Los Chapacuras, aunque dejados por temperamento, tienen un carácter estremadamente bondadoso, y su docilidad los predispone al servilismo; hospitalarios con los estrangeros, son quizas los indígenas mas sociables de la provincia, aun careciendo de la alegría de los Chiquiteños.
Sus costumbres se parecen á las de estos naturales, y vivian como ellos, desparramados por pequeñas tribus, en el interior de los bosques vecinos á las orillas del Rio Blanco ó Baures, ocupándose ya en la caza, ya en cultivar la tierra, ó en construir las pajizas chozas donde moraban sus familias. Sus armas, ni mas ni ménos que las de los Chiquitos, se componian del arco, de las flechas, y de una macana ó clava de dos filos. Construian ademas, ahuecando los árboles, esas canoas con que recorrian el rio Blanco para ir á la caza y á la pesca, sus ocupaciones favoritas despues de la cosecha del maiz. Estos indígenas gustaban tambien de reunirse para beber licores fermentados, siendo esto un motivo perpetuo de danzas y de juegos, ménos animados por cierto que los de los Chiquiteños. Pacíficos en estremo, rara vez se malquistaban con sus vecinos.
Los hombres andaban enteramente desnudos, y cuando mas, se cubrian la parte superior de las piernas con una piel cualquiera. Las mugeres vestian el tipoy, especie de camisa sin mangas que les caia hasta los tobillos. Ambos sexos se dejaban crecer el cabello, bañándoselo constantemente con aceite de motacú.
Hallábanse entre tanto gobernados por gefes, cuya autoridad se limitaba á dar el consejo, y á colocarse al frente de cada tribu en caso de guerra.
Cuando alguno de los suyos fallecia, tenian la precaucion de enterrarlo junto con sus armas, lo que prueba que creian en otra vida: finalmente, respetaban el fallo y pronósticos de sus médicos, y eran esclavos de un sin fin de supersticiones.
NACION DE LOS MAROPAS.
Los Maropas ocupaban el gran valle del rio Beni, al pié de las montañas arboladas y húmedas de los últimos repechos de los Andes bolivianos: sus poblaciones estaban situadas sobre el curso mismo del Beni, teniendo por vecinos á los Tacanas hácia el sud y oeste, á los Cayuvavas de Moxos hácia el este, y algunas tribus salvages, poco conocidas, hácia el norte.
Los Maropas tienen poco mas ó ménos la tez de los Mocetenes, tal vez un tanto mas trigueña, sin llegar empero al color característico de los Moxos. Su estatura no sobrepasa la de los Tacanas, siendo, por lo regular, de cinco piés y una pulgada. Sus formas los asemejan tambien á los Tacanas y Mocetenes; y sus facciones, mas afeminadas que las de los primeros, se aproximan mayormente á las de los segundos: su semblante se halla revestido, como el de estos, de una espresion notabilísima de dulzura; su cara es redonda, y el conjunto de su fisonomía nada desagradable.
La lengua maropa me ha parecido bastante suave: algunas palabras, que he llegado á recoger, me hacen creer que es diferente de la de los Mocetenes.
Finalmente, tanto por lo apacible y dócil de su carácter, como por sus costumbres y trages, los Maropas son idénticos á los Mocetenes.