De estos hechos y de algunos posteriores, se desprende que la conducta observada por los Estados Unidos con respecto á la isla de Cuba, en las varias épocas de su historia en que ha producido legítimos esfuerzos para conquistar su independencia, ha dado motivo á los severos comentarios que ordinariamente circulan. Estos no siempre fueron razonables, porque es fuera de duda que en esta cuestion mas que en otras el pueblo y el gobierno han seguido distintos rumbos.
La observacion espresada en el párrafo anterior se refiere solamente á las circunstancias normales, pues cuando los Estados del Norte sostenian contra los de Sud la guerra moralizadora que dió por resultado la emancipacion de los esclavos, los gobiernos respectivos estaban divididos en sus propósitos internacionales. En el Sud deseaban la incorporacion de la isla, en el Norte la rechazaban; sabian ambos que, antes de la lucha, su anexion inclinaria la balanza á favor del odioso principio de la esclavitud. Rotas las hostilidades, los intereses variaban y con ellos la norma de conducta de los gobiernos. La Confederacion veia en Cuba un mercado de carne humana, muy importante para desembarazarse con ventaja de sus esclavos si habia de triunfar la política de la Union; esta tenia hácia la isla la ojeriza de un pueblo que teme por ella no cosechar todos los beneficios que espera para la civilizacion de sus afanes y sacrificios, pero deseaba, no obstante, agregarla al territorio americano para dar mayor ensanche al principio conquistado.
Es por demás evidente, fuera de este caso, el interés de toda la nacion en la independencia de la isla de Cuba; y es indudable que cualquiera evolucion que traiga por resultado el alejamiento de la administracion española de la isla, ya sea que se incorpore á la Union ó á cualquiera otra potencia americana, se mirará con agrado en la gran república. Pero asi como ella misma ha declarado que no podría aceptar nuevas colonizaciones en América por parte de los gobiernos de Europa, ha profesado la decidida intencion de respetar la ya existente, á menos que un gobierno de hecho haya depuesto al colonial. Esto esplica porqué, cuando en 1849 se hicieron á la vela de las costas americanas varias espediciones con el propósito de auxiliar movimientos revolucionarios en Cuba, el Presidente de los Estados Unidos dirijió á sus conciudadanos una proclama sobre el asunto, significando en ella que se comprometia con la neutralidad el honor nacional y que léjos de prestar apoyo á particulares comprometidos por su actitud contra la isla, los castigaria como cómplices de un acto pirático y criminal.
Desde este primer movimiento los favores populares acompañaban á los patriotas y el pueblo americano, respetando la política de sus mandatarios, hacia privadamente los mayores esfuerzos en pro de la desgraciada antilla.
Tales actos privados repercutian de un modo público, por las innumerables peticiones que en todos los Estados de la Union presentaban los ciudadanos para que se reconociera la independencia de la isla y por las espresiones que los hombres mas eminentes del país hacian oir en reuniones, en banquetes, por la prensa, en todas partes.
Un tema mas sério, en el cual tenian que variar las opiniones si bien no las simpatias, debia presentarse á la consideracion de los hombres públicos americanos al estallar la heroica revolucion que pudo organizar transitoriamente un gobierno bajo la presidencia del Señor Cespedes. Me refiero al reconocimiento de la belijerancia de los insurrectos solicitado con instancia por los directores de la guerra. La utilidad de tal acto para los cubanos es obvia; ninguna nacion facilitaba ó vendia pertrechos, ni contrataba empréstitos con los revolucionarios, sinó mediante ese reconocimiento. Los trabajos é intrigas diplomáticas de los patriotas cubanos y de los representantes españoles en Washington asumian, por lo tanto, un carácter de antagonismo tenaz con el fin de obtener ó para contrariar tal resultado. Las indecisiones contínuas del Gobierno del General Grant favorecieron, como se comprende, á España que solo deseaba el statu quo.
En tanto que el Gobierno prescindia, el pueblo manifestaba por todos los medios á su alcance las simpatias que le inspiraban los insurrectos y la prensa americana condenaba diariamente la conducta del gabinete haciendo, á la vez, contínuas insinuaciones en favor de los cubanos.
Agreguense á las intrigas de España para impedir el reconocimiento, la existencia en Estados Unidos de intereses contrarios á la independencia de la isla y se conocerán las causas eficientes de una política tan ambigua.—La inspiraban los agentes del activo comercio entre Cuba y los Estados Unidos, quienes tenian empeño en lo que solo podia dar el triunfo de España, la pronta terminacion de la guerra; é insistian en la conveniencia de continuarla, los políticos exaltados que encontraban analojía entre el derecho que pretendian tener los hombres del Sud para separarse de la Union y el que servia de bandera á los cubanos.—Risible comparacion, ficcionada semejanza, esta que hace apreciar á los que combaten por emancipar una colonia oprimida y crear en ella una nacionalidad del mismo modo que á los defensores de la esclavitud y á los propagandistas de la desmembracion nacional.
De mejores razones blasonaban los que manifestaban de lleno que era necesario y lójico ayudar á los insurrectos, puesto que ellos profesaban como uno de sus principios fundamentales el de la libertad de los esclavos, por la cual tanto y tan gloriosamente acababa de luchar su pátria. Los hombres íntregros, los republicanos sinceros de uno y otro hemisferio, condenaban con enerjía la actitud prescindente del Gobierno y aplaudian á los tribunos que señalaban esta política fraternal.