»Y continué de nuevo. El compás se aceleraba por momentos y cuanto más aumentaba la rapidez, más de prisa caminaba Magdalena, acercándose a mí, hasta llegar a poner sobre mi hombro su diestra. Entonces su padre, que había salido pocos momentos antes, volvió a entrar por una puerta situada a nuestra espalda y repitió por tercera vez:
»—Continúa, continúa. ¡Bravo, hija mía! ¿Pues no decías esta mañana que estabas tan extenuada y tan débil?...
»Y el pobre padre, lleno de mortal angustia, reía y temblaba a la vez.
»—Parece cosa de magia, papá—contestó Magdalena.—El efecto que me causa la música es realmente maravilloso, tanto, que a mi juicio existen melodías capaces de hacerme abandonar la sepultura. Así me explico cómo comprendía tan bien las escenas de las monjas de Roberto el Diablo y las Willis de la Gisela.
»—Así lo creo; pero no conviene abusar de esa facultad—replicó el doctor.—Apóyate en mi brazo y tú, Amaury, continúa: esa música es admirable. Pero después—me dijo en voz baja,—procura pasar de ese vals a alguna melodía vaga que vaya expirando como un eco que se pierde en lontananza.
»Comprendí su intención, y obedecí. La misma música que había causado en ella tal exaltación, debía sostenerla hasta el momento en que llegase a su sillón; mas entonces debía decrecer ya por grados, pues, cesando de repente, podía producirle un efecto desastroso que determinase una agravación del mal.
«Efectivamente, Magdalena volvió a sentarse sin aparentar cansancio, y con semblante tranquilo y revelando alegría, se acomodó en el sillón. Yo comencé a retardar el compás y la vi inclinar hacia atrás la cabeza, y cerrar los ojos. El doctor, que no la perdía de vista y la contemplaba fijamente, me indicó que tocase piano pianísimo; entonces reemplacé el vals por algunos acordes que poco a poco fueron apagándose hasta quedar extinguidos, como el lejano canto de un pájaro que huye cruzando el espacio, hacia lugares remotos.
«Después me levanté y quise acercarme a Magdalena; pero su padre me salió al paso y me dijo:
»—Ahora duerme; no vayas a despertarla.
»Y llevándome a la antesala, agregó: