Pues ¿cómo no ha de ser justo volver mal por mal a un enemigo?

ELECTRA

¡Oh altísimo embajador de los dioses superiores e inferiores; Hermes, que habitas lo profundo, escúchame! Dígnate ser embajador de mis súplicas; haz que sean oídas de las deidades infernales, que tienen fijos los ojos en los que vertieron la sangre de mi padre. Que también las acepte benigna esta tierra, madre universal que pare y cría todas las cosas y vuelve a albergarlas en su omnifecundo seno. Y yo, derramando estas libaciones en honor de los muertos, te invoco a ti, padre mío. Ten piedad de mí y de mi amado Orestes. Que algún día seamos restituídos en nuestro hogar. ¡Errantes andamos ahora, y vendidos por la misma que nos parió, que ha puesto en tu lugar a Egisto, el cómplice de tu muerte! Yo estoy aquí como una esclava; Orestes, desposeído de su hacienda, vive en destierro, y ellos, los muy insolentes, se solazan a sus anchas con el fruto de tus afanes. Que vuelva Orestes en hora feliz; yo te lo ruego. Y a mí, padre, escúchame también; haz que sea yo más honesta que mi madre, y más piadosa de manos. Tal te pedimos para nosotros, y para tus enemigos, que te les aparezcas como tu propio vengador. Ven, haz justicia; da muerte a tus matadores. ¡Vaya para ellos esta maldición en medio de mis votos de ventura! Pero a nosotros, envíanos desde el profundo, padre, los bienes que te imploramos, con ayuda de los dioses y de la Tierra y de la Justicia vencedora. Ahí tienes mis preces, que acompaño con estas libaciones. Cumplid vosotras los venerandos ritos; cantad el Peán de los muertos y esparcid sobre el túmulo las flores de vuestro llanto.

CORO

¡Salid, lágrimas; salid, mortales gemidos; salid por nuestro asesinado señor! Caed sobre este su túmulo, baluarte de los buenos, y contra la odiosa impiedad de los malvados conjuro formidable. Ya corren las libaciones. ¡Escúchame, oh venerado señor mío; escucha la triste voz que sale de las tinieblas de mi alma! ¡Ah, ah, ah! ¡Ay de mí! ¿Quién será el esforzado varón cuyo poderoso brazo dé libertad a nuestra casa? ¿Qué Ares escita la acorrerá, ora venga armado del curvo arco de voladoras flechas, ora caiga sobre los culpables empuñando bien esgrimida espada?

ELECTRA

Ya bebió la tierra nuestras libaciones. Ya las tiene mi padre. (Reparando en el rizo que dejó Orestes.) ¿Pero qué novedad es ésta? Mirad lo que ocurre.

CORO

¡Habla ya! ¡Me ha dado un salto el corazón...! ¡Estoy temblando!

ELECTRA