IO
¡Ay! ¡ay de mí, ay de mí! ¡Otra vez el delirio! Insano furor enciende y enajena mi alma. El tábano me punza con aguijón ardentísimo. Estremecido de terror el corazón palpita con rudo golpear dentro del pecho; giran mis ojos en sus órbitas; el furioso viento de la rabia me arrastra; mi lengua no obedece, y turbado el pensamiento en vano lucha con las ondas de mi acerbo infortunio.
(Vase.)
CORO
¡Qué sabio que era, qué sabio el primero que en su mente pensó, y con su lengua proclamó, que casarse entre iguales es el mejor partido, y que quien vive de sus manos no ha de codiciar bodas ni con el regalado de la fortuna ni con el ensoberbecido de su linaje!
Jamás, jamás, oh Moira, me vea yo en el lecho de Zeus. Jamás me una por esposa a ninguno de los celestiales. Me estremece ver a la casta virgen Io tan fieramente atormentada por Hera con las crueles penas de un correr sin descanso.
Una boda igual nada de temible tiene para mí; no la temo. Pero ¡que jamás se fije en mí la inevitable mirada de un dios poderoso! ¡Luchar sin lucha; camino sin salida! No sé qué sería de mí, porque no alcanzo cómo había de esquivar la resolución de Zeus.
PROMETHEO
Y con todo ello ese Zeus, aun cuando de ánimo tan arrogante, todavía alguna vez ha de ser humilde. Un hymeneo se dispone a celebrar que ha de derribarlo del poder, y derrumbar su trono, y desaparecerle de los que ahora le contemplan. Entonces se cumplirá en sus ápices la imprecación que lanzó su padre Cronos al caer de su secular imperio. Y contra este desastre, fuera de mí, ninguno de los dioses podría mostrarle remedio cierto. Yo lo sé y de qué modo. Asiéntese ahora en su trono muy sosegado y seguro; confíese en el tronante estampido que retumba en las alturas; vibre en su diestra el rayo igniespirante; que todo ello de nada le servirá para no haber de caer con ignominiosa e irreparable caída. Tal contendiente va a buscarse, invencible monstruo que encontrará un fuego más poderoso que el rayo, y un estampido que asorde el trueno, y hará saltar hecha astillas la lanza de Poseidón, el tridente, azote que alborota el mar y sacude la tierra. Cuando se estrelle contra su desgracia entonces aprenderá cuánto va de imperar a ser esclavo.
CORO