El mal ejemplo que resulta de la depravacion sin freno de los superiores, engendra la corrupcion en un pueblo que apénas columbra en su horizonte la primera alborada de la civilizacion; así pues los habitantes de Concepcion se han llenado ya de viciosos vergonzosos, y la inmoralidad ha llegado á su mas alto grado.

Las muchachas, enteramente desnudas hasta la edad núbil, no conocen el pudor; por lo que nada puede refrenar mas tarde su mala conducta; sobre todo, habiéndose ya estinguido los principios de sana moral que profesaban ántes estos naturales, y vuelto á dominar entre las mugeres la costumbre de hermosas palmas confundidas con otros muchos árboles de bella apariencia. Como les está prohibido á los indios de todas las misiones de Moxos el ir armados, desde la rebelion que tuvo lugar en San-Pedro, la caza abunda en todos estos parages, aumentándose mas y mas no siendo perseguida. Los monos se presentan á cada paso divirtiendo á los viageros con sus muecas y brincos: hay tambien allí una especie de monos nocturnos. El rio está lleno de bufeos ó delfines de una clase muy estraña que habita constantemente en el agua dulce: su piel es rosada ó salpicada de pintitas. Es una cosa que sorprende realmente el encontrar estos animales á mas de ochocientas leguas del mar, cuando las especies conocidas viven siempre en los oceanos, ó solo suben á unas pocas leguas de la embocadura de los rios.

Cuando la estacion lluviosa se halla muy avanzada, se puede ahorrar una tercera parte de camino saliendo en canoa desde la misma mision, y cruzando la llanura en línea recta hasta llegar á un arroyuelo llamado Oquire, que va á desembocar por la derecha en el rio Blanco, el cual conduce luego hasta el Cármen.

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN.

El pueblo de este nombre, que dista, como acabo de indicarlo, quince leguas al sud de Concepcion de Baures, está situado sobre la ribera derecha y á poca distancia del rio Blanco, ocupando el centro de una llanura á donde jamas alcanzan las inundaciones. La iglesia es sencilla: las casas del Estado, lechadas con tejas, son provisorias: las habitaciones de los indígenas que tienen techos de paja se encuentran en muy mal estado. Cuatro palmas totais, que rodean la cruz colocada en media de la plaza, es acaso lo que hay de mas notable en esta mision.

Quizas en ninguna parte haya tantos murciélagos como en el Cármen. Durante el dia permanecen ocultos debajo de los techos, exhalando un fuertísimo olor, semejante al del almizcle. Cuando llega la noche, millares de ellos salen á vagar por el aire persiguiendo encarnizadamente á los mosquitos sin llegar jamas á destruirlos.

Los alrededores del pueblo deben ser pintorescos en tiempo de seca; mas en la estacion lluviosa, solamente las orillas del rio Blanco ofrecen un aspecto agradable por los plantíos de cacao que las guarnecen. Una calzada bastante cómoda conduce de la mision al rio.

En 1792, habiendo sido informado el administrador de Concepcion que cerca de las cabeceras del rio Blanco existia una tribu de indios salvages, dio parte de esta circunstancia al gobernador Zamora, quien dispuso se les fuese á buscar, tomando para ello todas las medidas necesarias[1]. En 1794, haprimitiva de la nacion, de entregarse sin reserva á todos sus deudos.

[Nota 1: Puedo asegurar que todos estos datos son auténticos, pues que los he recogido yo mismo en los archivos de la mision.]

En las misas cantadas que se dicen en la iglesia de Concepcion, celebradas todavía con todo el aparato que empleaban los Jesuitas, la música instrumental es de tal naturaleza, que sorprende realmente, cautivando el gusto á par que la admiracion. Los tonos bajos son producidos por un instrumento de la invencion de los indígenas, especie de zampoña á flauta pastoril, de una ó dos varas de largo y hecha de hojas de palma, ligadas unas á otras, formando trece tubos de diferente tamaño y grosor: nueve de estos tubos están puestos sobre una línea para las notas enteras, y cuatro sobre otra para los medios tonos. Para tocar este instrumento, cuyas notas bajas producen un sonido estraordinario, es menester colocarlo horizontalmente y no en direccion vertical como la zampoña ordinaria. Acabada la misa, algunos indios, coronados de plumas, con las piernas llenas de cascabeles y llevando en la mano un gran sable de madera, ejecutan delante de la iglesia una danza religiosa y guerrera muy monótona; terminada esta, se presentan mas de sesenta músicos, provistos de flautas de todos los tonos, desde las notas mas agudas hasta las mas bajas; y colocándose en dos filas, se ponen en marcha lentamente y al compaz de una música singular, acompañada de tamboras[1]. Cada uno de los músicos hace producir á su instrumento una sola nota particular; y el conjunto de estos acordes enteramente salvages suele lisongear muchas veces al oído por su mucha armonía. Esta tropa de músicos, seguida por el pueblo, se detiene á hacer oracion delante de las capillas que adornan las cuatro esquinas de la plaza.