Sí, ya vaticinaba a los míos todos sus infortunios.

CORO

¿Y cómo escapaste del rencor de Loxias?

CASANDRA

Después de mi engaño, nadie creyó más en mis palabras.

CORO

Pues a nosotros parécenos que tus oráculos merecen fe.

CASANDRA

¡Ay de mí! ¡oh desventura! ¡otra vez esta cruel fatiga, este espíritu profético que se apodera de mi mente, y me atormenta con siniestros anuncios! ¿No veis ahí, sentados en esa casa, a esos niños que semejan la aparición de un sueño? Los mismos que les debían amor les dieron muerte. ¡Vedlos ahí que aparecen sustentando en sus manos miserabilísima carga; su propia carne, sus entrañas, su corazón, manjar que gustó su mismo padre! Pero alguien medita su venganza; yo os lo afirmo; un león cobarde, guarda infiel de la casa, que se revuelca en el lecho conyugal, y está acechando la vuelta de mi dueño. ¡Ay de mí, que es mi dueño; que me veo forzada a sufrir el yugo de la esclavitud! Y el capitán de la armada, el destructor de Ilión, ¡no ve cuán fiero destino le prepara a traición con sus largas arengas y sus dulces sonrisas esa perra aborrecible! A tanto se atreverá. La mujer será homicida de su marido. ¿Qué nombre daría yo a ese monstruo venenoso? ¿La llamaré víbora? ¿la llamaré Escila, habitadora de los escollos y perdición de los navegantes? ¿la llamaré madre y ministro del Hades que respira odio implacable contra todos los suyos? ¡Y cómo la muy atrevida y malvada mujer brincaba y gritaba de contento cual si hubiese vencido en la pelea! ¡No parecía sino que se regocijaba con el feliz retorno de su esposo! Después de esto, si todavía no se me cree, ¿qué hacer? Lo que ha de ser, ello vendrá. Bien pronto presenciarás el suceso, y te moverás a lástima de mí y me llamarás adivina demasiado verdadera.

CORO