»—¡Te amo, Amaury!
»Esta doble exclamación abrió nuestras almas y ambos leímos a un tiempo en nuestros corazones, rebosantes de amor.
»¡Ay! ¡Qué mal hago, Antoñita, en evocar estos recuerdos! ¡Son muy gratos, pero son muy dolorosos también!
»Tenga usted la bondad, cuando me conteste, de dirigirme la carta a Colonia, desde donde le escribiré mi próxima.
»¡Adiós, hermana mía! Ámeme un poco y compadezca mucho a su hermano,
»Amaury»
—¡Es muy singular lo que me sucede!—decía para sí Amaury mientras cerraba la carta repitiendo in mente su contenido.—De cuantas mujeres conozco, Antoñita sería la única capaz de dar realidad a los ensueños que acariciaba yo en otro tiempo, si esos ensueños no hubiesen dejado de existir con Magdalena. También Antonia es una amiga de la infancia, hermosa, buena, inteligente, noble y rica... Pero, no es menos cierto—añadió con melancólica sonrisa—que ni yo amo a Antoñita ni ella me ama a mí.
XL
antonia a amaury
«5 de noviembre.