez y ocho, y de Augusto Octaviano setenta y uno.»