[70] Alude Colón á las corrientes (hilos) de agua dulce que se abren camino á través del agua salada, y producen por esta lucha (pelea) un mar agitado.
[71] Al final de la carta repite el Almirante: «Torno á mi propósito de la tierra de Gracia y río y lago que allí fallé, é tan grande, que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en seyendo grande se dice mar, como se dijo de la mar de Galilea y al mar Muerto, y digo que si no procede del Paraíso terrenal, que viene este río y procede de tierra infinita, pues (puesta) al Austro.» Este pasaje es el tantas veces citado en que Colón indica juiciosamente la relación que hay entre la masa de agua de un río y la longitud presumible de su curso. Siendo condicional el aserto (si no procede del Paraíso), no prueba en manera alguna, como se afirma con tanta frecuencia, que el Almirante, hasta su tercera expedición, cuando llegó á las bocas del Orinoco, no había descubierto la tierra firme. En la misma carta que contiene las ilusiones acerca de la situación del Paraíso, dice explícitamente Colón que ya en su segundo viaje, cuando tomó á Cuba por una prolongación de Asia, descubrió «por virtud divinal 333 leguas de tierra firme al fin de Oriente, y (la exageración es algo grande) 700 islas considerables». (Navarrete, t. I, página 243.) Encuentro en una carta de Anghiera, el amigo de Colón, falsamente fechada en la edición de Basilea de 1533 como escrita tertio nonas octobris, 1496, que desde la tercera expedición se creía el continente de Paria contiguo al continente de Cuba. «Pariam Cubæ contiguam et adherentem putant» (Epistolæ n. CLXIX). Á los compañeros de Colón, dice Anghiera, persuadieron en 1498 la extensión de las costas, el estado moral de los habitantes y la semejanza de animales con algunas especies de Europa, que la tierra de Paria era una tierra «Fuit magno nostris argumento terram eam esse continentem.» La importancia que Anghiera da á este resultado parece indicar que él mismo, á pesar de los juramentos que Colón hizo prestar á los tripulantes de sus barcos, no estaba muy persuadido de que fuese Cuba un continente, y de que en el ánimo de aquellos que no hacían descender el Orinoco del sitio elevado del Paraíso, sólo el tercer viaje del Almirante fijó con certidumbre el descubrimiento de la tierra firme.
[72] Ni Colón, ni Ojeda, acompañado de Vespucci, vieron la grande y verdadera desembocadura del Orinoco, la boca de Navíos, entre el cabo Barima y la isla de los Cangrejos. Esta boca no fué descubierta hasta 1500, cuando Vicente Yáñez Pinzón volvió de la desembocadura del Marañón (Rélat. hist., t. II, pág. 706). Engañado Colón por las corrientes de agua dulce que se encuentran en el golfo de Paria, creyóse en la desembocadura de un gran río, cuando su navegación sólo le conducía entre los dos brazos más occidentales del delta del Orinoco, los caños Pedernales y Manamo. El golfo de Paria recibe las aguas del caño Manamo, del río Guarapiche, que el Almirante llama un río grandísimo y que pude atravesar por un vado en las misiones de los capuchinos de Caripe, cerca de la costa de Paria. El nombre de Orinoco, Orinucu, pertenece á la lengua de los Tamanacos y lo oyeron los españoles por primera vez en la parte superior del río, cerca de su unión con el Meta. El Orinoco no aparece todavía en el mapa de América de Juan Ruysch, anejo á la edición romana de la Geografía de Ptolomeo de 1508. En el mapa de Diego Rivero de 1529 encuentro la primera indicación con el nombre de Río Dulce. Entonces tenía el río en su desembocadura los nombres de Yuyapari y Uriapari.
[73] De rebus Oceanicis et Orbe Novo. Basilea, 1533, década I, lib. VI, pág. 16. Después de aludir á los argumentos de Colón, contrarios á la esfericidad de la tierra, añade: «Rationes quas ipse (Colonus) adducit mihi plane nec ex ulla parte satisfaciunt. Inquit enim se orbem terrarum non esse sphæricum conjectasse, sed in sua rotunditate tumulum quendam eductum cum crearetur fuisse; ita quod non pilæ aut pomi, ut alii sentiunt, sed piri arbori appensi formam sumpserit Pariamque esse regionem quæ supereminentiam illam cœlo viciniorem possideat. Unde in trium illorum culmine montium (Insulæ Trinitatis) quos e cavea speculatorem nautam (desde lo alto del mástil) á longe vidisse memoravimus, Paradisum terrestrem esse asseverat, rabiemque illam aquarum dulcium de sinu et faucibus prædictis exire obviam maris fluxui venienti conactem, esse aquarum ex ipsis montium culminibus in præceps descendentium. De his satis, cum fabulosa mihi vedeantur.»
[74] No se trata aquí de la antichthonia pitagórica, que era un cuerpo celeste.
[75] Colón repite al fin de la carta de 1498: «Tengo asentado en el alma que allí (en estas tierras de Paria nuevamente descubiertas) es el Paraíso terrenal, el que San Isidoro y Beda y Strabo y San Ambrosio ponen al Oriente.» Cinco años antes, como lo prueba un pasaje completamente inadvertido del Diario del primer viaje (21 de Febrero de 1493), el Almirante expresó la misma idea con igual claridad. Después de sufrir una gran tempestad cerca de las islas Azores (durante la cual se lamenta de dejar dos hijos jóvenes, D. Diego y D. Fernando, que estaban estudiando en Córdoba, huérfanos de padre y madre en tierra extraña), discute Colón la causa del singular contraste de clima que presenta el espacio del Océano entre las Azores y las Canarias con los parajes más occidentales de las Indias, «donde habia siempre buenos vientos y ni una sola hora vido la mar que no se pudiese bien navegar», y añade, como consecuencia, «que bien dijeron los sacros teólogos y sabios filósofos que el Paraíso terrenal está al fin del Oriente, porque es lugar temperadísimo; así que aquellas tierras que agora habia descubierto (las grandes Antillas) es el fin del Oriente».
[76] Hé aquí este hermoso pasaje:
Io mi volsi á man destra e posi mente
All’ altro polo, e vidi quatro stelle
Non viste mai fuor ch’alla prima gente,