No por ello será menos digno de ti el que tengas, ni menos tratado como amigo en esta casa. Lo mismo que tú cualquiera otro nos hubiera traído la noticia. Pero tiempo es ya que tengan lo que han menester, huéspedes que se han pasado el día caminando. (Al SIERVO.) Anda con él, y condúcele a la hospedería, y a su compañero, y que allá encuentren cuanta comodidad debe ofrecerles este palacio. Te recomiendo que lo hagas como quien después tendrá que darme cuenta. Nosotros comunicaremos la nueva al señor de esta morada, y pues no nos faltan amigos, con ellos consultaremos sobre el caso.
(Vanse el SIERVO, guiando a ORESTES, y PÍLADES, CLITEMNESTRA y ELECTRA.)
CORO
Ea, pues, compañeras de servidumbre, ¿cuándo hemos de esforzar nuestra voz pidiendo por Orestes? ¡Oh tierra sagrada!, ¡oh sagrado túmulo que descansas sobre el cuerpo de aquel rey que capitaneó tantas naves; escúchanos ahora, auxílianos ahora! Ahora que llegó el trance de que pelee por nosotros la astucia engañosa, y Hermes, desde las nubes donde habita, guíe la espada que ha de terminar la contienda. (El CORO, al sentir pasos, muda de tono y lenguaje; a poco sale GILISSA.) Paréceme que el huésped trama algo malo. Pero mira a la nodriza de Orestes, que viene hacia aquí deshecha en lágrimas. ¿Adónde vas, Gilissa, fuera de casa, arrastrando los tardos pies? Contigo va el dolor; ¡y no un dolor mercenario, ciertamente!
NODRIZA
La que manda ha dado orden de llamar a Egisto, que venga cuanto antes a ver a los huéspedes para que hable con ellos y averigüe él mejor la nueva que traen. Delante de los criados ha puesto ella el rostro triste, queriendo ocultar la alegría que lo sucedido le causaba; pero mal de su grado la retozaba en los ojos. Bien le ha venido la nueva que le dieron los huéspedes, harto cierta, y para esta casa infelicísima que pone colmo a su desventura. Pues cuando lo oiga aquél y lo averigüe ¡cómo se le alegrará el alma! ¡Ay, desdichada de mí! ¡Cuántas terribles calamidades se conjuraron de antiguo contra la mansión de Atreo, y afligieron mi corazón; pero dolor como éste nunca jamás le padecí! Todos los otros males había ido llevándolos en paciencia; pero mi Orestes, el dulce cuidado de mi alma, que de recién nacido le tomé de los brazos de su madre, y le crié; aquel cuyos lloros hacíanme levantar de noche, y andar paseándole sin cesar de un lado a otro... ¡Tantas incomodidades y fatigas; todo padecer en vano y sin fruto! Porque a un niño que no tiene uso de razón, fuerza es criarle como quien cría a una bestezuela. Y ¿cómo no? Conforme a lo que pide su condición. Un niño de mantillas nada dice; que tenga hambre; que tenga sed; que tenga ganas de orinar. Vientre de niño a nadie pide licencia. Sin duda ninguna, ya lo conocía yo; pero muchas veces me engañaba, y entonces había que ser lavandera de sus pañales. De esta suerte, el batanero y la nodriza tenían el mismo oficio. Entrambas cargas eché sobre mí al recibir el niño de su padre. Y ahora, ¡desdichada que yo soy! oigo que es muerto. Pero vamos en busca de ese hombre, que ha sido la perdición de esta casa. ¡Con qué gusto escuchará la nueva!
CORO
¿Con qué aparato manda ella que venga?
NODRIZA
¿Cómo has dicho? Repítelo, para que lo entienda mejor.