APÉNDICE II.
NOCIONES DE LOS ESCRITORES ANTIGUOS
SOBRE LA EXISTENCIA DE TIERRAS OCCIDENTALES.
Aristóteles, De Cœlo, II, 14 al final:
«Es evidente que la Tierra no sólo es redonda, sino también una esfera pequeña, pues no haría una mudanza tan sensible con una traslación tan rápida; en virtud de la cual los que opinan que el lugar próximo á las Columnas de Hércules está unido con el inmediato á la región indiana, y de este modo afirman que hay un solo mar, no parecen opinar cosas muy inverosímiles. Dicen esto también conjeturándolo de los elefantes, porque en las dos comarcas extremas hay esta casta de animales, como que en los dos extremos se producen efectos semejantes á causa de su unión.»
Precede á este párrafo una discusión muy luminosa de los argumentos que pueden alegarse en favor de la esfericidad y del poco volumen de la Tierra, argumentos tomados de las leyes de la atracción ó de la gravitación[258], en la forma de la sombra de la Tierra proyectada en la Luna durante los eclipses, y en la idea de la rapidez con la cual las alturas (meridianas) de los astros cambian cuando se avanza desde Egipto ó desde Chipre, hacia las regiones boreales.
El ingenioso argumento que Aristóteles deduce de la existencia de los elefantes en las opuestas costas del África occidental y de la India, fúndase en la casi unión de las tierras. En las dos extremidades del οἰκουμένη deben encontrarse producciones análogas; lo cual no es la teoría tan vulgarizada en la antigüedad de la semejanza de las producciones en las mismas latitudes, teoría cuyas consecuencias exageró extraordinariamente Ptolomeo en su disputa con Marino de Tyro sobre la posición de Agisymba (Ptol., Geogr., I, cap. IX), y que llega á ser errónea, tanto por las grandes inflexiones de las líneas isotermas, como á causa de las misteriosas y complicadas relaciones que determinaron primitivamente la distribución de los seres organizados.
El pasaje de Aristóteles es citado, con algunas ligeras variaciones, pero sin olvidar los elefantes, en el Imago Mundi, de Pedro de Ailly (caps. VIII y XLIX); en el Compendium Cosmographicum (cap. XIX) y el Mappa Mundi (cap. De figura terræ). Cito estos tratados para recordar cuántas veces encontraba en ellos Colón el «principium Indiæ valde accedens ad fines Hispaniæ».