§ III.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema nervioso.
A grandes dósis, la belladona escita los sistemas nervioso y sanguíneo; y á mayores aun, debilita primero y paraliza despues los movimientos orgánicos, por lo cual la escuela italiana la ha atribuido una accion hipostenizante. Pero en estos efectos estremos, en esta accion tóxica de la belladona, solo se puede observar la menor parte de su valor terapéutico revelado por las débiles dósis. Con estas, que podriamos llamar especiales, este medicamento desenvuelve un gran número de modificaciones de la sensibilidad y de la contractilidad, modificaciones que constituyen á la belladona en un agente terapéutico precioso y especial.
Se observan dolores variados: unas veces consisten en una exaltacion de la sensibilidad que hace insoportable la menor presion; otras son neuralgias de formas diversas que espresan toda especie de dolores, desde los mas agudos hasta el adormecimiento.
Los dolores de la belladona están acompañados ordinariamente de un elemento espasmódico; de contracciones, estremecimientos, sacudidas, pinchazos; se agravan hácia el fin del dia y por la noche; el contacto y el movimiento les agravan tambien por lo que tienen de congestivo.
Sus calambres, sus espasmos, sus convulsiones, no afectan mas que los órganos de la vida de relacion, las fibras musculares que obedecen al encéfalo. Ni el corazon, ni las paredes de los intestinos sufren directamente su accion, porque su punto de partida y de eleccion está en el cerebro y no en el sistema nervioso ganglionar, en lo cual difiere del carbonato de cal, del arsénico é ipecacuana, que obran sobre el último, y de la misma nuez vómica, que se refiere á la médula oblongada.
Los fenómenos nerviosos de la belladona son indirectos ó directos, segun que se presentan en la periferia, ó que se limitan á los centros. Se dividen en dos órdenes: 1.º síntomas nerviosos activos que dependen de una afeccion primitiva esencial del cerebro ó de los nervios; 2.º síntomas nerviosos que dependen de una alteracion de los órganos ó de su estímulo, y que son pasivos ó secundarios, como hemos indicado para el acónito.
Los fenómenos nerviosos atáxicos de las fiebres graves, con los que las virtudes de la belladona tienen relacion terapéutica, son de este número. Consignamos por tanto, que los síntomas atáxicos en cuestion no dependen realmente de la escitacion sanguínea y del delirio activo, sino del último grado de la congestion cerebral, y que, en fin, la ataxia propiamente dicha no es tan propia de la belladona como de otros medicamentos, pues sus fenómenos mas graves están siempre acompañados de congestion y se observa en ellos el predominio de la accion del cerebro sobre la de la médula espinal y los nervios de la vida orgánica. Una de las diferencias notables entre el acónito y la belladona, recomendada infundadamente en los síntomas prodrómicos de las fiebres, consiste en que el acónito por su impresion inicial mas fija sobre el sistema nervioso ganglionar, es mas apto para combatir los prodromos que la belladona, cuya accion sobre el encéfalo es mas directa: bajo este punto de vista, la ipecacuana y el arsénico son igualmente preferibles.
Opinamos con Mr. Trousseau[39] que no se debe establecer distincion entre las dósis fuertes de belladona administradas en la pasion ilíaca, la hernia estrangulada, el tétanos y las afecciones de este género, y las dósis muy débiles que se dan en estas mismas afecciones y en las incontinencias de orina, ciertas dismenorreas y algunos espasmos localizados; en el primer caso, se procura la relajacion de la fibra, no por el adormecimiento nervioso y la hipostenia, sino por la accion especial del medicamento como en el segundo caso.
A dósis débiles, y sin desarrollar síntomas accesorios, la belladona provoca y sostiene la dilatacion del orificio uterino, cuando este no se dilata suficientemente con los verdaderos dolores de parto; lo mismo sucede en algunos casos de dismenorrea con eretismo congestivo del útero, y en la incontinencia nocturna de los niños debida á la contraccion activa del esfínter de la vejiga. Esta incontinencia cede mejor que la de los viejos debida á una causa opuesta y que requiere la nuez vómica. Por otra parte, cuando el elemento nervioso predomina en una afeccion espasmódica cualquiera, son preferibles á belladona, el beleño, la manzanilla, la ignacia.
Las afecciones histéricas y epilépticas se modifican felizmente con la belladona. Las dósis fuertes no hacen mas que retardar los accesos, mientras que las débiles obran de una manera mas duradera, lo cual es un hecho práctico. En muchos casos se agregan como auxiliares de la belladona, el carbonato de cal, la ignacia, el cobre, etc.