Estos números son tal vez lo sumo que puede obtenerse de una poblacion cualquiera.
Si comfrontamos ahora el número anual de los matrimonios con los nacimientos, verémos que en 1830, por ejemplo, se han registrado quinientos cincuenta y un matrimonios y mil quinientos noventa y un nacimientos, lo que determina
Hijos por cada matrimonio, 2.—090
El señor Mathieu (loc. cit., pág. 108), dice que hay en Francia
Hijos legítimos por cada matrimonio, 3,777
Número superior á lo que existe en la provincia de Moxos; empero la diferencia parecerá mucho mayor por poco que se trate de compararla con el estado que presenta el señor Benoiston en su Notice sur l'intensité de la fecondité en Europe, etc., An. des cie. nat. (Dic. de 1826, pág. 5.)
En Portugal, hijos por cada matrimonio 5—14 En Bohemia 5—27 En Savoya 5—65
Sin dejar de creer que un calor moderado puede ser favorable para la fecundacion en el matrimonio, como tuve ocasion de notarlo en la frontera del Paraguay, y sin desentenderme de las influencias perturbadoras, me hallo bien distante de ver confirmada en la provincia de Moxos la observacion del señor Benoiston, que la fecundidad es mayor en los paises cálidos.
La fecundacion matrimonial en esta provincia, es pues inferior á la mediana observada en Europa; pero hay muchas causas que esplican este hecho. Primeramente el que la mayor parte de individuos de ámbos sexos se casan mucho ántes de ser aptos para la reproduccion, lo que puede ejercer una influencia negativa sobre la fecundidad de las mugeres. En segundo lugar, en un pueblo donde no existe la desigualdad de condiciones no hay amas de leche que se encarguen de criar los hijos agenos; así es que las mismas madres les dan el pecho; y como los alimentos del pais son bastante groseros, tienen estas que seguir criando por mas de tres años, en cuyo intervalo no se comunican los esposos por temor de que un nuevo embarazo obligue á la madre á destetar su criatura. De todo lo cual resulta que rara vez llega á tener una muger en toda su vida mas de cinco ó seis hijos, número que tampoco es ordinario.
El señor Quetelet ha señalado la primera de estas causas como conducente á la esterilidad ó á la procreacion de hijos que tienen ménos probabilidad de vivir (Sur l'homme, etc., t. I, pág. 65.). La segunda causa es muy evidente en el pais de que me ocupo. Por último, todas las mugeres de Moxos ni son absolutamente estériles, ni tampoco muy fecundas.