Aunque pequeña, pues que solo contiene novecientos cuarenta y un habitantes, parte de ellos de la nacion apolista, la parroquia de Santa-Cruz es muy aseada, y mirando sus bellísimos contornos, fácilmente se desvia la atencion de la irregularidad de sus calles y edificios. El terreno que la circunda produce con abundancia todos los frutos de la zona tórrida; así es que sus habitantes son todos labradores, y no solamente recogen lo suficiente para su consumo, sino que hacen tambien algun comercio con lo que les sobra; para lo cual ponen á curar al aire y al sol los frutos del plátano, cortándolos primeramente en tiras ó tajadas largas, que despues de secas se trasforman en escelentes orejones. Preparan asimismo el tabaco y la coca, y todos estos productos vienen á servirles para operar sus trueques, á falta del dinero amonedado, que aun no ha entrado allí en circulacion. Se ocupan igualmente los moradores de Santa-Cruz en la cria del ganado vacuno, lo que se consigue con muchísimo provecho sobre las colinas. Hay épocas en que se dedican activamente al acopio de la cascarilla, esplorando los bosques de las montañas vecinas; pero se encuentran estos ya tan destruidos, que al presente se ven obligados á correr diez ó doce leguas para llegar á encontrarla. En cuanto á la pesca y á la caza esta comarca es tan abundante como la de Pata, y sus producciones naturales son enteramente las mismas: se ha descubierto, sin embargo, en los bosques de Santa-Cruz, una infinidad de maderas de ebanistería las mas finas y hermosas, tales como el guayabo, el granadillo, etc.
En resúmen, si esta poblacion quisiese aprovechar todos los recursos de que se encuentra rodeada, dedicándose con mas ahinco, á la cria de los ganados, á la agricultura en el seno de esa tierra tan fértil y en donde la naturaleza le brinda sus tesoros á manos llenas, á la estraccion juiciosamente graduada de la cascarilla y al laboreo, en fin, de las minas de oro y de plomo, que se dice haber en la sierra de Santa-Clara, no hay duda que conseguiría duplicar sus riquezas; mas para esto seria preciso vencer primero esa apatía natural, que conduce á estos indígenas á no trabajar sino lo muy medido para procurarse las cosas indispensables á la existencia. Verdad es tambien que fuera menester, para mover y activar su ambicion, una poblacion mas numerosa y mercados de esportacion mas estendidos.
Santa-Cruz era un lugar muy salubre hasta el año de 1830, en que ya empezaron á sentirse algunas enfermedades, desconocidas hasta entónces, y las que atacaban con rigor á los habitantes. Hoy en dia las fiebres intermitentes han asentado allí su dominio. Algunas personas han creido que provenia esto de la introduccion de árboles pertenecientes á los valles calurosos[1]; pero segun mis observaciones sobre la provincia del Valle-Grande[2], pienso que semejante cambio es mas bien debido al desmonte causado por los incendios, que los habitantes tienen la costumbre de promover cada año con el objeto de renovar la yerba de los llanos y de las colinas. Lo cierto es que muchos lugares, muy sanos en otro tiempo, se hallan al presente invadidos por esa peste destructora, que va en aumento á medida que el desmonte se estiende. Es pues un deber del gobierno el tomar alguna sabia medida para cortar los progresos de semejante mal, y mejorar en lo posible los lugares inficionados.
[Nota 1: Esta es la opinion de uno de los autores de las notas manuscritas, que poseo sobre la provincia.]
[Nota 2: Mas adelante detallaré con amplitud estas observaciones.]
Santa-Cruz está situado al oeste sudoeste de Apolo-Bamba. Para venir á este lugar se andan cinco leguas por el itinerario siguiente:
Leguas.
Se sube la cuesta de Santa-Teresa. 1
Se baja despues esta, hasta Huilipisa. 1
Y se sigue luego por un llano hasta Bacqueria. 1