ORESTES
¡Vosotras no las veis, pero yo sí las veo! ¡Me persiguen! ¡No, no puedo estar aquí!
(Huye despavorido.)
CORO
¡Que tengan buen suceso tus desventuras! ¡Que el dios eche sobre ti mirada amiga, y te guarde en los peligros!
He ahí la tercera tempestad que se desencadenó sobre el alcázar de nuestros reyes. Los mismos de su linaje la han movido. Comenzaron por el horrendo banquete que se ofreció al desdichado Tiestes. Vino después el desastrado fin de aquel valeroso rey que acaudilló a todos los Aqueos: asesináronle en el baño. Y ahora, ¿cómo llamaré a esto último? ¿mi salvación o mi ruina? ¡Cuándo se saciará, cuándo se calmará, cuándo se adormecerá siquiera el encono de la desgracia!
III
LAS EUMÉNIDES