2.º En el sistema capilar: piel seca y arrugada, petequias, manchas lívidas, piel fria, frio, y alternativas de calofríos y calor, hinchazones edematosas de las estremidades, éstasis sanguíneos en las cavidades, con vértigos, sensacion de presion y de plenitud con sequedad y ardor, epistaxis, hemorragia uterina.
3.º En los órganos secretorios: lagrimeo abundante, aumento de la secrecion nasal, salivacion escesiva, regurgitacion de serosidades y mucosidades viscosas, vómitos mucosos, y evacuaciones alvinas líquidas, diarrea mucosa, miccion frecuente y abundante, leucorrea, loquios escesivos y sero-sanguinolentos.
No debemos omitir algunos síntomas raros de sequedad de las superficies mucosas, pulso acelerado y duro algunas veces.
4.º En la esfera nutritiva: en esta se presentan la mayor parte de los síntomas precedentes, y además, cara y ojos hundidos, alteracion de los rasgos de la cara, marasmo.
Debemos hacer observar igualmente que las hipersecreciones se fijan mas bien en las glándulas salivales y las criptas mucosas del intestino, por lo cual, la piel está seca, la mucosa génito-urinaria mas bien irritada y seca que húmeda; el hígado parece que suspende su funcion secretoria, mientras que los riñones aumentan la suya. Estos síntomas deben, en nuestro concepto, ser mas variables que los otros. A medida que nos separamos de la electividad del medicamento, se observa mas que su accion depende del estado particular en que se halla la vitalidad del organismo de la persona que está bajo su influencia.
La inercia de la fibra que domina los efectos de este medicamento, le hace análogo á las constituciones de las personas flojas y linfáticas, y las de temperamento venoso, aniquiladas y dispuestas á flujos mucosos atónicos.
No es inútil indicar que entre los síntomas de este medicamento en los sistemas venoso y capilar, se observa una tendencia á conservar en la sangre su carácter venoso; lo cual depende principalmente de la falta de oxigenacion en el pulmon por la diminucion de la frecuencia de la respiracion y de la lentitud de su curso en los capilares. Sin embargo, no produce un estado asfítico tan marcado como el carbon vegetal; pero obra mas que este en la fibra orgánica, y por consiguiente se adapta mejor á la inercia de los tejidos, lo cual esplica su grande eficacia en las hemorragias pasivas, en la inercia del útero que se opone ó dificulta la espulsion de su producto, en la del hígado que disminuye ó suspende la secrecion de la bilis.....
El centeno cornezuelo, respecto al sistema nervioso, es tan recomendable como la ipecacuana y, salvo la angustia, como el eléboro y el arsénico, cuando la debilidad no es proporcionada á los síntomas concomitantes, y que reclamaria otro medicamento, si esta debilidad por su esceso mismo no espresase un peligro; de aquí resulta que el centeno cornezuelo está frecuentemente indicado por un síntoma insignificante, como una deposicion diarréica, un coriza, un dolor en la cabeza, un vómito, un cólico, una epistaxis, una leucorrea, y una erupcion miliar infebril, si la debilidad característica les acompaña.
§ III.—Efectos terapéuticos.
La accion terapéutica de este medicamento sobre el sistema nervioso le hace apropiado para curar, solo ó auxiliado del cobre ó del opio, los espasmos asténicos, los calambres musculares, y con principalidad las afecciones mucosas mas ó menos pasivas, el corea puramente nervioso y por debilidad paralítica, las convulsiones asténicas procedentes de neuralgias y de congestiones pasivas ó mezcladas con ellas. En todos estos casos, el centeno cornezuelo es un poderoso antiespasmódico; sus convulsiones se estienden de los centros á la periferia, afectan los músculos de relacion y tambien las vísceras, como el pulmon y el hígado, por ejemplo. Se le emplea con resultados en el ergotismo, en las parálisis consecutivas de espasmos y en la eclampsia, y en algunas afecciones procedentes de fiebres y flegmasías agudas, cuando estas han debilitado profundamente el sistema nervioso y desarrollado una gran debilidad general y una inercia estraordinaria de la actividad plástica; cuando han dejado en pos de sí parálisis parciales, y que los enfermos recobran con suma dificultad sus fuerzas y que tardan en repararse del aniquilamiento y consuncion. En estas circunstancias, el semblante está alterado, los ojos rodeados de un círculo oscuro y hundidos, la piel seca, sucia, arrugada y fria, el pulso lento y débil.