[123] Al echar una ojeada á la serie de islotes y bajos al Norte de las grandes Antillas, vense los bajos rodeados al Este, sobre todo del lado opuesto á la fuerza de las corrientes, de bandas de tierra largas y estrechísimas. Tal es la forma de las islas Caicos, de las Acklins y Crooked, que pertenecen al mismo sistema de bajos de la Isla Larga, la Exuma, San Salvador y Eleuthera en el gran Banco de Bahama, como muros originados por masas de corales rotos y hacinados por el choque de las olas. En otra obra (Rélation Historique, t. III, pág. 470) he tenido ocasión de describir las rocas fragmentarias, que puede decirse se forman á nuestra vista en los Jardines ó Jardinillos, al Sur de la isla de Cuba. La posición de estas lenguas de tierra que rodean los bajos en las islas Lucayas es notabilísima, y sería de desear que un geólogo distinguiera sobre el terreno lo que pertenece al levantamiento general de los bancos por las fuerzas que han obrado desde el interior del globo, empujando la corteza, y lo que es sencillamente efecto de las corrientes y del choque de las olas. Las formaciones terciarias y secundarias de la isla de Cuba ¿son la base sobre la cual han construído los corales sus grandes edificios en los bajos de las Lucayas, ó esta base es una roca piroxena como en las pequeñas Antillas y en el mar del Sur? Sorprende ver que en la Indias Occidentales no existen esos bancos de corales circulares crateriformes, rodeando un lago salado (lagoon) con una ó varias salidas, acerca de los cuales los Sres. Chamisso y Beechey han llamado la atención de los físicos, y que existen en el Océano Pacífico y en el mar de la India, mientras en estos dos Océanos no se encuentran las formas alargadas semejantes á las lenguas de tierra del borde oriental (windward side) del Banco de Bahama.
[124] Anghiera diserta acerca de la significación de la sílaba inicial gua, tan frecuente en los nombres geográficos y en los nombres propios de los Haïtianos, cuyo idioma no difería mucho del de los Yucayos (habitantes de las islas Bahamas), y por ello el joven yucayo, natural de Guanahaní y bautizado en Barcelona con el nombre de Diego Colón, pudo servir de intérprete. (Déc. I, lib. III, pág. 43; Déc. III, lib. VII, pág. 285; Muñoz, lib. IV, § 39; lib. V,§ 273.) Probablemente el nombre entero de Guanahaní era significativo, como lo son todos los nombres geográficos vascos (ibéricos). Lo encuentro casi incluído en el nombre de la bella reina (ó mejor dicho, mujer de un jefe haïtiano de la provincia de Xaragua) Guanahattabenechena, que, á pesar de las instancias de los monjes de San Francisco, se hizo enterrar con el cuerpo de su esposo. (Déc. III, libro IX, pág. 304.)
[125] La descrittione di tutto il Peru, mapa que comprende la América entera, desde la Florida hasta el estrecho de Magallanes, y en el que la ciudad de Quito está situada al Este del meridiano de Puerto Rico. El veronés Forlani sitúa como Rivero una isla Guanima al NO. de Guanahaní. Este nombre también aparece en el itinerario de Juan Ponce de León. (Herr. Déc. I, lib. IX, cap. 11.) ¿Será Eleuthera?
[126] La ignorancia de las lenguas, los errores que esta ignorancia debía necesariamente producir, y acaso también el malicioso deseo de engañar á los extranjeros (deseo que es muy común, según he podido ver, en los indígenas del Orinoco cuando se les abruma á preguntas), infundieron probablemente en el ánimo de Colón la idea de que al norte de la Tortuga había una isla riquísima en oro llamada Babeque ó Baneque. En el Diario del Almirante está nombrado este Ophir catorce veces. La isla de Babeque es de considerable extensión, con grandes montañas, valles y ríos, y se llega á ella yendo más allá de la Tortuga al NE. Buscase en ella el oro durante la noche con antorchas en la playa. Los indios dicen que hay más oro en la Tortuga que en la Española, porque aquélla está más cerca de Babeque, y hasta llegó á suponer Colón (el 17 de Diciembre de 1493) que no había minerales de oro ni en la Española ni en la Tortuga, sino que los llevaban á ellas de Babeque á donde se podía llegar en un día. Todo esto prueba, contra lo dicho por Las Casas, que Babeque no es Jamaica, ni la Española ó Boio, como creía D. Fernando Colón, ni finalmente la tierra firme del Sur ó Caritaba, como supone Herrera. (Déc. I, lib. I, cap. 15.)
Recordaré de nuevo que comparando el Diario del Almirante (Nav., 63, 126) cuando habla de la deserción de Martín Alonso Pinzón por el propósito de llegar á la isla de Babeque ó Baneque, con las piezas del pleito entre D. Diego Colón y el fisco, donde la isla que Pinzón buscaba se la nombra Babueca ó las siete islas de Babulca, queda la persuasión de que Babeque ó las islas Babeque es un nombre colectivo aplicable á las islas y cayos al norte de Haïti, una extensión de la denominación Bajos de Babucco hacia el Oeste, en la dirección de la Grande y la Pequeña Iguana.
[127] Colón habla de una isla Goanín (Nav., t. I, pág. 134), y goanín ó guanín es el nombre de una curiosa aleación de oro, plata y cobre que los primeros navegantes encontraron en manos de los indígenas, y con la cual hacían placas y armas. Oceánica, Déc. I, lib. VII, pág. 104; (Herrera, Déc. I, lib. III, cap. 9.) Las letras que Colón dice haber visto grabadas en una placa de oro en la isla Fernandina (Nav., t. I, pág. 32), acaso fueran trazos hechos, como adorno, sobre guanín. Las Casas refiere (y el hecho es muy notable) que el oro bajo ó guanín de estas islas lo buscaban los indígenas por el olor; también se observó en Haïti y en Paria que el del latón ó cobre amarillo les parecía delicioso. (Herrera, Déc. I, lib. III, cap. 11.) Una raza de hombres de color obscuro, llamados también hombres negros, que procedían del Suroeste y asoló algunas veces la isla de Haïti, poseía especialmente este oro guanín, en el que había 0,14 de plata y 0,19 de cobre. (Rélation historique, t. III, página 400.) Ya hemos dicho que en el mapa de Rivero hay también una isla Guanima ó Guanina entre las Lucayas, isla que menciona Ponce de León en su itinerario.
[128] La isla de Cuba tiene, como la Española, un puerto de Xagua: una provincia de esta última isla se llamaba Cubana ó Cubao.
[129] Pedro Mártir, págs. 279 y 281.
[130] Itinerar. ad regiones sub equinoctiali plaga constitutas Alex. Geraldini Amerini Episcopi, civ. S. Dominici apud Indos occid. opus, antiquitates, ritus et religiones, populorum complectens, tunc primo edidit Onuphrius Geraldinus de Catenacciis auctoris abnepos. Romæ, 1631, pág. 120. El Obispo había sido amigo y protector de Colón, antes de tener éste la protección de la reina Isabel. (Cancellieri, Notizie di Crist. Colombo, 1809, pág. 65.) Poseemos de él una petición en estilo lapidario rarísima, dirigida al papa León X (Itiner., pág. 253), petición acompañada de muchos donativos que el cardenal Lorenzo Puccio debía ofrecer al Pontífice. Estos donativos eran ídolos (deos illarum gentium Hispaniolæ immanes, qui publice toti populo responsa reddebant), aves vivas (loros y un pavo, gallus, in quo opus naturæ mirabile apparet; quotiens enim ritu á natura indito illi avium generi, cum magna conjugum pompa, corpore undique erecto, hine inde ambit, varios toto capite colores, modo recidit, modo deponit). Imposible es describir más detalladamente el pavo; y la gallina alba que recibió León X al mismo tiempo era también sin duda una variedad de la misma ave. Como no es probable que Colón trajera pavos (Meleagris, Lin.) de la costa de Honduras á la Española; y la expedición de Hernández de Córdoba al cabo Catoche (Conex Catoche) y á Campeche (Quimpech), como la de Juan de Grijalva y del famoso piloto Alaminos á Cozumel y Yucatán, datan de 1517 y 1518, es de creer que los habitantes de las Antillas recibieron el ave de la América del Norte por las comunicaciones de los indios lucayos con la Florida. Las gallinæ pavonibus haud minores que los compañeros de Colón vieron en el tercer viaje, en la costa de Paria (Petrus Martir, De Insul. nuper inv., pág. 348), no eran pavos, porque no los había en la América Meridional, sino lo que los españoles llamaban pavas del monte (Penelope, Merr), que yo encontré en una región próxima á Paria, en las misiones de Caribe. Los modernos historiadores de la conquista de Méjico cometen el error de confundir estas aves con los pavos de Méjico y de los Estados Unidos. Al hablar Pedro Mártir del descubrimiento de Paria, nombra también los anseres, anatas et pavones sed non versicolores; y añade: A fæminibus parum discrepare mares (lib. IX, cap. CLXVIII. Véase también Itinerarium Portugallensium, 1508, cap. CIX, fol. 67).
[131] Navarrete, t. I, pág. 182. Solórzano (de Ind. Jure t. I, pág. 37) advierte atinadamente que Hispaniola es una falta de traducción de la palabra Española, quod nomen, añade, exteri latinum reddere cupientes Hispaniolam verterum. Anghiera emplea siempre el diminutivo y lo defiende (Ocean. Déc. III, lib. VII, pág. 281) cum vere Hispanam sive Hispanicam vertere debuissent. En el Itinerarium Portugalliensum, cap. CVI, llámase constantemente á Haïti Insula Hispana, lo mismo que en la cosmografía de Sebastián Munster.