§ II.—Efectos fisiológicos.

La accion de la alúmina produce á la larga una diátesis asténica que no solo escluye el eretismo como elemento esencial, sino que le encadena y evita. Los accidentes febriles que figuran en esta diátesis, solo son tendencias del organismo para proporcionar al sistema nervioso ganglionar el grado de actividad que ha perdido, porque la alúmina obra particularmente sobre este sistema, y sus estados febriles sugieren la idea de una fiebre lenta, especie de fiebre regeneradora que produce sus mas grandes modificaciones en la esfera vegetativa, en la plasticidad. Los mismos dolores y los fenómenos de la sensibilidad ponen de manifiesto la afeccion del sistema nervioso de la vida de relacion, al no presentar los caractéres de la esencialidad, y al referirse en general á la afeccion de los órganos de la vida animal, resultando que no puede asignarse á ningun grupo de síntomas un estado agudo suficientemente caracterizado. Este carácter de la alúmina emana del conjunto de sus síntomas y está además apoyado por la clínica.

Otro carácter que se debe consignar, es el que consiste en la disposicion particular de la piel á lesiones, que asténicas en un principio, no dejan de acompañarlas algunos fenómenos de irritacion, si bien estos aceleran el movimiento de descomposicion y no el de restauracion: esta exaltacion de la fuerza de descomposicion y de eliminacion quizá no sea debida mas que á el processus plástico, lo cual esplicaria tambien la falta de colecciones serosas, de exudaciones y de hipertrofias, entre los fenómenos atribuidos á la alúmina. En este sentido y bajo su influencia, es como se manifiestan las afecciones de las membranas mucosas.

Los fenómenos simpáticos generales son con principalidad nerviosos; la misma escitacion sanguínea está subordinada á aquellos, y estos fenómenos arrancan de un estado de debilidad y de discrasia correspondientes á las lesiones producidas por un vicio, como el herpetismo, que obra en la profundidad de los tejidos, sobre la vida vegetativa y sobre el conjunto de las membranas mucosas. Lógico es pensar, y los hechos lo prueban superabundantemente, que los diversos vírus ó miasmas crónicos que atacan al organismo, afectan diversas formas en los distintos períodos de sus evoluciones, es decir, que se manifiestan en la piel, en los gánglios linfáticos y las glándulas, en los huesos y los órganos parenquimatosos, sobre las membranas mucosas y en las misteriosas vías de la nutricion; que vuelven á la piel ó á los órganos anteriormente afectados por ellos, modificándose en su espresion fenomenal; y que en estos diversos estados, bajo las diferentes formas, todos estos vírus ó miasmas, inclusa la misma sífilis, pueden merecer los epítetos de primario, secundario, terciario, quaternario, segun el aparato orgánico que afecten en una época dada de su marcha invasora. Pero esta marcha es tanto mas oculta, y dificulta tanto mas conocer la causa del mal, cuanto mas se generaliza este por una propagacion creciente, y á medida que, partiendo de un órgano ó aparato orgánico determinado, penetra sucesivamente en todos, y concluye por fijarse, confundiéndose con los hábitos funcionales y vitales, con sus propiedades convertidas en menos refractarias ó vivas, pero no por eso menos perniciosas.

Combatido el organismo por tantas y tan funestas causas, puede sufrir distintas alteraciones que correspondan á la competencia de diversos medicamentos. La alúmina reclama los casos en que no haya que deplorar lesiones orgánicas internas, sino los en que la vitalidad esté disminuida, y en los que falten ciertos materiales necesarios á la nutricion del sistema cutáneo y de sus accesorios; lo cual esplica el que la piel esté dispuesta á varias lesiones que tienden á estenderse por la carencia de jugos reparadores, y que las uñas sean frágiles y que los cabellos se sequen y se caigan.

Hay pocos medicamentos, cuyos síntomas morales exijan una apropiacion tan exacta á los de la enfermedad, y cuyo conjunto de síntomas mejor caracterice su accion general sobre la economía, como la alúmina. Las facultades mentales están decaídas, la inteligencia apática, versátil; la memoria es débil, el humor variable, y con mas frecuencia importuno é irascible; muchas veces hay ansiedad ó indecision, que es el carácter moral de las personas que hace mucho tiempo padecen ó que están sometidas á la instabilidad de una salud cada dia mas alterada, y entregadas á las dudas de su restablecimiento. Y si á pesar de sus temores exagerados, de su ineptitud á todo trabajo y de su decaimiento moral, hay á veces momentos lúcidos de actividad intelectual, es para hacer despues mas penosa su vuelta al estado anterior y para mas lamentarse de su impotencia.

Las funciones de la vision y de la audicion están en armonía con este estado, pues se observan alteraciones varias, debilidad de la vista, estremecimiento y centelleo en el campo de la vision; tendencia á llevarse la mano para separar moscas y telas blancas que revolotean; se ve un círculo alrededor de la luz, y los objetos aparecen amarillos; en el oido hay zumbidos, ruidos como de campanas, silbidos, ó de otra voz que no es la suya.

Entre los síntomas que confirman la influencia de la alúmina en el sistema circulatorio, es el de un frio interno que se espresa por calosfríos y que persiste á pesar del calor esterior, que generalmente es parcial y limitado á las estremidades, aunque en ocasiones recorre todo el cuerpo. Los piés y manos están temblorosas y heladas, pero no azuladas; no hay sed, pero sí existe, como en todas las discrasias que alteran profundamente la economía, una gran sensibilidad al frio, frio que penosamente se corrige en la cama, pero que solo con esta circunstancia se mejora. Además, el movimiento aumenta el frio, y parece que cada esfuerzo obra disminuyendo la suma de fuerzas radicales.

No es raro que la reaccion se límite al desarrollo de calor en las estremidades y la cara con dolores congestivos en la cabeza, vértigos, palpitaciones, incomodidades y rubicundez oscura de las mejillas. El calor y el orgasmo tampoco son generales, y los calosfríos alternan con el calor, el cual rara vez es universal, ni interno á la par que esterno; pero va acompañado de escitacion sanguínea y abatimiento, si bien no tiene constancia ni gran duracion y que la sed no se hace sentir. Esta fiebre empieza ordinariamente por la tarde, durante el frio fisiológico de la digestion, y afecta el tipo tercianario.

Al asignar á esta fiebrecilla muchos síntomas del pecho y de las vísceras abdominales, se la aproxima naturalmente á la fiebre héctica, ó mas bien, á esa fiebre completamente nerviosa, remitente, cuya existencia escluye las lesiones orgánicas y que es el resultado de una discrasia generalmente herpética, de una caquexia que puede denominarse mucosa por el carácter particular que la dan las alteraciones de las membranas mucosas y la alteracion de los jugos escretados por ellas.