»—¡Qué vamos a hacerle, querido tutor! No hay más remedio que bajar la cabeza ante una imposición de esa índole—dijo a su vez Amaury, sin poder ocultar su gozo bajo la apariencia de la pena.—Aun cuando usted esté lejos de nosotros, siempre pensaremos en usted, y lo tendremos presente.

»Intentaron darle vueltas a este tema; pero yo imprimía a la conversación otro giro; me apenaba mucho su inocente hipocresía.

»Comuniqué a Amaury lo que tenía que decirle; mi misión diplomática obtenida para él, y la idea de hacer que este viaje de recreo fuese de provechosa utilidad a su carrera.

»Me pareció que quedaba muy agradecido a mis gestiones; pero, a decir verdad, lo que entonces le absorbía por completo era su amor y no otra cosa. Al retirarse le acompañó Magdalena hasta la puerta, y por casualidad no se fijó en que a la sazón estaba yo detrás de ésta.

»—¿Verdad—le dijo,—que los acontecimientos parece que adivinan nuestros deseos y se adelantan a ellos?... ¿Qué piensas de todo esto?

»—Pienso que no habíamos contado con la ambición y que los que calumnian a esa debilidad humana hacen muy mal en ello... ¡Cuántos defectos hay que a veces son más beneficiosos que las propias virtudes!

»Así, creerá mi hija que me quedo en París por ambición.

»¡Todo sea por Dios! Quizás esto sea lo mejor.»

XV

En los días sucesivos nada vino ya a turbar la alegría de los novios, y durante una semana pudo verse asomar a todos los labios la sonrisa, sin que la menor sombra flotase en el ambiente ni pudiese vislumbrarse que entre los cuatro corazones reunidos allí había dos amargados por la pena que allá en la soledad hacía a sus semblantes recobrar la triste expresión oculta bajo la ficción del disimulo.