Cuando la felicidad humana era poca y la infelicidad era mucha, aquélla alcanzaba apenas para unos cuantos acaparadores y ésta sobraba para el resto de los hombres. Por efecto de los trabajos de las ciencias y las artes liberales que suprimen progresivamente la segunda, y de las reivindicaciones del pueblo que extienden periódicamente la primera, la educación de la inteligencia y de los sufrimientos, el bienestar y la dicha, podrán alcanzar para todos los hombres y las mujeres, y aun sobrar algo para los animales inferiores que también lo necesitan.
"El misterio de la justicia, que antes estaba en manos de los dioses, resulta estar en el corazón del hombre, que contiene al mismo tiempo la pregunta y la respuesta, y que quizás algún día se acordará de ésta", dice Maeterlinck.
"Llegará a ser materia de asombro, dice Spencer, que haya existido gentes que encontraran admirable disfrutar sin trabajar, a costa de los que trabajaban sin disfrutar", y sir Oliver Lodge encuentra ya extraño que un individuo pueda vender un pedazo de la Inglaterra para su beneficio particular.
"La humanidad está creciendo en inteligencia, en paciencia, en benevolencia—en amor", dice Hubbard. Los hombres de bien empiezan a encontrar en los afectos del hogar y de la amistad alegrías y satisfacciones bastantes para sentirse ampliamente compensados de todas sus virtudes en la tierra. Con el adelanto de la inteligencia, la bondad y la sensatez humanas; con la creciente abundancia de producciones en perspectiva por el desarrollo de las artes y las ciencias; que acabarán por suprimir la ignorancia, el vicio, el crimen, el dolor y la miseria; con la atenuación progresiva de las desigualdades del presente, que son el fruto de las iniquidades del pasado, por el mejoramiento incesante de la capacidad moral del individuo, se perfila en lontananza un tipo de hombre superior, que, sabiendo extraer del lado noble de la naturaleza humana todo el bienestar a que aspire, no sentirá la necesidad de que sus buenas acciones sean premiadas con recompensas desproporcionadas, ni castigadas con penas eternas los que le causen males pasajeros.
La materia de la religión, que es la necesidad de castigar en un mundo imaginario los males impunes del mundo real, y de premiar en otra vida las bondades no gratificadas en ésta, está viniendo a menos constantemente por el progreso moral de la especie humana, y se puede prever desde ahora que, cuando todas las acciones malas sean castigadas o perdonadas, y todas las buenas sean premiadas aquí, Dios se quedará sin tener nada que hacer allá, y a menos que se empeñe en ser más malo que los hombres, castigando lo que éstos olvidan, y dándoles, quand même, recompensas a que no aspiren, se verá obligado a clausurar definitivamente el purgatorio, el infierno y el cielo, dejando sin empleo a todos sus ministros en la tierra.
Y recién entonces podrán los hombres vivir inexplotados y en paz, y ser dichosos, en este mundo y en los otros.
Las ideas capitales de la civilización en el momento que pasa
LA VIDA Y EL BIENESTAR
En el siglo XIV, en el que 25:000.000 de habitantes—casi la mitad de la población de Europa—sucumbieron de la peste negra, los peligros que asediaban permanentemente al habitante, provenían de los poderes sobrenaturales a los que les eran atribuidas las sequías, las inundaciones, las epidemias, los terremotos, las pestes, las cosechas y los triunfos de la guerra.