A. Fiebres traumáticas.—Ya podemos trazar el cuadro de las indicaciones terapéuticas de la árnica sin minuciosos detalles. Los prodromos de la fiebre de este medicamento son espasmódicos y eréticos; los calosfríos tienen mas irregularidad y duracion que los de acónito, y su calor no es nunca tan general y regular, es mas acre y se complica con rubicundeces y movimientos congestivos sin gran fijeza. La reaccion ofrece mas tension que la de una escitacion benéfica. La ansiedad domina á la concentracion y á la reaccion; y la escitacion dolorosa de la sensibilidad de la piel y de los sentidos conduce á buscar la calma, el silencio, la oscuridad. Esta escitacion, este eretismo, se elevan hasta el mayor grado que precede á la crísis ó á la adinamia; pero en este caso, los fenómenos nerviosos atáxicos no son estraños á la enfermedad. Todo esto es relativo con principalidad á las fiebres traumáticas, cualquiera que sean, y á los efectos generales de toda conmocion violenta. Pero la árnica no constituye por sí un tratamiento completo, si bien basta admirablemente para prevenir aquellos; no hay médico que posea este medicamento heróico, que no haya observado, que las fracturas, heridas, contusiones graves, caidas y otros casos de este género tratadas por el árnica, no ofrezcan fiebre ni complicacion.
Los fenómenos pútridos de las fiebres graves, traumáticas, ó que se presentan despues de una violenta sobreescitacion nerviosa propia de árnica, reclaman generalmente la cooperacion de otros medicamentos, como, por ejemplo, el opio que se asocia bien al árnica en ciertas meningitis, en las fiebres cerebrales. En todas estas graves afecciones, corresponde al coma, á la pérdida del conocimiento, al estupor, pero sin delirio; la epistaxis que no produce alivio alguno, tambien pertenece á este medicamento y conduce á pensar en la quina y los ácidos minerales.
B. Flegmasías.—Si persiste el eretismo primitivo, indicará al práctico hasta qué punto debe fiarse del árnica, ó alternarla con otros agentes auxiliares, ó sustituirles, como sucede en algunas inflamaciones exudativas y con derrame, en las que parecen mejor indicados la brionia, el tártaro estibiado, la senega, la digital y el azufre. La pleuritis solo reclama árnica en su principio, ó por su orígen reumático, pleurodínico; la peritonitis puerperal exigirá árnica por la accion de las maniobras del parto ó por la irritacion de la fibra. Las inflamaciones eréticas, tales como las artritis, las flogosis por lesion mecánica y las irritaciones crónicas en la piel por frotacion ú otra causa flegmásica, se modifican felizmente por este medicamento, solo, ó alternado con el azufre. Este carácter de irritabilidad de la fibra, de sensibilidad exagerada, con ó sin rubicundez de los tejidos, hacen al árnica muy eficaz en ciertas escoriaciones de los pechos en las nodrizas; en escoriaciones de los labios, de los dedos, con rubicundez. El grafito y el licopodio están generalmente indicados despues de árnica, y aun pueden darse alternados, cuando no hay rubicundez y cuando se trata de rágades mejor caracterizadas.
La accion atribuida al árnica sobre el tejido celular, es una analogía abusiva de su accion sobre la fibra, sobre las ramificaciones nerviosas y la red vascular; por cuya razon no está justificada su eficacia en la erisipela flegmonosa, en el flemon y quemaduras profundas; está mejor indicada en las erisipelas superficiales ó eritematosas, en la rubicundez simple y activa, y en los equímosis que complican una herida, una contusion. Juega indispensablemente este medicamento en todas las inflamaciones de los órganos contusos ó lesionados mecánicamente, ó divididos; por lo cual puede ser muy útil en ciertas orquitis, hepatitis y otras flegmasías.
C. Congestiones. Lesiones mecánicas. Hemorragias. Apoplejía.—La árnica debe estar clasificada entre los principales medicamentos de accion congestiva, como belladona, pulsatila, azafran, ipecacuana, etc. Ya se conoce cuáles son los caractéres que deben reclamar este medicamento en el tratamiento de una congestion, aun cuando se efectúe en un órgano debilitado; y que ni su estado puede ser el solo dato que deba tenerse presente, ni el medicamento mas principal puede ser suficiente para todos los períodos de la enfermedad.
Siempre que una lesion mecánica ha obrado sobre los tejidos, la árnica está indicada, pues no solo se opone al desarrollo del orgasmo local, sino que impide el desenvolvimiento de los fenómenos generales, y hasta de la fiebre. Inútil creemos insistir mas sobre este punto. Su relacion directa con el sistema capilar, halla su aplicacion natural en los equímosis, y cuando la sangre se ha estravasado en los tejidos heridos ó contundidos, ningun medicamento acelera mas su reapsorcion, que árnica. La calendula oficinal, el cystus canadensis, la cicuta, la consuelda mayor, el zumaque y la ruda poseen propiedades análogas á las de árnica como vulneraria. Conviene tener presente que en ciertas inflamaciones traumáticas, las del ojo por ejemplo, el acónito debe ser alternado ó preferido al árnica, por la constitucion del órgano. La mayor parte de las hemorragias están en su esfera de accion, en circunstancias sintomáticas análogas á sus efectos; pues son activas, irritativas, aun en un organismo debilitado, asténico. Se observa que árnica es completamente eficaz en ciertas hemorragias que complican á una fiebre atáxico-adinámica, en cuyo caso, dado este medicamento á dósis comunes, nos ha parecido que obra como estimulante de la contractilidad de los vasos sanguíneos y que aumenta la tonicidad del sistema nervioso. Así se esplica el valor de su propiedad en los equímosis y escoriaciones en enfermos sumidos en cama por mucho tiempo.
En las hemorragias por golpes ó heridas debe considerarse la árnica como un hemostático escelente, y tanto mas eficaz, cuanto que es el mejor vulnerario, con cuya palabra se espresa una multitud de cosas.
En la apoplejía, independientemente del estado congestivo y hemorrágico propio de árnica, está aun indicado este medicamento por el eretismo local y muchas veces general, que precede ó acompaña al derrame. Bajo este aspecto, como bajo el de las causas de la apoplejía, tales como irritaciones reumáticas, eretismo habitual del cerebro, abuso de bebidas escitantes, etc., árnica es un medicamento tan heróico, que no comprendemos cómo hay médicos que recurran á la sangría; pues seria suficiente para iniciarse en los estudios esperimentales sobre este medicamento el que se le emplease para combatir los vértigos y otros síntomas precursores de la apoplejía, y se convencerian de su poderosa eficacia. Dirémos, sin embargo, que este medicamento no es el único á propósito para disipar los síntomas irritativos y congestivos del cerebro y para curar la apoplejía, pues casi siempre toman parte en el tratamiento el acónito, la belladona, el opio, el zumaque y la nuez vómica, reservándonos hablar de la utilidad que pulsatila, carbon vegetal, opio, azufre é ipecacuana pueden prestar en los éstasis sanguíneos pasivos, en el estado varicoso de la base del cráneo y en otros casos particulares.
Los éstasis capilares con cefalalgia frontal, producidos por el calor y el ardor de las estufas en las habitaciones, exigen acónito; pero árnica es preferible cuando estos éstasis capilares, estas especies de congestiones son ocasionadas por una marcha forzada al sol, como lo hemos observado frecuentemente en las columnas espedicionarias de Africa, cuando nuestros soldados caian asfixiados ó atacados de una apoplejía capilar.
Algunos autores, al hablar de las virtudes del árnica, la han aconsejado en casi todas las enfermedades; mas la falta de indicaciones precisas les ha hecho recorrer todo el cuadro nosológico relativo á cada medicamento.