ATOSSA
Sí, cierto. Es voz enteramente confirmada, y sobre la cual no hay discrepancia alguna.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Ay! ¡Cuán pronto vino el cumplimiento de los oráculos! En mi hijo ha hecho Zeus que se ejecuten los divinos anuncios. Imaginábame yo que los dioses habían de tardar largo tiempo en llevarlos a cabo; pero cuando el hombre corre desatentado a su destino, hasta el cielo se junta con él, y le ayuda a despeñarse. Ya brotó para los nuestros la fuente de todos sus infortunios, y mi hijo ha sido quien la ha hecho brotar con su inconsiderada y juvenil audacia ¡Él, que esperaba que había de encadenar al sagrado Helesponto como a un esclavo, e impedir que corriesen las divinas aguas del Bósforo! ¡Él, que con echar a sus ondas unos grillos bien forjados, presumió forzarle a torcer su natural impulso, y abrir ancho camino para su inmenso ejército! ¡Desaconsejado mortal que creía que había de ser más poderoso que todos los dioses, y que Poseidón! ¿Cómo pudo ser, para hacer tal, que la demencia no se hubiese apoderado de mi hijo? ¡Ah! Temo que aquellos tesoros que alcancé con tantos esfuerzos no sean ahora presa del primero que quiera ocuparlos.
ATOSSA
Tal fué la enseñanza que sacó el arrebatado Xerxes de comunicar con hombres funestos. Decíanle que tú habías ganado con tu lanza grandes riquezas para tus hijos, mientras que él con flojedad de ánimo reducíase a jugar la lanza en su palacio, sin aumentar nada la herencia de su padre. De continuo estaba oyendo oprobios como éstos de boca de aquellos malvados, y al fin determinó mover su ejército y llevarle contra la Hélade.
LA SOMBRA DE DARÍO
¡Grandísima hazaña en verdad la de ellos y por siempre memorable! ¡Calamidad que ha desolado a la ciudad de Susa, como ninguna de cuantas cayeron sobre ella desde que Zeus todopoderoso quiso conceder a un solo hombre el honor de imperar sobre toda la rica Asia, empuñando el cetro real! De Media era el primer rey de nuestro pueblo. Otro Medo perfeccionó su obra; su hijo, hombre en quien la prudencia llevó siempre el timón de sus resoluciones, Cyro, fué quién le sucedió, tercer rey nuestro y varón afortunado que una vez en el trono dió paz a todos sus súbditos. Él unió a su imperio a Lidios y Frigios y subyugó por fuerza de armas la Jonia entera. Siempre recto en sus pensamientos, jamás se trajo sobre sí la ira del cielo. Su hijo reinó el cuarto, y después de él Merdis, oprobio de la patria y de su antiguo trono. El noble Artafernes con la ayuda de sus parciales, con quienes se conjuró, sorprendióle en su palacio, y le dió muerte. Con esto entró a reinar Marafis, y luego el mismo Artafernes, séptimo de nuestros príncipes. Por fin, la suerte vino a darme lo que tanto hacía que deseaba; pero con guerrear tantas veces, y mandar ejércitos numerosísimos, nunca mal como este traje sobre mi reino. Mas mi hijo Xerxes es mozo, y como mozo piensa, y no se acuerda de mis mandatos. Bien claro lo veis, antiguos compañeros míos, cuantos ejercimos la suprema potestad en Persia, todos juntos, no causamos jamás desastres tan grandes como el presente.
CORO
Y en fin, ¿qué determinas? ¡oh Darío, oh señor! Después de lo ya sucedido, ¿cómo haremos aún para que el pueblo persa vuelva a su antigua gloria?